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miércoles, 19 de junio de 2019

Mi mundo | Recuperando mi seguridad



Explicación: Hay momentos en los que el menor se siente perdido, indefenso, con miedo, inestable o confundido. Momentos en los que el niño no encuentra las respuestas correctas o habilidades necesarias para sentirse plenamente tranquilo y seguro.
Sean situaciones de miedo, como por la noche cuando sospecha que hay monstruos en el armario. Quizá en casos en las que se siente frustrado por injusticias o porque no consigue lo que desearía, como cuando no le dejan jugar los niños del parque. Otras veces serán los nervios los que afloren como suele ocurrir el primer día de cole o cuando se agobian por tantas preocupaciones y aparece la ansiedad.

Objetivo: En estas y otras situaciones el menor siente el deseo de desaparecer, anhela un lugar seguro, rodearse de personas y objetos que le trasmitan tranquilidad. Marcharse y evitar esas situaciones es muy complicado. No pueden hacerse invisibles, aunque lo desearían.
Nuestro objetivo es buscar juntos ese lugar ideal.

Estrategia: Vamos a crear SU MUNDO. Cada uno lo ha de hacer a su forma, definiendo su espacio con sus ilusiones, sus dibujos y sus situaciones favoritas. Decorar con cada detalle tal y como ellos deseen. Para crear su mundo solo tienen que imaginar, dibujar y pintar cómo sería esa situación en las que se sentirían estables y felices. Pueden dibujar desde superhéroes a esa montaña que tanto le gusta. Vale todo.
  • Paso 1. Dibuja en una hoja o cartulina su propio mundo. Puedes darle ideas si no se le ocurren pero trata de dejar que sea su creatividad la que fluya.
  • Paso 2. Colocarlo en un lugar dónde pueda verlo todos los días.
  • Paso 3. Juega con el menor a imaginar su mundo con cada detalle. Pídele que te lo describa y te explique cómo es varias veces. Cuéntale como es tu mundo, juega con él, confiará más en la estrategia.
  • Paso 4. Cada vez que se sienta inseguro pídele que recurra a su mundo. Recuérdale que se introduzca en él cada vez que consideres que lo necesita. En ocasiones facilita cerrar los ojos, meterse debajo de una manta o mirar el dibujo.

Nota 1.
Esta estrategia, una vez interiorizada, puede ser utilizada en cualquier momento y ante cualquier situación. 

Nota 2. Recomendamos leer el Capítulo XIV del libro Educar sin varita mágica que trata la Falta de estado de ánimo y seguridad.

miércoles, 2 de mayo de 2018

¿Dicen adiós los niños? | Consejos para padres


Explicación
El dolor por la pérdida de un ser querido se siente a cualquier edad, también en la infancia. Resulta complicado ayudar a los niños/as y jóvenes a afrontar la muerte cuando llega cerca y, a veces equivocadamente, padres y adultos tienden a evitar mostrar sus sentimientos ante ellos. Para los adultos es complicado aceptar y gestionar que alguien con quien vivían dejará de existir. En el caso de los niños es muy parecido.
Las diferencias en la comprensión del concepto "muerte" existen. Hacia los cuatro o cinco años comienzan a usar términos como: vida, vivir, estar vivo, muerte o morir. Hacia los ocho o nueve años suelen pensar que juguetes, dibujos o piedras, tienen “vida” y que la muerte es algo pasajero. El concepto de tiempo también tiene una medida distinta; mañana, pasado mañana o para siempre, se mezclan entre realidad y fantasía antes de llegar a adultos.
La clave para entender su visión de este proceso es la imaginación. Ellos son capaces de crear y comprender todo, incluso mejor que los adultos. A partir de los 8 años comprenden el término pero eso no significa que continue resultando igual de complicado aceptar la muerte, de la misma forma que nos ocurre a los adultos.
A cualquier edad entender lo que sucede y vivirlo va a ser muy diferente en función de la persona o personita concreta. En función de nuestra etapa vital, la relación con el difunto o nuestra personalidad lo afrontaremos desde un prisma único, el nuestro. Aún con todo hay algo que nunca cambia y es que nuestro hijo debe sentirse participe del proceso. No es tonto y sabe lo que ocurre, por eso necesita que el resto lo consideren así. Y, además, debemos gestionarlo de forma natural, aceptando la tristeza y ofreciendo una visión con cariño.

Objetivo
Ayudar al menor a aceptar y gestionar correctamente la pérdida de un ser querido (incluídos animales).

Pautas
  • Tratemos de ser lo más sinceros posibles con ellos. Sin ahondar en detalles, pero no dar falsas esperanzas ni verdades a medias. Cómo los adultos los niños necesitan tiempo para la gestión emocional.
  • Es importante que vivan el proceso, desde la forma más positiva posible. Realizar visitas al hospital para leer o jugar un rato, para darle un beso o un abrazo a esa persona son algunas posibles opciones que normalicen la situación.
  • Oriéntale en función al estado de la enfermedad. Utiliza cuentos o historias bonitas (al final de la presente entrada os proponemos algunas opciones).
  • La información debe llegar al menor siempre por la persona que él sienta más cercana.
  • Evitar que participen en el duelo familiar es apartarles de una situación adaptativa en su vida no solo para el momento actual, también para el futuro.
  • Los mayores deben reconocer que ellos también sufren la pérdida. No se lo ocultes, ¡es imposible evitarles el dolor que sienten!.
  • No hay que olvidar, para no angustiarse, que el niño/a o adolescente, igual que los adultos, tardará cierto tiempo en procesar su duelo durante el que irá enfrentándose paso a paso con su dolor.
  • Hablar sobre la muerte con los niños acerca al menor a gestionar el proceso.
  • Hay que contestar a sus preguntas. Si se desconocen ciertas respuestas, trata de resolverlas junto a él o simplemente reconoce tu desconocimiento.
  • Puede ayudar darles protagonismo, hablar de su relación y encontrar el vínculo especial con la persona. Recordar un recuerdo especial del menor con la persona o de la relación entre el menor y el difunto. Cuidado de no sobreproteger generando un falso rol en el menor.
  • Utilizar siempre un lenguaje adaptado a los niños, tanto en vocabulario cómo en el tono o trato. 
  • Hablar de la persona difunta con el menor, contarle como era y cómo vivía. 
Existen aspectos que nos pueden llevar a errar cuando hablamos de la muerte con un menor. Es positivo tener en cuenta al informar: 
  • La muerte es universal. Deben comprender que todos nos vamos a morir, pero que es excepcional en personas jóvenes. Es importante que el niño o el adolescente acepte la realidad pero que no conviva con el miedo constante.
  • La muerte es irreversible. La metáfora del viaje puede hacer que se queden esperando, utilizar la imaginación para crear un lugar puede dar seguridad en el menor pero siempre explicando parte de realidad.
  • El siempre te querrá. Que el menor se quede con sensación una sensación positiva ayuda a gestionar el proceso.
  • Los sentimientos no se esconden. Pueden  manifestar su tristeza en forma de rabia o enfados, por eso es muy importante hablar con ellos, escucharles y explicarles lo que tu sientes. 
Estrategia
El cofre del abuelo y Juan.
  • Buscad una caja de cartón.
  • Coged papeles, cartulinas, pinturas, pegatinas y cualquier material reciclado para decorar y crear el cofre. Es muy importante que créeis el cofre juntos.
  • Introducid los siguientes objetos (si disponéis de ellos): una foto, algo que te recuerde a él y algo que le desees regalar. 
  • Meted un peluche o muñeco que poder abrazar, besar o hablar. Cada abrazo que le de será un abrazo directo para la persona.
  • Introducid un cuaderno y escribid una carta de despedida. En ella le explicaré al menor que a partir de ese momento podrá escribir cada vez que necesite contarle algo o explicarle lo que le echa de menos.
El cofre se convertirá en un lugar al que acudir cuando el menor se acuerde de la persona difunta. Servirá para poder abrazar cuando lo necesite y para poder seguir llenando el cofre de cartas cada vez que desee volver hablar. Será una forma de recordar y de canalizar sus emociones ante esa muerte.


Material complementario
  • Cuentos para trabajar el duelo con los más pequeños.
  • Libros para trabajar el duelo con adolescentes y mayores.

Ver más sobre los miedos de los menores en el Capítulo 20 de Educar sin varita mágica y en el siguiente enlace.

miércoles, 24 de enero de 2018

¿Mis miedos o sus miedos?


Un día, una muy buena amiga, nos dijo:
- ¡Mira, eso es lo que os decía!
Sutilmente nos señaló una madre y un hijo. Estaban cruzando un paso de cebra sin semáforo al cual los coches llegaban con gran velocidad. El niño parecía llegar risueño pero al empezar a cruzar cambiaba su rostro y aparecía la tensión. Lo que realmente nos señalaba Elena, nuestra amiga, era la mano entrelazaba de madre e hijo. Claramente se veía como la madre sonreía con cierta tensión y agarraba con enorme firmeza la mano de su hijo.
- Eso es lo que me pasaba a mí de pequeña. Recuerdo cruzar semáforos y calles agarrada a mi madre y notar como ella me apretaba. Creo que de ahí surge mi miedo a los coches.
Esa anécdota nos vale para comenzar esta entrada y es que Elena llevaba toda la razón. En muchas ocasiones los padres transmiten sus miedos a sus hijos y, en ocasiones, estos se contagian. La madre que nos señalaba Elena tenía toda la buena intención del mundo. Proteger a su hijo y disimular el miedo que ella tenía pero, como solemos decir, ellos son muy listos y perciben ese miedo.

Usemos otro ejemplo. Un niño de poco más de un año da unos pasos y se cae. Sus padres se levantan como un resorte a levantarlo con cara de preocupación. Es probable que nuestra visión pueda ser "Vaya padres más responsables y atentos" o, puede ser que pensemos "Un poco exagerados y sobreprotectores". Sea cual sea la opción en este caso nos vamos a centrar en la visión del menor. Cuando el padre se levanta corriendo él aprecia un miedo real en su cara y su reflexión, probablemente pase por pensar que existe un peligro real, que quizá si vuelva a caerse pueda lastimarse seriamente o que existan consecuencias a ese acto que no prevé. Esta visión es muy cotidiana. Un niño se cae. Si los padres se acercan rápido llorará porque entenderá que había un peligro e incluso que, si sus padres están tan preocupados, es que ha pasado algo, aunque aún no lo sienta. Si los padres se levantan tranquilos con un "Venga levanta, que eres un campeón" o simplemente esperan a que lo intente, él no llorará. Si nos levantamos intentando simular tranquilidad pero esta no es del todo real, es probable que llore, son muy listos y nos conocen muy bien. El lenguaje gestual es muy importante.

Finalmente os proponemos un último ejemplo. Se trata de un ejemplo científico en el que se estudia este fenómeno de la confianza paterna sobre los menores.


No se trata de culpar a nadie. Los miedos pueden tener un origen biológico, ambiental o, lo más común, una mezcla de ambos. Se trata de dejar que el menor afronte sus miedos, sea valiente sin llegar a inconsciente y permitirle explorar su alrededor con confianza. Inténtalo, es lo máximo que puedes hacer para permitir a tu pequeño crecer seguro y confiado de sí mismo.

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