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miércoles, 4 de marzo de 2020

Conciliar con mi familia mi forma de educar


Explicación: Resulta complicado intentar convencer a los demás para que funcionen tal y como tú consideras oportuno, especialmente cuando se trata de la forma de interactuar con un menor. Tampoco es sencillo, ni quizá efectivo, esperar que los demás actúen con tus hijos en función de como lo hagas tú como su padre. Puede ser que ese tipo de situaciones no llegue a generar dificultades en nuestro hijo pero, en ocasiones, comentarios o actuaciones externas pueden modificar su funcionamiento o tirar por la borda el trabajo que realizamos diariamente.
Debatir con tu madre o tu suegro acerca de actuaciones, frases o formas de interaccionar con tu hijo "en directo" puede llevar a discusiones, comentarios inoportunos, malentendidos, pérdida de control, desgaste emocional, frustración, reducir tu confianza y capacidad...

Objetivo: Conciliar con mi familia pautas en la educación de mi hijo de forma que evitemos los conflictos. Ofrecer al menor un entorno estable y coherente.

Estrategia:

Seguridad en mí: 
El primer paso para poder aceptar comentarios educativos, explicar mis opiniones o establecer directamente cada pauta con el menor, es la confianza en uno mismo. Para ello sigue las siguientes instrucciones, te ayudarán a adquirir firmeza en tí y tus decisiones.
  1. Documéntate. Lee, reflexiona y comenta con tu pareja las normas, pautas y estilos educativos que te acercan a un mejor funcionamiento con tu hijo.
  2. Acepta que te vas a equivocar.
  3. Reconoce tus errores con dignidad y acepta que son ellos quienes te enseñan a ser mejor padre cada día.
  4. Evalúa tus resultados, y conduce tus pautas hacía un cambio positivo.

Seguridad en mis pautas:
Vas a tomar muchas decisiones, seguramente titubearás e incluso en ocasiones te vas a contradecir. Normalízalo, es un paso más, la forma de intentar hacerlo correcto. Transmite seguridad en tus pautas. 
  1. Intenta sacar un rendimiento positivo a los comentarios externos.
  2. Extingue aquellos consejos que no apruebas o consideras que no ayudan.
  3. Ten presente en cada momento que vosotros perseguís lo  mejor para vuestro hijo.
  4. Cuando trasmites seguridad, dejas poco espacio abierto a alternativas. Inténtalo.

Compartir mi forma de educar con mi familia:
  1. Explica las razones de tu forma de actuar.
  2. Reúne a tu familia y en un momento tranquilo y en armonía trasmíteles la importancia que tiene que todos funcionéis en la misma dirección.
  3. Hazles saber que como padre, quieres lo mejor para tu hijo y que consideras que éste es el camino.
  4. Reconóceles que es posible que os confundáis muchas veces pero para ellos es importante que vayáis paralelos, de la mano.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Mis objetivos para ser feliz en clase


El inicio de año, o de curso, es una época muy especial. Miedos, motivaciones, ilusión, expectativas... Como docentes es recomendable tratar de canalizar toda esa energía de una forma que proporcionemos a los alumnos la seguridad que necesitan pero también un horizonte al que llegar que puedan definir ellos mismos. Por eso, en nuestras primeras clases realizamos una actividad muy especial. La llamamos "Mis objetivos para ser feliz en clase" y su nombre no permite mucho margen a la imaginación. En él, cada alumno, de forma personal, escribe los objetivos, los pasos que pretende realizar tanto a corto como a largo plazo para alcanzar ese horizonte de felicidad que visualiza.

Instrucciones para crear el cartel de objetivos para ser feliz:
  • Pide a tus alumnos que reflexionen. Que piensen en conductas concretas que han realizado otros años y les han aportado sensación de bienestar.  
  • Sobre un papel, el alumno ha de escribir mínimo 5 objetivos que le acercarán durante todo el curso a sentirse más feliz. 
  • Puedes poner ejemplos, pero pocos y cómo medida de orientación. Ejemplo: "Controlar mis nervios" o "Estudiar día a día".
  • El alumno puede decorar o utilizar la informática para personalizar su cartel. 
  • Una vez finalizado ha de colocar cerca de su mesa o en su defecto pegado en la agenda.
  • Posteriormente todos los miembros de la clase han de crear un cartel grupal. En él se reflejarán las mejores, más interesantes o prácticas ideas de la clase. Anímales a que debatan sobre cuales son las que merecen estar en ese cartel. Una buena idea es que cada alumno sugiera uno de sus cinco objetivos y planteárselo a sus compañeros para decidir.
  • Juntos crean un gran cartel que el profesor puede colocar próximo a la pared o pizarra.  
* En ocasiones puede ser interesante, en lugar de hacer un único cartel de toda la clase, hacer grupos más pequeños, de cinco-diez alumnos. Cada grupo debatirá sus propias ideas y elaborará un cartel con las cinco-diez mejores. Al final obtendremos tantos carteles de objetivos como grupos hayamos formado.

 Finalidad de la actividad con el alumno:
  • Conocer que puede hacer para sentirse bien consigo mismo. 
  • Aceptar que tiene en su mano la fórmula para ser feliz.
  • Visualizar que el esfuerzo puede merecer la pena.

miércoles, 19 de febrero de 2020

¿Y yo? | La importancia del equipo


Explicación: Tener un hijo puede resultar la aventura más bella, apasionada y dulce de nuestra vida, pero también es un momento de incertidumbre, de nuevas emociones y sin lugar a duda, una nueva forma de vivir. La llegada del primer hijo lo cambia todo. Dejamos de ser dos para ser tres y en ocasiones tres diferentes personas que no conocíamos. Los adultos intentamos acoplarnos y gestionar todas las circunstancias nuevas con la mejor intención, con el deseo de disfrutar y no sentirnos superados. Caer en el error, confundirnos y afectar a la persona de nuestro lado es mucho más fácil de lo que imaginábamos. Sois un equipo, ambos vivís algo fantástico pero a la vez el no saber, las diferentes emociones que aparecen, las dificultades, las pocas horas de sueño y el deseo por hacerlo bien nos lleva a conductas egoístas, a menospreciar consejos o simplemente no aceptar nada más allá de lo que uno opina. Todas estas conductas, aunque son normales y proceden de la intensidad del momento, dan lugar a posibles consecuencias. Una de ellas puede ser el rechazo de uno de los miembros.

Conductas erróneas que derivan en un posible rechazo por parte del menor a uno de los dos progenitores:
  • Menospreciar a tu pareja.
  • Reprocharle lo que hizo o no hizo.
  • Quitarle autoridad públicamente.
  • Definir roles incorrectos. Ejemplo: el encargado de ser el protector, el único que pone las normas o quien otorga los premios.
  • Que uno de los miembros no dedique tiempo agradable a su hijo.
  • No funcionar en equipo.
  • Un solo miembro se ocupa de las responsabilidades del menor (poli malo y poli bueno).
  • Uno de los miembros no encuentra aspectos o actividades comunes.

Objetivo: Qué mi hijo quiera pasar tiempo conmigo, que se sienta agusto a mi lado.

Estrategia: Utilizaremos lo que hemos llamado la Estrategia de amor. Consiste en seguir los siguientes pasos: 
1. Me analizo a mí mismo: ¿Cómo me siento?, ¿qué pensamientos aparecen en mi cabeza?, ¿qué creo que estoy haciendo mal?, ¿qué creo que hago bien?.
2. Descubro cómo es mi hijo y que le gusta. Para ello escúchale o simplemente observa lo que haga, te dará muchas pistas.
3. Hago una lista de posibles mejoras:
  • Actividades que podría hacer con mi hijo (deportes, ocio, acompañarle, etc.)
  • Encuentra momentos para vosotros solos que sean agradables para ambos.
4. Hablo con mi pareja y le explico cómo me siento.
5. Le pido a mi pareja ayuda, sugerencias para mejorar. Seguramente ella verá las cosas con una perspectiva diferente que, si escucho, me pueda aportar mucho.
6. Juntos analizáis la lista de conductas erróneas anteriormente detallada y cada uno expone posibles mensajes o conductas que puedan dar lugar a la situación que estáis viviendo.
7. Y ahora… disfruta... Hagas lo que hagas, si partes de las premisas anteriores y la buena intención, estará genial! Será una oportunidad, un rato vuestro y poco a poco estarás mucho más cerca de él. Además no dudes de que el valorará los intentos por muy torpes que puedan parecerte.

Nota 1. Recomendamos leer el Capítulo IX del libro Educar sin varita mágica que trata el cuidado de la pareja, y nuestra famosa Gynkana, que asegura risas, fuera complejos y un interesante punto sexual. 

miércoles, 5 de febrero de 2020

¿Qué hago con los deberes de mi hijo? Tarda muchísimo en terminar


Explicación: Los deberes pueden convertirse en nuestro Talón de Aquiles. Puede llegar a su la piedra que aparece cada día y por la que la relación con mi hijo se deteriora o debilita. 
En muchas ocasiones el menor ya está cansado. El colegio, las actividades extra escolares o el propio día le han vencido pero aún debe de hacer sus tareas para el día siguiente. Nuestra paciencia no siempre es la óptima en ese momento del día y a veces resulta complicado.
Unas veces son los distractores de su habitación o de su cabeza quienes disminuyen su rendimiento. Otras es la falta de motivación o una sensación de incapacidad la que le frustra y dificulta la tarea de terminar sus deberes.

Objetivo: Terminar "rápido" los deberes.

Estrategia: Os proponemos una dinámica para llevar a cabo cuando tengamos que hacer los deberes. Consistirá en seguir una serie de pasos para hacer que su tarea sea más programada y estructurada y que, además, encuentre motivaciones en una tarea en que, hasta ahora no parece encontrar.
  1. Utiliza un reloj de arena o un cronómetro. Pondremos tiempo a sus actividades y cuanto más concreto por asignatura, operación o actividad mejor. Favorecerá su concentración.
  2. Recurre a Post-its o carteles motivadores. Varíalo cada semana, escríbele un mensaje diferente y colócaselo delante cada día. Vamos a darle ánimo.
  3. Puntúale su esfuerzo, velocidad y cuidado, con notas. Por cada tarea o asignatura una nota diferente. Refuerza lo que hace bien.
  4. Recuerda, en la medida de lo posible, hacer los deberes antes de los premios o motivaciones de la tarde (salir a jugar, ir con amigos, etc.). Estará más descansado y sus ganas por acabar serán mayores.  
  5. Plantéale que acumulando puntos, como premio, conseguirá más minutos de juego. Tú sabes que cuanto antes termine tendrá más tiempo para jugar pero a él no lo ve tan sencillo. Plantearle un premio, un refuerzo positivo, lo motivará. Intenta estructurar muy bien los minutos de premio a los que equivalen los puntos. Cuanto más programado más justo y menos discusiones posteriores.
  6. Crea TRES PREMIOS ANIMALES que recibirá en función de su esfuerzo con los deberes. El Premio Lagartija lo recibirá cuando haga sus tareas rapidísimo: Puede ser un masaje, leer su cuento favorito o escuchar juntos su canción. El Premio Saltamontes será para días en que, aunque lo hemos tenido que hacer en diferentes momentos por su cansancio o por la cantidad, se ha esforzado: Podremos hacer la cena juntos, mimos extras o batalla de cosquillas. Y, finalmente, el Premio Tortuguilla, para días en los que la pereza ha causado estragos pero qué, aún más lento de lo acordado, ha acabado su tarea: Podremos darle un beso de fuerza, un beso de ánimo o recoger la mesa juntos.
Es probable que, poco a poco, su dinámica de trabajo vaya fluyendo y qué, el buen trabajo de hoy nos de y le de frutos en no demasiado tiempo. Implícate al principio y después deja que asuma responsabilidades después. 

Nota 1. Recomendamos leer el Capítulo XVI del libro Educar sin varita mágica que trata la falta de organización en los menores.

miércoles, 15 de enero de 2020

¿Por qué se porta así de mal?


Nuestro cerebro trata de simplificar, por eso reducimos las cosas a blanco o negro, a buenos o malos, por eso decimos que un chico se porta mal. Porque sí. Y punto. Cerebro en modo ahorro.

Es muy poco común que las conductas, por muy perjudiciales o incoherentes que parezcan, tengan una explicación coherente. Son pocas las ocasiones en las que nos encontramos con conductas simplemente desadaptadas, es decir, a través de las cuales la persona que las realiza no consiga algo que necesita o pretende. La inmensa mayoría de lo que hacemos, de lo que cualquier persona hace, tiene un objetivo que le resulta beneficioso (da igual que a nosotros nos lo parezca o no). La mayoría de esas ventajas son de tipo:

1. Atención. Es quizá el mayor reforzador del ser humano y tendemos a infravalorarlo. Por conseguir atención se puede llegar a repetir curso, pegar, hacer infeliz a quien quiero, etc. Lo normal, lo bueno, es que la gente tenga su cuota de atención de forma positiva. Si no lo consigue por las buenas, buscará esa atención de otras formas menos adaptativas. Pensemos en un chico que en clase suele estar callado, no hace gracias ridículas, ni fuma. Todas ellas conductas que atraen la atención (aunque las entendamos como negativas desde nuestra perspectiva adulta), cabe la posibilidad de que, si su autoconcepto no está bien construido, busque su cuota de atención chillando en clase o protestando airadamente a un profe. 

2. Cosas concretas, tangibles. Molesto hasta que la otra persona no pueda más y me de lo que quiero, sea comprarme una cosa, el móvil o la consola. Es lo que más fácil vemos.

3. Para escapar o evitar algo. Por ejemplo, me da mucho miedo ir a una excursión porque no conozco a nadie o pienso que se van a reír de mí y, antes de ir, la preparo gordísima para no poder ir o que mis padres "teman llevarme" y no lo hagan. Muy relacionada con la ansiedad.

Si queremos que alguien deje de realizar esa conducta negativa o molesta tendremos que facilitarle que obtenga lo que necesita de una forma adaptativa (ver conceptos previos del Educar sin varita mágica, por ejemplo Economía de Fichas). Es decir, es altamente improbable que alguien deje de hacer algo que le proporciona un beneficio porque sí y, a menudo, explicárselo no es suficiente. Necesitan poder alcanzar el beneficio que persiguen (aunque sea por un camino más largo y adaptativo) o un sustituto positivo.

Lamentablemente no siempre disponemos del tiempo o la atención necesaria que entender este proceso requiere, nos descuidamos y simplificamos viendo solo esa conducta desagradable original. Por eso, si queremos ayudar de verdad a alguien (menor o adulto) que suela meterse en problemas o realice conductas que le perjudiquen a él o a su entorno, necesitaremos estar muy atentos a lo que hace, pero sobretodo al porque lo hace. Tenderle puentes, facilitarle caminos que aunque más largos y sufridos, le permitan llegar a donde quiere llegar. La satisfacción de alcanzar sus metas por si mismo y sintiéndose orgulloso del camino seguido, harán el resto.



    Entonces, ¿qué hago?.
    Profundiza en cada comportamiento. No te quedes en la superficie de su conducta sino que plantéate preguntas como ¿por qué lo hace?, ¿qué quiere?, ¿cómo lo soluciono ahora y, más importante, cómo lo prevengo en el futuro?

    Se trata de ser detectives, de utilizar toda la empatía que llevamos dentro, y aún más.


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    miércoles, 20 de noviembre de 2019

    ¿Cómo dejo de repetirle todo tantas veces?

    Repito a mi hijo 2000 veces las cosas y termino siempre chillando. ¿Qué hago?

    Explicación: ¿Imagina que alguien te exige infinitas veces que hagas algo que no quieres hacer? ¿Qué emoción aparecería en ti? Muy probablemente te enfadarías, un poquito más cada vez que te lo volviesen a decir. Cada vez más terco, más ira y menos respetuoso. No solo no realizarías lo que te están pidiendo sino que responderías de mala forma.

    Al igual que ocurriría con nosotros mismos, los adultos, repetir a los menores las indicaciones varias veces no va a conseguir que lo haga, ni nos va a respetar más ni va a ser más obediente, probablemente justo obtengamos lo contrario. Desde la primera vez ellos escuchan lo que decimos y saben responder adecuadamente, el problema es que no siempre quieren hacerlo, no les apetece o lo quieren posponer porque lo que hacen en ese momento es más interesante para ellos.

    En algunas ocasiones cuando trasmitimos ordenes o damos pautas, los menores están tan ensimismados con lo que hacen que no nos escuchan. En esos momentos podemos acercarnos y directamente mirándoles a los ojos les damos las instrucciones que pretendíamos dar. Ellos te entienden, te escuchan y saben lo que tienen que hacer.

    Pero, ¿qué ocurre si deciden no hacerlo? Cuando insistimos y repetimos todo mil veces, se cansan, se aburren, se irritan. Esto genera ansiedad e ira, emociones que van a dar lugar a consecuencias contraproducentes. Si repito cuatro veces cada orden, el niño se acostumbran a responder a la cuarta orden, si repito 2000 veces una indicación, hasta que llegue la vez 2000 no responderá.

    Los menores aprenden por asociación, prueban y estiran todas sus posibilidades y cuando las conocen responden con forme a sus alternativas. Es una simple relación directa, peligrosa y de la que tenemos que estar muy atentos para no confundirnos.

    Objetivo: Conseguir que mi hijo responda a mis indicaciones sin dar lugar a enfadarnos.

    Estrategia:
    1. Analizo como me afecta a mí como padre que me repitan las ordenes. ¿Qué emoción sentirías?, ¿qué pensamientos aparecerían en mí?, ¿cómo reaccionaría si me ocurriese? Escribe la reflexión en un papel.
    2. Decido cuentas veces como máximo voy a repetir cada indicación. Recomendamos no superar las 3 veces.
    3. Pienso cuál o cuáles serán las consecuencias si no responde a la tercera orden. Recuerda que ha de ser una actividad que pierde como; bajamos 10 minutos más tarde al parque o una actividad extra no agradable como fregar la terraza.
    4. Hablo con mi hijo. Le hablo de la reflexión de forma que le transmita mi nueva forma de proceder desde esa misma conversación.

    ALGUNAS PAUTAS
    • Le trasmito mis sentimientos. Le explico que estoy cansado de repetir mil veces cada instrucción. Le reconozco que soy un pesado, que es normal que se canse y que incluso es lógico que no me haga caso si sabe perfectamente que lo repetiré 2000 veces.
    • Empatizo. Le trasmito que entiendo perfectamente que se ponga nervioso y enfadado cuando no paro de repetir. Acepto que, a veces, está haciendo actividades mucho más interesantes que las instrucciones que le pido, le pongo ejemplos de situaciones en las que ocurre. “Se que cuando te llamo a cenar y estás jugando o whatsappeando te fastidia dejarlo y venir pero la cena se enfría. Yo me he esforzado para hacerla y todos te estamos esperando, no es justo para nosotros. ¿Lo entiendes verdad?”.
    • Alcanzo un acuerdo. Como padre te vas a responsabilizar de no repetir más de tres veces cada instrucción y vas a trasmitir a tu hijo que si a la tercera no responde directamente deberá respetar su consecuencia. Para que lo entienda le puedes poner ejemplos. “Hijo cuando te mande a lavar los dientes lo haré tres veces, si no respondes a la tercera, ya no repetiré una cuarta para no aburrirte y enfadarte pero deberás cumplir con la consecuencia que te diga en ese momento”.
    • Refuerzo. Puedes premiar que responda a la primera, todos sabemos que es un reto, pero es posible. Cada vez que cumpla la orden a la primera se la contamos. Juntos podéis establecer que cuando consiga x número de veces seguidas será premiado. Ejemplo: "Cuando consigas responder a la primera 5 veces tendrás 10 minutos de cosquillas o 15 minutos más para tu tiempo de ocio". 

    miércoles, 6 de noviembre de 2019

    ¿Cómo hablar con mi hijo adolescente?


    No cabe duda de qué cada hijo, cada humano, somos un mundo. Tampoco es difícil asumir qué la adolescencia es una etapa muy complicada tanto para el propio joven como para su entorno. Aún con ello mejorar la comunicación con mi hijo adolescente puede tener una serie de estrategias que suelen resultar efectivas a la mayoría de padres. Vamos a buscarlas!

    Explicación: Hablar con los adolescentes puede ser una tarea ardua. Para nosotros los adultos, comunicarnos de forma asertiva y efectiva con el menor puede parecer un reto casi imposible en ciertos momentos, una lucha casi perdida de antemano.
    Para ellos, los adolescentes, hablar con determinados adultos resulta sufrir una injusticia continúa. Sienten una necesidad incontrolada de ser atendidos pero, a la vez, un deseo enorme de vivir "a su aire", de tener libertad pero sentirse seguros, de incumplir normas pero tener límites. Ser adolescente es muy complicado. Es una lucha a contra corriente, una pelea doble: la primera contra ti, la segunda contra los demás.
    Empatizar con ese enfrentamiento continuo es realmente difícil pero no sólo para el adulto, la mayoría de ocasiones ni siquiera el propio adolescente es capaz de hacerlo. Está conociéndose, asumiendo cambios, adaptándose a un mundo que aún no logra gestionar, buscando referencias y límites, explorando lo hasta ahora no explorado.

    Objetivo: Poder hablar con mi hijo de forma asertiva.

    Estrategia: Vamos a intentar empatizar con nuestro hijo, para ello escucha 3 de sus canciones favoritas. Mientras las escuchas intenta pensar y sentir como él. Ahora busca tres canciones, pero esta vez de tu propia adolescencia y, mientras lo haces, recuerda un momento que te resultó difícil, otro que fue divertido y, un tercer momento, en el que te equivocaste por completo en esa época. Saca 3 conclusiones. Una de cada una de esas tres situaciones. Ya estás más cerca de él por muy lejos que aún te sientas.

    Lo siguiente que haremos no es fácil pero debemos confiar. Vamos a escribir una carta a nuestro hijo. Le vamos a contar cómo nos sentíamos en esta etapa de nuestra vida, las conclusiones que acabamos de obtener y cómo creemos que se sentían el resto de personas con nosotros cuando eramos adolescentes.

    Este mensaje, la carta que acabo de escribir, va a hacer que mi hijo me sienta más cerca, no importa que no responda, que no te diga nada de la carta, tu déjasela cerca, la leerá.

    A partir de aquí, lee sus libros, escucha sus canciones, ve sus videos, imprégnate de sus cosas... Quizá no resolvamos todas vuestras dificultades, posiblemente notemos que avanzamos poco, pero el primer paso es demostrar actitud y empatía. Vais a comenzar a responder muchas de vuestras preguntas y juntos empezaréis a encontrar algunas respuestas.

    miércoles, 30 de octubre de 2019

    ¿Cómo combato el miedo de mi hijo por las noches?


    Explicación: Tememos todo aquello que no vemos. Nos aterra lo que no controlamos. La oscuridad es un ejemplo de esa sensación. Ante la incapacidad de poder observar nuestro cerebro inventa, crea, deja fluir los pensamientos y nos juega, en algunos casos, malas pasadas. 
    Los niños tienen una capacidad creativa inmensa. Cada vez que tienen un momento de calma, un espacio en blanco, comienzan a crear sin parar. El miedo está en su imaginación, ellos lo generan sea por inseguridad y por desconocimiento.

    Objetivo: Eliminar el miedo de mi hijo en la cama.

    Estrategia: Lo primero, y fundamental, es ofrecerle información. Para ello, sin esperar a que llegue el miedo nocturno, por ejemplo una tarde, os sentáis juntos y habláis acerca de nuestro cerebro. Le explicas que nuestra mente crea sin parar, a veces juegos o ideas divertidas, pero otras veces inventa ideas terroríficas. Al igual que puedes crear un nuevo juego y modificarlo cuando quieras, con los los pensamientos que nos hacen daño podemos hacer lo mismo. Imagina que aparece un monstruo en tu cabeza. Puedes eliminarlo y crear un superhéroe o, incluso ridiculizarlo, el monstruo puede ser rosa fosforito llevar gafas en forma de corazón y ser super suave, amoroso como un peluche. Proponle que lo haga en forma de juego puesto que después, cuando realmente lo necesite por la noche, sabrá que tiene que hacer.

    Explícale que los monstruos no existen, que solo aparecen en la pelis y en los cuentos. Que son fruto de la imaginación de los guionistas como los suyos lo son de su propia imaginación.

    Lo segundo darle seguridad. Explícale como tú también tenías miedo. Dile en qué pensabas y qué hacías para superarlo. Apóyate de cuentos, hay muchos dedicados para miedos nocturnos.
    . Yo mataré monstruos por ti. Santi Balmes.
    . Donde viven los monstruos. Maurice Senda.
    . Encender la noche. Ray Bradbury.

    Finalmente, lo tercero será crear una estrategia de ataque por si aunque sea imposible, pudiera ocurrir. Una especie de coraza contra monstruos.
    Crearemos juntos un Escudo de poder. Con cartón y pinturas, vamos a crear nuestro propio escudo mágico. Pinta con formas cada poder en la armadura. Una estrella con fuerza invencible, un corazón de seguridad, una calavera para generar terror, etc. 
    El escudo preparará a su cabeza para afrontar con energía el plan y, aunque no lo tenga que usar, pasaréis un rato divertido que además le generará fuerza para luchar contra los monstruos y fantasmas contra los que todos hemos luchado, simplemente ahora le toca a él. ¿Preparado?

    Nota 1. Recomendamos leer el Capítulo XX del libro Educar sin varita mágica que trata los miedos en los menores.

    miércoles, 12 de junio de 2019

    Aprender a escuchar


    La educación es la habilidad de escuchar casi cualquier cosa sin perder tu calma o tu autoestima.
    Robert Frost
    Como educadores estamos muy centrados en que nuestros chicos aprendan a leer, a escribir o a memorizar. Llega incluso a obsesionarnos estos puntos. No cabe duda de la importancia de estas y otras muchas destrezas pero olvidamos una que es incluso más importante. Es aquella que nos permite socializarnos con éxito, ser querido, sentirnos parte de un grupo, nos hace más efectivos, facilita la búsqueda y mantenimiento de empleo y que, cuando lo hacemos de forma correcta, nos proporciona un notable bienestar tanto a uno mismo como a quienes nos rodean. Esta destreza es saber ESCUCHAR.

    Escuchar es casi un arte. Requiere saber cuando hablar, saber que escuchar y que oír, necesita que escuchemos a los demás pero también lo que nosotros mismos nos decimos. Algunas estadísticas afirman que solo escuchamos, de media, un 25%, de lo que el resto nos dice. Las estadísticas de cuanto nos escuchamos a nosotros mismos no existen pero seguro que asustarían igualmente.

    Existen una serie de dificultades por las que nos cuesta escuchar:
    • Tenemos prejuicios. Creemos saber lo que la gente va a decir antes de que hable y perdemos el interés.
    • Nos puede la egolatría y no queremos más que oír lo que nosotros tenemos que decir.
    • En ocasiones carecemos de empatía para oír realmente lo que alguien quiere decirnos.
    • Falta la concentración necesaria. Sea por ruido, por estar pensando en otras cosas o por hacer dos cosas a la vez (por ejemplo estar con el móvil o ver la TV mientras conversamos).

    ¿Cómo podemos mejorar nuestras habilidades como oyente?
    • El primer paso es cambiar egoísmo por empatía. A todos nos gusta que nos escuchen pero pocos escuchan. Necesitamos ser justos. Escuchar con la misma atención e interés con el que queremos que nos escuchen a nosotros.
    • Cuando hables deja el móvil, apaga la TV o la radio, pospón otros pensamientos que ocupen tu mente. En definitiva, céntrate en esa persona y esa conversación. Es lo justo.
    • Se asertivo. Deberemos respetar y hacer respetar nuestro espacio a la vez que respetamos y hacemos respetar el de los demás. Es decir, tengo el mismo derecho a expresarme que tiene el resto.
    • No vale con estar atento, debemos demostrarlo. Cuantas veces nos han dicho que nos escuchaban pero al no parecerlo nos han desesperado. Mira a los ojos, asiente, sonríe, cuida tu lenguaje corporal... 
    • Haz sentir bien a la persona que está en frente. No significa ser sumisos o dar la razón aunque estemos en desacuerdo. Comparte tu opinión, tus sentimientos, ofrece un punto de vista sincero y respetuoso, no interrumpas, sé lo agradable que puedas, etc.
    • No temas el silencio. Sabemos que puede resultar incómodo en ocasiones pero, como bien dijo Borges, "No hables a menos que puedas mejorar el silencio". Practica esos silencios y no les temas porque pueden llegar a ser un gran aliado.

    RECURSO EXTERNO.

    miércoles, 25 de abril de 2018

    Garrapiñe



    Garrapiñar - Bañar golosinas en el almíbar que forma grumos. Endulzar.
    Garrapiñar es endulzar, es saborear cosas bonitas, es disfrutar de placeres pequeños y naturales. Eso es precisamente lo que os proponemos hoy. Se trata de una sencillísima dinámica que utilizamos en clase, en los talleres, en alguna charla y, por supuesto, en nuestra casa.

    Lamentablemente ni nosotros ni los más pequeños estamos acostumbrados a decir cosas bonitas y sinceras a quienes tenemos cerca. Tampoco a oírlas. Sin embargo, los defectos y las críticas fluyen de forma constante. Nuestro objetivo es reequilibrar y educarnos en el halago y en la crítica positiva.

    ¿Cómo lo hacemos?
    Sea en clase o en casa, garrapiñar consiste en establecer un determinado orden o sentido, por ejemplo, sería muy sencillo en el sentido horario de un círculo o estableciendo un orden por filas y columnas en el aula.
    Una vez definido esto, la primera persona dirá algo positivo al siguiente compañero. Éste segundo al tercero. El tercero a el cuarto y así sucesivamente hasta completar los participantes.

    Normas básicas (pocas pero muy importantes).
    1. Cada persona solo dice un aspecto positivo a la persona siguiente.
    2. Lo que diga tiene que ser siempre POSITIVO, HONESTO y PROPORCIONADO. 
    3. Valen aspectos físicos, pero a ser posible serán personales, sociales o acerca de sus talentos.
    4. Tanto el que garrapiña como el garrapiñado miran a los ojos de la otra persona.
    5. Una vez recibido el garrapiñe, la persona garrapiñada da las gracias.
    6. Cualquier persona que no valore lo importante de su garrapiñe, simplemente no recibe el suyo y pierde la oportunidad de garrapiñar en la siguiente ronda. Nada más. Se pasa a la siguiente persona. 

    Algunos consejos
    - Haz doble ronda, simplemente cambiando el sentido o las posiciones.
    - Las primeras veces cuesta, especialmente entre adultos. Se paciente, es muy importante educar en el ofrecimiento pero también en la recepción de halagos.
    - Prueba a hacerlo en casa o con tus amigos. Es sorprendente como reaccionamos y lo bien que te sientes después de los nervios iniciales. Además, es muy posible que redescubras cosas que pensabas olvidadas o aspectos increíbles de quienes tienes cerca.

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    miércoles, 14 de marzo de 2018

    Pautas para los deberes en casa | Consejos para padres

    Estos consejos completan la entrada de la semana pasada (6 consejos básicos para hacer los deberes con nuestra hija). Son 10 pequeñas píldoras pero creemos eficaces. Son las siguientes:
    1. El gran objetivo de los deberes es ayudar a los chicos a aprender por si solos. Nunca pierdas eso de vista.
    2. Sabemos que no a todos, pero a la mayoría de profesores y maestros les gusta ver deberes reales, con sus fallitos y sus faltas de ortografía. Los deberes son para los niños, no para los padres.
    3. Ojo al tiempo de deberes. Una referencia aproximada válida sería 10 minutos por cada curso de primaria como máximo (en Primero 10 minutos; un Tercero 30 minutos o en Quinto 50 minutos máximo). Entendemos que será excesivo para algunos y muy corto para otros pero puede servirnos de referencia normalizada.
    4. Minimiza las respuestas que le das a tu hijo e invítale a que piense por si mismo, relea o busque opciones. Haz preguntas abiertas que sirvan de "puente" y no de solución (ver cómo hacerlo aquí).
    5. Fomenta el tiempo efectivo, no el real. Los chicos tienden a distraerse y permanecer frente al libro de forma ineficiente. A través de una economía de fichas y tiempos cortos de estudio con objetivos (ver en Educar sin varita mágica) podemos buscar optimizar y minimizar el tiempo en el pupitre. Son niños y, sobretodo, merecen divertirse y jugar.
    6. Permanece atento a sus síntomas de frustración, baja motivación o autoestima. No buscamos sobreproteger sino buscar soluciones en positivo. Ponte en modo detective discreto.
    7. Respeta su tiempo de estudio: no tengas la TV o la radio como "música de fondo"; no le interrumpas constantemente; trata de hacer de su lugar de estudio un lugar cómodo y sin distracciones...
    8. Habla con la profesora y explícale lo que estás haciendo. Pregúntale que le parece. Puede que te oriente y reafirme tu postura. Eso aún ayudaría más a sentir que todos vais en el mismo equipo. Si discrepa, busca la lógica a su criterio y, si no la encuentras, busca un punto medio. Es la mejor forma de ayudar a tu hija.
    9. Como para todo, trata de ser un buen ejemplo con tus quehaceres. Sé un buen modelo en el que fijarse.
    10. Tu criterio, razonado, es más importante que cualquier cosa que oigas o leas, pero mantén siempre la mente abierta y replantéate lo que haces de forma periódica. 


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    miércoles, 7 de marzo de 2018

    ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo con los deberes? | Consejos para padres


    Sin entrar en una polémica compleja y que no nos aporta luz en este momento, queríamos hablar de los deberes de los chicos. Por supuesto, antes de comenzar, queríamos advertir que cualquier consejo que propongamos desde aquí depende enormemente de vuestro hijo, su edad y sus peculiaridades pero intentaremos, en la medida de lo posible, hablar para un enorme porcentaje de los casos.

    Veamos nuestros 6 consejos básicos:

    1. Rutina, rutina y más rutina.
    Hay dos cosas que la mayoría de niños no saben hacer por si solos (ni muchos adultos). La primera es establecer rutinas sin ayuda. Todos hemos necesitado ayuda en esto. Establece un horario real, que incluya todas sus actividades y necesidades. Se inteligente al crearlo, por ejemplo, no incluyas periodos de deberes demasiado largos u obligues a ir corriendo a sus clases de batería. Deja tiempos libres que, si hace sus obligaciones, sean de libre uso para él. O, como explicamos a continuación, no coloques sus "premios" antes que sus tareas... 

    La segunda cosa que los niños no saben hacer por si solos es, precisamente eso, renunciar al descanso o al placer en lugar de sus obligaciones. Un consejo esencial es "primero la obligación, luego la diversión". Ese orden es fundamental. Imagina la cabeza de tu hijo o hija jugando en el parque, a tope de energía, cerebro controlado lo justo y... ¡deja de pasártelo genial y vamos a hacer los deberes! , ¿tú lo harías? Además, de esta forma podemos recompensarles con más tiempo si lo hacen bien o reforzar sus conductas positivas.

    Unos consejos más: el mínimo tiempo posible, siempre que esté bien hecho y periodos continuos corto (combina con la merienda, leer, etc.). Se paciente, las rutinas tardan unos días en consolidarse (lee nuestra entrada sus las rutinas en 66 días). Los viernes son de descanso y los fines de semana lo más libres posibles, mucho mejor en el monte que en el escritorio.

    2. Desdramatiza los deberes de tu hijo.
    Hacer los deberes supone, en muchas casas, una auténtica guerra. Un consumo de energía enorme que nos hace consumir una energía que no tenemos y que provoca un estado de permanente discusión y mal humor.

    Durante la mayor parte de nuestra vida académica nos enseñan las mismas cosas una y otra vez. Por ejemplo, ¿cuantas veces nos explican las reglas ortográficas a lo largo de nuestra infancia y aún seguimos sin saberlas? Lo que queremos decir es que, ir a la clase sin los deberes hechos un par de días o suspender dos exámenes no es lo ideal pero, si a cambio, permite a nuestro hijo aprender a ser más autónomo, mejora su confianza o su autoconcepto, será una inversión que merecerá la pena con creces. Cuanto antes permitamos a nuestro hijo ser autónomo será más sencillo y más eficaz. 

    A nadie le gusta que su pequeño no cumpla con las obligaciones del profesor pero no se trata de eso, sino de enseñarle, a la vez, otros valores y otras aptitudes. Tomémoslo como una inversión para nuestro hijo. La energía que estábamos tirando cada tarde en discutir utilicémosla para plantarnos como llegar a donde queremos llegar, es decir, a que nuestro hijo entienda la importancia de desarrollar nuestras obligaciones y madure en ese aspecto. Quizá la clave sea replantearnos un sistema de recompensas y consecuencias coherente en el que los dos estamos de acuerdo, dejarlo por escrito en el frigo y ser consecuentes todos con él (ver como realizar una economía de fichas en Educar sin varita mágica).

    3. ¡Cuánto más autónomo, mejor!
    Partimos de que para muchos, dejarlo volar solo nos supone un esfuerzo enorme o que, directamente o no está o no lo vemos preparado para ello. Aún así, vamos a intentarlo. No se trata de estar menos, sino de estar mejor. Hemos oído muchas veces déjalo que espabile solo y, para nosotros, ese argumento es demasiado sencillo. Es probable que esa libertad la entiendan mal. Ser autónomo es un aprendizaje y debemos acompañar en ese proceso. Pero, ¿cómo hacerlo?

    Os proponemos un ejemplo de actuación ridículamente sencillo y simplista pero que creemos que orienta en el fondo. Especialmente aplicable a partir de los 6-7 años.
    "Paula, creemos que ya eres mayor y te has ganado empezar a hacer algunos deberes sola. Nosotros podemos ayudarte cuando tengas dudas o necesites algo pero, las personas mayores como tú necesitan aprender a hacer las cosas por si mismas. Al principio costará un poco pero, verás como, poco a poco, lo vamos consiguiendo. Vamos a hacer un horario de deberes. ¿Dónde quieres que lo pongamos para que podamos verlo mejor? ¡Genial en la puerta del armario!". Quizá al día siguiente... "Paula, hoy es el día de empezar a hacerse mayor. De momento, el horario pone que a las 5:30 querías ponerte con los deberes media hora. Yo estaré por aquí si necesitas ayuda. ¡Ánimo!". Es muy importante que sienta que estamos, sin estar, que después supervisemos y reforcemos su esfuerzo y autonomía, no tanto el resultado. 

    4. Si ayudas, ayuda como él necesita no como tú quieres.
    Muchos padres, con la mejor de las intenciones, hacen los deberes y trabajos de sus hijos para asegurarse una buena nota o más positivos. Los maestros y profesores saben de que hablamos muy bien. El problema es que esa nota no es real y el engaño no es para con el profesor, sino para con el propio chico. Muchos chicos tienen el problema añadido de que sus padres les explican de forma diferente a sus profes y eso genera confusión y doble trabajo. Es un gran ejemplo de falta de empatía con nuestros hijos: no ayudo, enseño para conseguir el resultado que yo quiero de la forma que yo quiero.

    Lo que él necesita no es tener todos los ejercicios bien o el cuaderno más limpio, y mucho menos el mejor árbol de navidad en reyes en el que él no ha participado más que como mero espectador. Eso es lo que yo como padre "necesito" para sentirme bien.

    Si sobreprotegemos casi haciendo sus deberes, organizando cada detalle o evitando que se equivoque quizá le estemos haciendo un favor para mañana pero, ¿qué le estoy haciendo un favor para dentro de un mes o un año? Dejar que un menor se equivoque es una forma inmensa de educar, eso sí, ayudemos a que se levante las veces que él o ella lo necesiten.

    5. Resuelve situación a situación, siempre en positivo.
    Es importante tratar de poner soluciones pequeñas a dificultades pequeñas. Paso a paso. Necesitamos sacar al detective que llevamos dentro y estar muy atentos. Le cuesta mucho ponerse después de la siesta (¿y si no dejo que el ceporro entre en fase REM y se eche solo media hora?. No se concentra (busquemos otro sitio de estudio, eliminemos estímulos distractores o reduzcamos los tiempos continuos). No hay forma de motivarlo (puede que sea bueno revalorar nuestro sistema de refuerzos y consecuencias). Estudia bien pero en los exámenes tenemos problemas (podemos intentar hacer simulacros en casa para que anticipe nervios y normalice). Me agota estar con él en los deberes, siempre discutimos (vuelve al principio de esta entrada ;), especialmente al punto 2). En cuanto le dejo solo ya no es capaz (Ningún niño es "incapaz", adáptate a él y empieza con cosas asumibles. Tiempo tendremos que avanzar).

    Si dejamos que las dificultades se acumulen se nos hará bola. Empieza con algunas pequeñas y, una vez consolidadas, pasa a las siguientes. Un nido no se construye poniendo todos los palos a la vez.

    6. Si no sirve para nada, deja de quejarte y adáptate.
    Y si, aún con todo esto, no llegamos a donde queremos llegar quizá sea momento de delegar y, si el bolsillo lo permite, acudir a un profesor particular que nos ayude en este proceso. Nada tiene menos sentido que estar peleando constantemente sin avanzar. Siéntate tranquilo y busca soluciones reales. Confía en ti y en él o ella y lucha en positivo.

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    miércoles, 21 de febrero de 2018

    ¿Cómo puedo evitar caer en la rutina con los niños? | Estrategia motivación


    Explicación: Resulta muy sencillo introducirse en un mundo de obligaciones, horarios, costumbres y normas. Nuestros niños necesitan una estructura, seguridad, un horario pero no es necesario que para ello nos dejemos llevar por la monotonía y el aburrimiento. El optimismo, la ilusión o la actitud, son elementos igual de importantes que su seguridad. Déjate envolver por su alegría y sus ganas de conocer, convierte cada día en un poco diferente. No sólo los padres ayudan a los hijos, los hijos también nos pueden ayudar aportándonos una energía y emoción por las pequeñas cosas que a veces, a los adultos, nos cuesta mantener. Busca ese lado diferente y positivo de hoy. Romper la estructura de todos los días sin incumplir normas, ese es nuestro objetivo.

    Objetivo: No dejarnos caer en una rutina aburrida y sin ilusión. Mantener la energía y la motivación para ayudar a nuestros hijos con sus responsabilidades diarias. 

    Estrategia: Te proponemos una estrategia muy sencilla pero que va a requerir tu implicación y, sobretodo, tu actitud positiva. Los primeros pasos pretenden dar coherencia a la estrategia. Nuestro hijo debe asumir que la diversión no es incompatible con sus responsabilidades. Para ello:
    1. Escribe el horario del día a día de tu hijo. Anota sus horarios de cole, comidas, actividades y sueño.
    2. Marca en dicho horario las responsabilidades y obligaciones que tiene cada día.
    3. Marca los ratitos en los que crees que hay margen para innovar.
    4. Es el momento de imaginar. Crea, inventa y juega con esos momentos. Busca alternativas.
    5. Haz una lista de juegos, actividades agradables, momentos dulces, aventuras posibles, etc. Busca pequeños detalles que os saquen una sonrisa a ambos.
    6. Y ahora una lista de pequeños cambios que podrías hacer en las actividades rutinarias de todos los días.
    La imaginación no siempre está de nuestro lado. Nosotros os proponemos algunas opciones pero escribidnos en los comentarios algunas propuestas que creáis puedan servir al resto de padres. Esos "trucos" que utilizáis para premiar o disfrutar con vuestro hijo. Ahí van algunas opciones:
    • Cambiar de calle para ir al colegio.
    • Merendar en casa de la abuela.
    • Pasear a tu perro en el siguiente parque.
    • Cambiar el orden de las obligaciones.
    • Ver series en vez de programas.
    • Leer esa revista que tanto te gusta de vez en cuando.
    • Utiliza música para las idas y venidas.
    • Libros de pequeños cuentos, para cambiar cada día.
    ¡Pruébalo! Pero para ello necesitas cambiar lo más esencial. Tu actitud, tu forma de ver el día, tu mochila repleta de responsabilidades que pesan. Decide disfrutar cada día, pese a que no pares, no tengas tiempo para ti o sientas que no llegas a todo. Comprométete contigo, con tu cuidado e intenta que cada actividad tenga ese encanto que cuando sale el sol y las sonrisas te acompañan. 

    Nota 1. Recomendamos leer el Capítulo XX del libro Educar sin varita mágica que trata los miedos en los menores.

    miércoles, 14 de febrero de 2018

    Estrategias para padres | Define sus límites


    Despierto en un mundo sin límites. No hay nada que marque hasta dónde puedo llegar, no sé que es positivo o negativo, que es respetado y valorado y que será juzgado. Caminaré durante el día sobre un camino sin normas en mi cabeza, pero ese camino discurre por una realidad sujeta a peligros, críticas y necesidad de esfuerzo.
    Pensamientos en un mundo sin límites | Educar sin varita mágica

    Definir unos límites en el comportamiento de un menor es básico para convivir en armonía así como para ayudarle en su desarrollo personal y social. Todos necesitamos límites. 

    El ritmo de vida actual nos lleva a funcionar de forma permisiva y poco paciente. Los límites son obligaciones para todos. Tendemos a confundir límite con distancia emocional, es decir, si paso poco tiempo con mi hijo siento la necesidad de permitirle todo para asegurar que mi hijo me quiera. Esto es un error. Al no poner límites transmito a mi hijo inestabilidad e irrealidad y, posiblemente, que no le quiero lo suficiente para esforzarme por él. Marcar límites define el camino correcto de educar y querer a tu hijo.

    ¿Qué entendemos por límites en la educación de un menor?
    Se trata de la estrecha línea que separa lo correcto de lo no admitido. Los menores, como parte de su proceso madurativo y de su adaptación al mundo, van a explorar los límites a su alrededor. De pequeños andamos, corremos o nos subimos a artilugios hasta que comprobamos, normalmente a base de golpes, que no podemos hacer eso, que si intentamos correr a esa velocidad nos caeremos, que hacer ese tipo de equilibrios nos supone, probablemente, un doloroso golpe, etc. Es decir, buscamos los límites para saber qué y en qué condiciones podemos hacer las cosas, de esta forma encontramos unos límites que nos proporcionan seguridad y nos ayudan a sentir cómodos y adaptados al entorno.

    Exactamente igual que ocurre con los límites físicos ocurre con los conductuales. Buscamos ir más allá y necesitamos encontrar un final, un tope, una norma que nos permita sentirnos seguros. La advertencia de lo aconsejado, la meta de llegada, la cuerda que sujeta, el fuego que quema, la goma de saltar de nuestra infancia, la línea que separa las baldosas, la delgada línea roja…


    Empatiza con tus hijos:
    ¿Quién no ha soñado con saltar los límites alguna vez? O simplemente ha deseado lo prohibido… ¡Ponte en su lugar!. Eres joven, sientes la necesidad de probar cosas, de llamar la atención o de mostrarte ante los demás. ¿Eres capaz de empatizar con tu hijo? De no ser así, prueba con la siguiente idea:

    Haz una lista mental de cuatro límites que desearías eliminar en tu vida. ¿Qué emoción te produce la simple idea de poderlos saltar? Ahora bien… ¿Qué consecuencias podrían provocar?

    Esa es la idea que necesitamos transmitir a nuestros hijos. ¡Existe una razón más grande y fuerte que todas las demás. Los límites están y sirven para evitar consecuencias negativas! Esa es la parte que cuesta más, entender las consecuencias y la necesidad de interpretar bien los límites.

    Explícaselo así:
    “Hijo, a mi me encantaría hacer siempre lo que yo quiero, desearía que no hubiera normas y poder saltar cada límite, TE ENTIENDO, pero no se trata de una OPCIÓN, sino de una orden que he de dar a mi mente para no generar consecuencias negativas”.
    A veces nos cuesta creerlo pero los menores entienden el concepto de límite y de consecuencia. Simplemente están en fase de aprendizaje y, como nosotros, son tozudos. Están aprendiendo a vivir y solo necesitan tu ayuda. 
    Dos ejemplos muy diferentes de lo que ellos entienden por límite en función de lo que sus padres les transmiten: 
    . María (8 años) “Son instrucciones para saber que tengo que hacer. Lo utilizan mis padres para enseñarme a hacerlo bien”. 
    . Marcos (14 años) “Creo que mi madre no me quiere, no me pone ningún límite, supongo que o no sabe o le da igual que lo haga mal”.

    Empatizo conmigo como padre:
    Conocer este tipo de conceptos me ayuda a educar a mi hijo pero no me asegura la perfección. Aprender cómo he de hacerlo me acerca a crear las pautas adecuadas y de la mejor forma posible. El secreto esté en saber que es lo correcto e INTENTARLO con esfuerzo y perseverancia.

    Lamentablemente las situaciones de la vida no siempre son las ideales y, cumplir con los puntos anteriores se torna en una tarea más compleja. Os proponemos reflexionar sobre circunstancias que vivimos en nuestro día a día y que influyen directamente en las pautas ideales. Son las siguientes:

    . Mantengo con mi jefe una conversación muy tensa. 
    Si en ese instante me habla mi hijo, ¿puedo hablar a mi hijo calmado con voz suave?

    . Observo como hijo intenta hacer daño a otro niño. 
    ¿Puedo trasmitirle comprensión en todo momento?

    . Mi compañero desmonta mi trabajo sin razón alguna. 
    ¿Puedo explicarle el por qué de las injusticias y enseñarle a aceptar?

    . Estoy en mitad de un supermercado. 
    ¿Puedo ignorar cada llamada de atención negativa?

    . Tengo mil cosas que hacer y llego tarde a todo. 
    ¿Puedo reforzar cada conducta positiva en su justa medida?

    . Termino de trabajar a las 20.00, veo a mis hijos dos horas al día. 
    ¿Puedo plantearle las consecuencias totalmente coherentes a sus hechos?

    . Estoy muy irascible porque mi madre está enferma. 
    ¿Puedo evaluar su estado de ánimo y regularlo junto a él?

    . Tengo que ir a comprar, al médico, extra escolares… 
    ¿Puedo jugar cada día con él?

    . El día está lleno de normas y mi hijo ya ha incumplido seis antes de desayunar. 
    ¿Puedo enseñarle a respetar y cumplir cada norma?

    . Discuto con mi pareja porque le ha dado a nuestro hijo algo que le habíamos prohibido. 
    ¿Puedo ser un modelo correcto?

    ¡No te machaques, esfuérzate! No se trata de cumplir cada instrucción a la perfección, nuestros días crean diferentes circunstancias, manejar cada una y obligarnos a cumplir todo a raja tabla supondrá en nosotros una tensión tan elevada que se convertirá en algo contra producente. El simple hecho de conocer que he de hacer e intentarlo asegura un mejor funcionamiento y una educación adecuada.

    ¿Cómo aplico los límites?

    1. Objetividad. Define unas normas claras y concretas. Un límite bien especificado, con frases cortas y órdenes precisas, suele ser más sencillo para un niño.
    Incorrecto: Siempre estás gritando.
    Correcto: Hay que hablar bajito en la biblioteca.

    2. Existen obligaciones. Marcamos claramente cuál es el límite, no se lo preguntamos ni planteamos como opción, esto solo le puede llevar a confusión.
    Incorrecto: ¿No crees que deberías no insultar a tu hermana?.
    Correcto: Tienes que hablar adecuadamente a tu hermana, los insultos están prohibidos.

    3. Firmeza y seguridad. No titubees, permítete equivocarte. Dar muchas vueltas a los límites en presencia de tus hijos solo les aportará dudas sobre la importancia o seguridad que tú trasmites.
    Incorrecto: Si no te duchas no se qué voy hacer, pero no te va a gustar.
    Correcto: Después de entrenar te tienes que duchar, si pospones la ducha perderás tu tiempo de música.

    4. Refuerza lo positivo. De poco sirve enfadarse antes de tiempo. Anticipar que no lo va hacer solo me ayuda a desconfiar, a irritarme y hablar incorrectamente. Confía en la posibilidad aunque tu experiencia te recuerde que es muy pequeña. Exprésale los límites con esperanza.
    Incorrecto: A ver si hoy recoges tu cuarto por fin.
    Correcto: Cuando estés terminando de recoger tu cuarto me avisas para que te ayude a colgar esa ropa que el cajón está muy alto.

    5. Explicar el porqué. Los límites se explican la primera vez que aparece y, de ser necesario, nuevamente si de verdad creemos que lo ha olvidado. En las siguientes ocasiones, recondúcele con pistas sin necesidad de explicación.
    Incorrecto: Tienes que hacer los deberes antes de jugar porque sí.
    Correcto: Los deberes se hacen antes de jugar para que nuestro cerebro esté fresco y con mucha fuerza (Además será un aliciente para él terminarlos pronto y poder jugar sin responsabilidades pendientes).

    6. Sugiere una alternativa. Cuando apliques un límite al comportamiento de un niño, intenta indicar una alternativa aceptable. La alternativa ha de ser una alternativa positiva.
    Incorrecto: No puedes jugar con los palos.
    Correcto: No puedes jugar con los palos, puedes coger tus juguetes que tanto te divierten.

    7. Rutinas. Cuando acostumbras a cumplir un mismo limite todos los días, deja de ser una norma para convertirse en una rutina.
    Incorrecto: Hoy tienes que ducharte después de cenar.
    Correcto: Hoy toca lo de todos los días, cena y ducha.

    8. Desapruebo la conducta, no al niño. Al hablar no somos consientes del daño implícito de nuestro mensaje. No es igual decir que torpe soy a se me ha caído la taza. Los mensajes que recibimos terminan definiendo el concepto de nosotros mismos.
    Incorrecto: No puedes ser agresivo con tu hermana.
    Correcto: Tienes que tratar bien a tu hermana, no vamos a permitirte que le pegues o insultes.

    9. Controla las emociones. Posiblemente sea el punto más difícil de ejecutar. Gestionar nuestras emociones resulta complicado cuando vamos muy rápido y las circunstancias no son favorables. Aún así podemos hacer un esfuerzo. Si creamos previamente los límites, no erraremos en su intensidad o consecuencias. Cuando sabemos cuáles son las normas es más sencillo no dejarnos manipular por mi emoción actual.
    Incorrecto: (Estoy cabreado) Vas a estar un año sin jugar.
    Correcto: (Estoy cabreado) Ya conoces tú consecuencia por esto.

    Definir los límites para nuestro hijo es una tarea que no es bueno improvisar. Para evitarlo te proponemos la siguiente estrategia:

    Estrategia propuesta: Mis límites.
    Crea una lista en papel con los límites que consideras necesarios y ve apuntando otra lista en sucio con aquellos que consideres secundarios. Al lado de cada norma o límite que consideres que ha de cumplir tu hijo, coloca una posible consecuencia para regular correctamente su gravedad. Con forme automatice e introduzca cada limite en su rutina ve aportando a tu lista de prioritarias los límites secundarios.

    Ejemplo.