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miércoles, 13 de mayo de 2020

Estrés, ¿aliado o enemigo?

Existe un sinfín de estudios acerca de las bondades y, sobretodo, perjuicios que genera el estrés. Tras mucho leer y mucho experimentar en carnes propias y ajenas nos atrevemos a concluir que un punto de estrés en nuestra vida es sano e incluso necesario. Es la forma de asegurarnos que no vivimos estancados y en una eterna zona de confort.

El estrés (en latín stringere, que significa apretar) implica una amenaza o una exigencia más elevada de lo normal. Es decir, puede resultar dañino o una forma de avanzar y moverse. Esa es la clave.
Sin nada de estrés, es decir, sin retos, tendemos a tumbarnos, a parar, a conformarnos. ¿No os pasa que, después de una época intensa, os ponéis malos en cuanto os relajáis?, ¿o que empiezas queriendo no tener estrés y acabas viendo mierda en la tele que acaba estresándote más al pens
ar que estás tirando decenas de horas a la basura?
Un punto de estrés es clave y lo ideal es que surja de la autoexigencia, no en espera de que algo vaya mal. Véase que mi jefe me amenace con despedirme, mi hijo empiece a salirse del tiesto o mi pareja comience a plantearse el divorcio. Exigirse dar lo mejor de sí es una receta maravillosa, porque, no solo te sientes bien contigo mismo, sino que haces sentir bien al resto y, aún mejor, evitas que aparezca el estrés malo.
El estrés bueno te exige estar despierto, atento, tratar de tomar consciencia de lo que pasa a tu alrededor. Cansa, pero es un cansancio que aporta, es positivo.
Ahora bien, qué ocurre cuando aparece el estrés malo. La amenaza. El que duele y no aporta. Pues que toca reflexionar como controlarlo, anticipar posibles situaciones y poner soluciones que lo controlen. Toca saber decir que no a ciertas cosas, sean buenas o malas. Toca ser asertivo. Toca tomar el control de nuestra vida, al menos hasta donde podamos llegar.
El estrés puede resultar un aliado en nuestro camino hacia el crecimiento personal o puede ser un enemigo que nos coma por dentro. Nos toca elegir a nosotros, ¿estrés bueno o estrés malo?

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miércoles, 18 de septiembre de 2019

¿Cómo le ayudo a aceptar la frustración, por pequeña que sea? | Contestando preguntas



“Me fastidio un ratito”

Explicación. No nos gusta cumplir obligaciones, que nos lleven la contraria, que nos traten mal, sentirnos menos o no conseguir lo que queremos. Atrévete a permitir que tu hijo “sufra”. Mi hijo, como cualquiera necesita entender que la vida no es sencilla y que, en ocasiones, sufrimos, caemos y después levantamos. Las heridas duelen más al principio, poco a poco creamos cuerpos más fuertes y resistimos al dolor. Si le muestras que ese malestar es normal automáticamente verás como se reduce su dolor pues no queda otro remedio que aceptar y aguantar. Poco a poco irá asumiendo que existen pensamientos, situaciones o respuestas que no nos gustan y debemos fastidiarnos. Es una parte más de nuestra vida.

Objetivo. Tolerar la frustración.

Estrategia. Vamos a crear juntos un camino sobre una cartulina, con plastilina o en un simple papel (según la edad). Será una metáfora de la vida y, por lo tanto, dicho camino contará con un buen número de cosas positivas. Pueden ser cualidades propias que apreciamos, cosas que nos gusta y que nos hace sentir bien, en forma de flores, arboles y animales. A continuación, colocaremos piedras pequeñas o grandes e iremos describiendo algunas de las dificultades a las que nos enfrentamos y más nos preocupan. Para finalizar vamos a colocar nuestra obra de arte en algún lugar en el que tu hijo pueda enseñarlo y explicarlo a los demás.

A partir de aquí, cada vez que tu hijo caiga, sea por la razón que sea, recuérdale que se trata de una piedra más y que todo camino las tiene. También debemos remarcarle que ha de cargar fuerzas con esas cosas positivas que tiene el mismo camino e intentarla superarlo.