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miércoles, 19 de marzo de 2025

Contrato Laboral, una estrategia eficaz para las normas de casa | Consejos para padres


Poner normas no es nada fácil, como ya decíamos en la entrada anterior (ver Normas para casa). Existen múltiples formas de aplicarlas aunque lo más común son las economías de fichas (ver en libro Educar sin varita mágica). En esta ocasión os vamos a proponer una variante: el contrato laboral.

Edad: de 8 a 18 años (con las conseguidas adaptaciones según edades).
Objetivo: crear una dinámica que ayude a asumir las normas en casa de una forma consensuada y práctica.

¿Cómo utilizamos el contrato laboral en casa?
Tal y como ocurre con cualquier estrategia, si queremos que sea efectiva tiene que ser consensuada, pensada y firme. Quizá os resulte útil seguir estos pasos:

  1. Antes de hablar con el menor, plantea con tu pareja (si la tienes y colabora) que objetivos os planteáis en un principio. Empezar con cosas asequibles pero que motiven al menor será clave. Puede ser cosas como: ducharte solo, recoger tus juguetes, hacer la cama, poner la mesa.... 
  2. Plantearos que recompensas estáis dispuestos a asumir. El contrato plantea recompensas en céntimos. Sabemos que no es lo ideal pero es realmente efectivo. En el caso de chicos que ya tienen paga es un motivo formidable para ganársela; para quienes no queráis que haya dinero por medio (nosotros en clase así lo hacemos), ese dinero son puntos que se canjean por premios previamente estipulados.
  3. Una vez tengamos esta base clara toca diseñar y firmar el contrato. Juntaros todos, incluido el/los menor/es. Respetar el proceso sin interrupciones ni teles de fondo. Por ejemplo, las tardes-noches de los domingos son un momento perfecto.
  4. Darle la palabra y contad con ella. Se trata de construir algo positivo para todos y es necesario que se sienta participe. Quizá sea más ambicioso que vosotros o busque objetivos y retos propios. Dejadle que construya. 
  5. Negociad con él o ellos, sin traspasar las líneas rojas que ya habíais acordado. Buscad justicia.
  6. Recoged en el contrato laboral os acuerdos establecidos. ¡Firmadlo! Es la base de todo contrato y eso le hará entender (y nos hará entender a nosotros) que un contrato es para cumplirlo.
  7. Buscad que cada uno de los puntos esté en positivo. Es decir, mejor "Hablar bien" que "No decir tacos" o mejor "Ducharse cada día" o "No ser un cerdo".
  8. Colgarlo en un lugar accesible, por ejemplo, la puerta del frigo o en la pared de su habitación.
  9. Revisarlo y rellenarlo diariamente. Por ejemplo, justo antes de cenar. Dejad que lo haga él y simplemente aseguraros de que es objetivo (para bien y para mal).
  10. A lo largo de la semana reforzad los esfuerzos y, al final de la misma, cumplir vuestra parte de recompensas. 
  11. Periódicamente, según veáis que pierde eficacia, modificar los puntos a trabajar, ampliarlos, reducirlos según os parezca más útil. Lo mismo con las recompensas. 
  12. En el momento en el que uno de los objetivos se de por consolidado, es momento de eliminarlo de los objetivos del contrato y recompensar por ello. Lo ha conseguido y eso es el motivo y misión del contrato laboral, así que es momento de darnos la enhorabuena todos y celebrarlo.
  13. Ser consecuentes con las posibles pérdidas de refuerzos.

Contrato Laboral: el documento.
- Comienza con un apartado de datos iniciales:

  • Nombre del trabajador: el pequeño o pequeños.
  • Fecha de formalización: el día que se firma. Podría ser los domingos tarde-noche.
  • Nombre responsables de empleo y sueldo: vosotros, los padres o profes.


- Las normas a perseguir se ubican en las condiciones del contrato. Diferencia entre tres categorías, aunque se pueden mezclar o eliminar según vuestras necesidades. Son las siguientes:

  1. Normas a cumplir. Se trata de nuestros objetivos reales para la/s semana/s. Esa norma que queremos empezar a implantar y que creemos que puede ser positiva para todos. Algo que no hayamos conseguido hasta ahora y creemos que es el momento. Puede ser recoger su plato al acabar de comer; leer antes de dormir o recoger sus juguetes cuando acabe de jugar. Son el objetivo principal del contrato y la única de las categorías que siempre debemos cumplimentar.
  2. Obligaciones. Normas básicas. Son líneas rojas de nuestra convivencia. Puede ser desde "Hablar en buen tono" o "Tratar bien a tus hermanos" a "Lavarse los dientes".
  3. Responsabilidades. Colaboraciones. Se trata de actividades en las que busquemos la implicación del menor sin ser cosas que creamos absolutamente necesarias. Es algo así como "cosas que hace un hijo modelo". Puede ser comprar el pan, bajar a pasear a nuestro perro o bajar la basura. Siempre dependerá de nuestros objetivos. Para algunos una actividad concreta puede ser una obligación, mientras que en otra casa sea una responsabilidad.

- La parte de Requisitos Económicos es muy útil para darle credibilidad al contrato. Permite establecer un tope de puntos, algo que resulta muy útil cuando hemos decidido una línea roja de paga, por ejemplo.

- El contrato, en su dorso, ofrece una opción de "Incentivos extraordinarios". Es una parte que nos permite más libertad, tanto a él como a nosotros. Por ejemplo, el puede sugerir que, sin ser su obligación, le apetece un día haceros el desayuno. Es su decisión y es genial. Simplemente valoraremos los puntos que tal actividad merece (Apartado de Actividades Extra Acordadas). Aún más interesante. Imaginemos que un día, sin haber hablado nada del contrato, hemos visto a nuestro hijo ayudar a un niño que se ha caído en el parque o ha decidido hacer una actividad extra en el cole. Esa conducta merece un refuerzo enorme y, si lo consideramos pertinente, esa misma noche, mientras rellenamos el contrato del día, le diremos que eso que ha hecho bien merece unos puntos extra. Los escribís, lo valoráis y le dais la enhorabuena por la iniciativa (Apartado de Actividades Extra No Acordadas).


- Firmad el contrato todas las partes. Es absolutamente importante para ellos y os ayudará a todos a entender que es algo a cumplir. ¡A todos!

Se trata de una estrategia sencilla y tremendamente eficaz. Descargad el documento en pdf y sentiros libres de usarlo, imprimirlo y compartirlo cuanto queráis. Es vuestro.



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miércoles, 25 de marzo de 2020

La cultura del esfuerzo


¿Merece la pena esforzarse?, ¿el trabajo duro y el sacrificio son un camino a la felicidad o son lo contrario? Esta es una pregunta recurrente entre nuestros alumnos y de muchos de los padres con los que compartimos talleres. Aún más recurrente es cómo inculcar eso que llamamos "cultura del esfuerzo" a nuestros pequeños. Vamos a ello.

¿Es conveniente el esfuerzo para nuestros chicos?
Contestaremos con otra pregunta, ¿existe otra opción en la vida que esforzarse para conseguir cosas? Quizás Paris Hilton pueda ofrecer otra respuesta pero, para el resto de los mortales, la única opción válida es un sí. Como adultos, la vida nos ha enseñado, repetidas veces, que o luchas, eres constante, te sacrificas y trabajas, o la vida va a ser muy complicada. Incluso, a veces, aportando todo eso lo es. La vida adulta te lo va a dejar claro, así que, sin torturar ni olvidar otros aspectos como la diversión, el juego, la relación o la contemplación, cuanto antes aprenda un peque que las cosas se consiguen con esfuerzo, mejor para él y su desarrollo.

¿Cuándo empiezo a enseñarle a esforzarse?
Cuando sus capacidades lo permitan. Un niño de dos años puede recoger sus juguetes antes de sacar los siguientes; un chico de seis entiende que antes de bajar al parque tengo que hacer mis quehaceres o un adolescente de quince años, que la paga es proporcionada y sujeta a un compromiso mutuo (ver contrato laboral). Cuanto antes y más progresivo mejor.

¿Cómo podemos hacerlo en casa?
  • Ser un modelo para ellos. Ser padres que luchan y se esfuerzan.
  • Premiar los intentos, no las consecuciones. El camino y no la meta.
  • Permanecer atentos a cada esfuerzo y reforzarlos.
  • Por muy cómodo que nos resulte, cuando son vagos no debemos hacerles las cosas. Sabemos que resultan más fácil hacer esa cama que discutir y desesperarnos pero es una muy mala inversión.
  • Los premios son una herramienta muy poderosa. No los des, haz que se los gane. Primero porque la vida no regala nada; Segundo porque le dará el valor que tiene y lo disfrutará el doble. Piensa cuando tenías su edad (si eres capaz de un ejercicio de memoria tal) y piensa en cómo disfrutabas aquellos pocos regalos que te daban o esa medalla que te ganaste aunque casi te cuesta vomitar del esfuerzo.
  • Acuérdate de como gestionaban esto tus padres. Seguramente sería mejorable pero te servirá de orientación.
  • Di "no" a tu hijo. Sin miedo. Explica el motivo las veces que consideres pero enséñale a encajar un no igual que le has enseñado a encajar un sí. En caso de que no lo aprenda contigo lo va a aprender en clase o ante la policía, de una forma bastante menos delicada.
  • Utiliza ejemplos de gente que ellos admiren para que entiendan como sus ídolos han luchado y trabajado lo indecible para llegar a donde están. Larry Bird dijo "Es curioso, cuanto más entrenamos, más suerte tenemos".
  • El dinero cuesta mucho ganarlo. Como decía José Mujica "No compras con plata. Compras con el tiempo de tu vida que gastas para conseguirla". Que valoren ese esfuerzo y sean responsables en su uso es algo que deben aprender y debemos ayudarles a hacerlo.
Las responsabilidades en casa exigen pensarlas y revisarlas constantemente. ¿Funcionan?, ¿le estoy dando demasiados quehaceres?, ¿demasiado difíciles?, ¿me quedo corto?, ¿puedo aprovechar alguna dificultad para que la supere y se sienta más útil y mejor? Se trata de una tarea complicada y que nos va a exigir lo mejor como padres pero, si lo hacemos bien, mejorará su autonomía y su autoconcepto. Os proponemos, a modo de referencia muy general, las responsabilidades tipo a las diferentes edades de nuestros chicos. Son las siguientes:


¿y en clase?
Los exámenes son pruebas absolutamente objetivas que resultan muy pobres para motivar, valorar ciertos esfuerzos o reforzar. Partiendo de que, en nuestro sistema académico, su uso es prácticamente inevitable, especialmente en secundaria y bachillerato, pero sí que podemos combinar su uso con un sistema de refuerzo más subjetivo. Requiere una enorme sensibilidad y atención, dos cosas que todos tenemos, ¿no? (al menos los que leéis esta web seguro es así). Se trataría de valorar enormemente los esfuerzos positivos de los alumnos. Un 4 es un suspenso, pero un 4 que encierra mucho esfuerzo es un empujón enorme si viene acompañado de un "que cerquita estamos", "es un suspenso Mikel pero estoy muy orgulloso de tu esfuerzo y lo valoraré así"; "Muy bien trabajo Paula, la vida no siempre recompensa de forma inmediata pero seguro lo hace a la larga. Sigue luchando". Esto mismo vale igual para los ejercicios, trabajos o la atención en el aula. Se trata de hacer pedagogía. De sembrar cada día. No tenemos ninguna duda (lo vivimos cada día) de que estos pequeños gestos mejoran el ambiente del aula y a cada una de las personitas que la forman, incluidos los profesores y maestros.

Para finalizar...
Todos nosotros, los menores también, podemos aceptar algo "regalado" y aprovecharnos de ello pero, en general, preferimos conseguir las cosas por mérito propio. Las cosas valen el valor que nosotros le damos y es así donde entra la satisfacción del esfuerzo y el orgullo interno. Entre nuestros alumnos, la inmensa mayoría, rechazan un punto más si no les parece justo; reinvindican su nota en comparación con el resto, tanto si es inferior como si es superior; su autoevalúan en función de lo que han trabajado, etc. Puede que ese chico pueda aceptar ese "regalo" porque a nadie le amarga un dulce pero, a la larga, esos dulces dejarán de gustarte. Te empacharás y querrás otros más grandes y más caros. Los querrás gratis y ese círculo te hará infeliz. Ayuda a que valore y se gane ese "regalo" porque solo así lo disfrutará como merece. Si le ponemos retos entenderá que confiamos en que puede superarlos y luchará por ello. Si se lo damos hecho entenderá que se lo dan porque o no puede o no debe ganárselo.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Conciliar con mi familia mi forma de educar


Explicación: Resulta complicado intentar convencer a los demás para que funcionen tal y como tú consideras oportuno, especialmente cuando se trata de la forma de interactuar con un menor. Tampoco es sencillo, ni quizá efectivo, esperar que los demás actúen con tus hijos en función de como lo hagas tú como su padre. Puede ser que ese tipo de situaciones no llegue a generar dificultades en nuestro hijo pero, en ocasiones, comentarios o actuaciones externas pueden modificar su funcionamiento o tirar por la borda el trabajo que realizamos diariamente.
Debatir con tu madre o tu suegro acerca de actuaciones, frases o formas de interaccionar con tu hijo "en directo" puede llevar a discusiones, comentarios inoportunos, malentendidos, pérdida de control, desgaste emocional, frustración, reducir tu confianza y capacidad...

Objetivo: Conciliar con mi familia pautas en la educación de mi hijo de forma que evitemos los conflictos. Ofrecer al menor un entorno estable y coherente.

Estrategia:

Seguridad en mí: 
El primer paso para poder aceptar comentarios educativos, explicar mis opiniones o establecer directamente cada pauta con el menor, es la confianza en uno mismo. Para ello sigue las siguientes instrucciones, te ayudarán a adquirir firmeza en tí y tus decisiones.
  1. Documéntate. Lee, reflexiona y comenta con tu pareja las normas, pautas y estilos educativos que te acercan a un mejor funcionamiento con tu hijo.
  2. Acepta que te vas a equivocar.
  3. Reconoce tus errores con dignidad y acepta que son ellos quienes te enseñan a ser mejor padre cada día.
  4. Evalúa tus resultados, y conduce tus pautas hacía un cambio positivo.

Seguridad en mis pautas:
Vas a tomar muchas decisiones, seguramente titubearás e incluso en ocasiones te vas a contradecir. Normalízalo, es un paso más, la forma de intentar hacerlo correcto. Transmite seguridad en tus pautas. 
  1. Intenta sacar un rendimiento positivo a los comentarios externos.
  2. Extingue aquellos consejos que no apruebas o consideras que no ayudan.
  3. Ten presente en cada momento que vosotros perseguís lo  mejor para vuestro hijo.
  4. Cuando trasmites seguridad, dejas poco espacio abierto a alternativas. Inténtalo.

Compartir mi forma de educar con mi familia:
  1. Explica las razones de tu forma de actuar.
  2. Reúne a tu familia y en un momento tranquilo y en armonía trasmíteles la importancia que tiene que todos funcionéis en la misma dirección.
  3. Hazles saber que como padre, quieres lo mejor para tu hijo y que consideras que éste es el camino.
  4. Reconóceles que es posible que os confundáis muchas veces pero para ellos es importante que vayáis paralelos, de la mano.

miércoles, 5 de febrero de 2020

¿Qué hago con los deberes de mi hijo? Tarda muchísimo en terminar


Explicación: Los deberes pueden convertirse en nuestro Talón de Aquiles. Puede llegar a su la piedra que aparece cada día y por la que la relación con mi hijo se deteriora o debilita. 
En muchas ocasiones el menor ya está cansado. El colegio, las actividades extra escolares o el propio día le han vencido pero aún debe de hacer sus tareas para el día siguiente. Nuestra paciencia no siempre es la óptima en ese momento del día y a veces resulta complicado.
Unas veces son los distractores de su habitación o de su cabeza quienes disminuyen su rendimiento. Otras es la falta de motivación o una sensación de incapacidad la que le frustra y dificulta la tarea de terminar sus deberes.

Objetivo: Terminar "rápido" los deberes.

Estrategia: Os proponemos una dinámica para llevar a cabo cuando tengamos que hacer los deberes. Consistirá en seguir una serie de pasos para hacer que su tarea sea más programada y estructurada y que, además, encuentre motivaciones en una tarea en que, hasta ahora no parece encontrar.
  1. Utiliza un reloj de arena o un cronómetro. Pondremos tiempo a sus actividades y cuanto más concreto por asignatura, operación o actividad mejor. Favorecerá su concentración.
  2. Recurre a Post-its o carteles motivadores. Varíalo cada semana, escríbele un mensaje diferente y colócaselo delante cada día. Vamos a darle ánimo.
  3. Puntúale su esfuerzo, velocidad y cuidado, con notas. Por cada tarea o asignatura una nota diferente. Refuerza lo que hace bien.
  4. Recuerda, en la medida de lo posible, hacer los deberes antes de los premios o motivaciones de la tarde (salir a jugar, ir con amigos, etc.). Estará más descansado y sus ganas por acabar serán mayores.  
  5. Plantéale que acumulando puntos, como premio, conseguirá más minutos de juego. Tú sabes que cuanto antes termine tendrá más tiempo para jugar pero a él no lo ve tan sencillo. Plantearle un premio, un refuerzo positivo, lo motivará. Intenta estructurar muy bien los minutos de premio a los que equivalen los puntos. Cuanto más programado más justo y menos discusiones posteriores.
  6. Crea TRES PREMIOS ANIMALES que recibirá en función de su esfuerzo con los deberes. El Premio Lagartija lo recibirá cuando haga sus tareas rapidísimo: Puede ser un masaje, leer su cuento favorito o escuchar juntos su canción. El Premio Saltamontes será para días en que, aunque lo hemos tenido que hacer en diferentes momentos por su cansancio o por la cantidad, se ha esforzado: Podremos hacer la cena juntos, mimos extras o batalla de cosquillas. Y, finalmente, el Premio Tortuguilla, para días en los que la pereza ha causado estragos pero qué, aún más lento de lo acordado, ha acabado su tarea: Podremos darle un beso de fuerza, un beso de ánimo o recoger la mesa juntos.
Es probable que, poco a poco, su dinámica de trabajo vaya fluyendo y qué, el buen trabajo de hoy nos de y le de frutos en no demasiado tiempo. Implícate al principio y después deja que asuma responsabilidades después. 

Nota 1. Recomendamos leer el Capítulo XVI del libro Educar sin varita mágica que trata la falta de organización en los menores.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

¿Cómo dejo de repetirle todo tantas veces?

Repito a mi hijo 2000 veces las cosas y termino siempre chillando. ¿Qué hago?

Explicación: ¿Imagina que alguien te exige infinitas veces que hagas algo que no quieres hacer? ¿Qué emoción aparecería en ti? Muy probablemente te enfadarías, un poquito más cada vez que te lo volviesen a decir. Cada vez más terco, más ira y menos respetuoso. No solo no realizarías lo que te están pidiendo sino que responderías de mala forma.

Al igual que ocurriría con nosotros mismos, los adultos, repetir a los menores las indicaciones varias veces no va a conseguir que lo haga, ni nos va a respetar más ni va a ser más obediente, probablemente justo obtengamos lo contrario. Desde la primera vez ellos escuchan lo que decimos y saben responder adecuadamente, el problema es que no siempre quieren hacerlo, no les apetece o lo quieren posponer porque lo que hacen en ese momento es más interesante para ellos.

En algunas ocasiones cuando trasmitimos ordenes o damos pautas, los menores están tan ensimismados con lo que hacen que no nos escuchan. En esos momentos podemos acercarnos y directamente mirándoles a los ojos les damos las instrucciones que pretendíamos dar. Ellos te entienden, te escuchan y saben lo que tienen que hacer.

Pero, ¿qué ocurre si deciden no hacerlo? Cuando insistimos y repetimos todo mil veces, se cansan, se aburren, se irritan. Esto genera ansiedad e ira, emociones que van a dar lugar a consecuencias contraproducentes. Si repito cuatro veces cada orden, el niño se acostumbran a responder a la cuarta orden, si repito 2000 veces una indicación, hasta que llegue la vez 2000 no responderá.

Los menores aprenden por asociación, prueban y estiran todas sus posibilidades y cuando las conocen responden con forme a sus alternativas. Es una simple relación directa, peligrosa y de la que tenemos que estar muy atentos para no confundirnos.

Objetivo: Conseguir que mi hijo responda a mis indicaciones sin dar lugar a enfadarnos.

Estrategia:
  1. Analizo como me afecta a mí como padre que me repitan las ordenes. ¿Qué emoción sentirías?, ¿qué pensamientos aparecerían en mí?, ¿cómo reaccionaría si me ocurriese? Escribe la reflexión en un papel.
  2. Decido cuentas veces como máximo voy a repetir cada indicación. Recomendamos no superar las 3 veces.
  3. Pienso cuál o cuáles serán las consecuencias si no responde a la tercera orden. Recuerda que ha de ser una actividad que pierde como; bajamos 10 minutos más tarde al parque o una actividad extra no agradable como fregar la terraza.
  4. Hablo con mi hijo. Le hablo de la reflexión de forma que le transmita mi nueva forma de proceder desde esa misma conversación.

ALGUNAS PAUTAS
  • Le trasmito mis sentimientos. Le explico que estoy cansado de repetir mil veces cada instrucción. Le reconozco que soy un pesado, que es normal que se canse y que incluso es lógico que no me haga caso si sabe perfectamente que lo repetiré 2000 veces.
  • Empatizo. Le trasmito que entiendo perfectamente que se ponga nervioso y enfadado cuando no paro de repetir. Acepto que, a veces, está haciendo actividades mucho más interesantes que las instrucciones que le pido, le pongo ejemplos de situaciones en las que ocurre. “Se que cuando te llamo a cenar y estás jugando o whatsappeando te fastidia dejarlo y venir pero la cena se enfría. Yo me he esforzado para hacerla y todos te estamos esperando, no es justo para nosotros. ¿Lo entiendes verdad?”.
  • Alcanzo un acuerdo. Como padre te vas a responsabilizar de no repetir más de tres veces cada instrucción y vas a trasmitir a tu hijo que si a la tercera no responde directamente deberá respetar su consecuencia. Para que lo entienda le puedes poner ejemplos. “Hijo cuando te mande a lavar los dientes lo haré tres veces, si no respondes a la tercera, ya no repetiré una cuarta para no aburrirte y enfadarte pero deberás cumplir con la consecuencia que te diga en ese momento”.
  • Refuerzo. Puedes premiar que responda a la primera, todos sabemos que es un reto, pero es posible. Cada vez que cumpla la orden a la primera se la contamos. Juntos podéis establecer que cuando consiga x número de veces seguidas será premiado. Ejemplo: "Cuando consigas responder a la primera 5 veces tendrás 10 minutos de cosquillas o 15 minutos más para tu tiempo de ocio". 

miércoles, 9 de octubre de 2019

¿Cómo y dónde ir al monte con niños? | Consejos para padres


Tenemos la clara impresión de que cuando un niño sube una montaña o pasea por un prado, baja de ella más listo, más humano, mejor. Muchos estudios van en esta dirección. Cuanto más cerca estemos de la naturaleza más armónicos, reflexivos y respetuosos tendemos a ser.
Antes de seguir te proponemos un pequeño vídeo (duración 1'20''. VOSE):


En un estudio realizado con más de 10.000 niños de todo el mundo de edades comprendidas entre los 5 y 12 años, se constató una triste realidad. Los presos de las cárceles americanas disfrutan de unas insuficientes dos horas diarias de contacto con el sol. Es verdad que el vídeo es parte de una campaña de detergente, pero también lo es que se trata de un estudio real comandado por una persona tan respetada como Sir Ken Robinson.

¿Por qué es tan bueno que mi hijo vaya al monte?
Ir al monte, pasear, encontrarse con la naturaleza es una experiencia que suele fascinar a los más peques. Todo es nuevo, diferente, con estímulos por cada rincón. Está claro que, cuando a los padres les encanta el monte, esta actividad es una paso lógico que no hace falta animar a dar pero, ¿qué pasa con aquellos que no suelen ir o no les gusta?
Creemos que lo ideal es probar. Tratar de disfrutar con una actividad genial para todos y hacerlo en familia o con amigos. La recomendación y casi insistencia radica en los beneficios que creemos que puede aportar a todos pero, especialmente, a los más pequeños. Es decimos algunas de las principales ventajas de este tipo de actividades para los más pequeños.
  • Mejoran su desarrollo motor y cognitivo (más listos y hábiles).
  • Mejora su salud. Aire más sano, ejercicio físico, reduce la obesidad.
  • Autonomía. Aprenden a valerse por si mismos.
  • Favorece su creatividad y capacidad de razonamiento.
  • Reduce el estrés.
  • Duermen mejor. 
  • Mejora sus habilidades sociales y comunicativas.
  • Calma el exceso de energía propio de los pequeños, especialmente interesante en casos de TDAH, a quienes nosotros solemos recomendar mucho deporte y actividades de éste tipo.
  • Mejora de sus umbrales de frustración, aburrimiento o paciencia.
  • Adquieren valores como el respeto, la solidaridad o el trabajo en equipo.
  • Mejora su capacidad de concentración.
  • Adquieren una mayor sensación de seguridad y confianza.
  • Fortalece su sistema inmunológico.
Pero todos estos datos no son nada, lo que realmente importa es que sonríen mucho más, tanto durante como después de ir.

Si crees que es una buena opción pero tienes algunas dudas, intentamos aclararlas a continuación. Cualquier otra que pueda surgir, escríbenos o déjanos un comentario.

¿Cómo lo llevo al monte si no tengo tiempo o no me gusta?
Existen organizaciones que llevan a los menores al monte los fines de semana. Cuéntanos las que conozcas en los comentarios, puesto que pueden servir a la gente. En alguno colegios los propios padres realizan estas salidas organizadamente y turnando sus responsabilidades.
Quizá tengas la suerte de conocer a alguien que suela ir con menores al campo o a la montaña. Pídele ir con él. Confía y sé valiente. Conocemos padres que hacen pequeños intercambios. Unas veces uno los lleva a la montaña, otros otro a baile, otras veces es otro el que los lleva a un picnic. Casi cualquier actividad vale para que tú hijo se relacione positivamente con otros chicos y con su entorno. Además puede servirte para tener un mínimo de tiempo para ti o para la pareja.
Eso sí, confía en la organización o en las personas con las que dejes a tu hijo. Le pueden pasar cosas, eso está claro, pero la mayoría serán cosas buenas, nada comparable a un pequeño chichón o una torcedura de tobillo.
Nos permitimos un consejo que, normalmente, no nos sienta muy bien pero creemos que, en la mayoría de casos la falta de tiempo es en realidad una cuestión de priorizar otros aspectos. Así que, podemos tratar de replantearnos ciertos momentos del fin de semana. Mucha gente piensa que, tras el cansancio de la semana, ir al monte es cansarte más. Hay una parte de verdad en eso, pero suele ser una cansancio muy diferente, una cansancio físico positivo. No dejes que la pereza hable por tí y prueba.

¿Y si quiero pero no sé?
Hay opciones muy sencillas que te harán quitar el miedo. Comienza por paseos "domingueros". Por ejemplo, en Logroño dar la vuelta a la Grajera o subir al monte Cantabria. Cosas muy sencillas y cortas.
El siguiente nivel pueden ser vías verdes, senderos de GR o rutas variadas en general que nos puedan recomendar o encontrar en Internet (por ejemplo en Wikiloc).
Combínalo con opciones que seguro encantarán a los más pequeños. Puede ser una poza, un río, búsqueda de animales, paseo nocturno con frontales, con algún amigo o familiar invitado, prepara una ruta de orientación... Cualquier excusa es perfecta.

Pero, ¿no es muy peligroso o demasiado pequeño?
Todo tiene sus riesgos y pueden pasarle cosas, como en el parque de tú ciudad o en la propia casa. Eso sí, el riesgo es menor comparado con los enorme beneficios que puede proporcionarnos a todos.
Respecto a la edad solo debemos considerar que el esfuerzo sea proporcional a sus capacidades. Existen paseos preparados para niños que acaben de aprender a caminar o grandes rutas a explorar, a partir de ahí es elegir y crear.

¿Es caro?, ¿qué necesito?
El precio del transporte o de la cuota de inscripción en caso de que recurráis a clubes. No hay que complicarse con la ropa. Simplemente que vaya cómodo, nada más. Por supuesto hay ropa y calzado especializado que incrementaría el presupuesto pero nada imprescindible.

¡Déjate de excusas. Coge una mochila, un bocata y ATRÉVETE!

miércoles, 18 de septiembre de 2019

¿Cómo le ayudo a aceptar la frustración, por pequeña que sea? | Contestando preguntas



“Me fastidio un ratito”

Explicación. No nos gusta cumplir obligaciones, que nos lleven la contraria, que nos traten mal, sentirnos menos o no conseguir lo que queremos. Atrévete a permitir que tu hijo “sufra”. Mi hijo, como cualquiera necesita entender que la vida no es sencilla y que, en ocasiones, sufrimos, caemos y después levantamos. Las heridas duelen más al principio, poco a poco creamos cuerpos más fuertes y resistimos al dolor. Si le muestras que ese malestar es normal automáticamente verás como se reduce su dolor pues no queda otro remedio que aceptar y aguantar. Poco a poco irá asumiendo que existen pensamientos, situaciones o respuestas que no nos gustan y debemos fastidiarnos. Es una parte más de nuestra vida.

Objetivo. Tolerar la frustración.

Estrategia. Vamos a crear juntos un camino sobre una cartulina, con plastilina o en un simple papel (según la edad). Será una metáfora de la vida y, por lo tanto, dicho camino contará con un buen número de cosas positivas. Pueden ser cualidades propias que apreciamos, cosas que nos gusta y que nos hace sentir bien, en forma de flores, arboles y animales. A continuación, colocaremos piedras pequeñas o grandes e iremos describiendo algunas de las dificultades a las que nos enfrentamos y más nos preocupan. Para finalizar vamos a colocar nuestra obra de arte en algún lugar en el que tu hijo pueda enseñarlo y explicarlo a los demás.

A partir de aquí, cada vez que tu hijo caiga, sea por la razón que sea, recuérdale que se trata de una piedra más y que todo camino las tiene. También debemos remarcarle que ha de cargar fuerzas con esas cosas positivas que tiene el mismo camino e intentarla superarlo.