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miércoles, 8 de abril de 2020

Anticipar días especiales a mi hijo


¿Cómo preparar a mi hijo ante una actividad diferente?

Debe ofrecerle seguridad, anticipar que algo diferente va a ocurrir. Puede tratarse de un cumpleaños, una prueba médica o la visita de unos amigos.

En este caso preparar a mi hijo va a necesitar de una sola e indispensable condición:  definir exhaustivamente el día. Quizá no sea necesario explicar todo tal y como será, pero si aportado la suficiente información para que se sienta seguro.

Si bien existe múltiples manera de afrontar ese evento, os proponemos una entendemos es especialmente eficaz. Consiste en crear un día mágico, no tiene porque ser divertido sino simplemente especial. Por ejemplo, imaginemos que tenemos que hacer una visita al médico porque nuestro hijo debe someterse a unas pruebas. Para comenzar a preparar el proceso pondremos un nombre al día. En nuestro caso concreto lo llamaremos Superhéroes.

Vamos a crear varios momentos de seguridad. Se trata de actividades o momentos que nuestro hijo puede entender como agradables. Desayunar chocolate con churros, estrenar una camiseta que le gusta, 5 abrazos mágicos a pedir cuando desee, visita a la Tía Ana, un rato de juego en el parque, llamar a mamá por teléfono etc.

Posteriormente crearemos juntos sobre papel un mapa que, en lugar de definir las calles, nos concrete cada uno de los pasos que realizaremos desde que nos despertemos. Puede ser por escrito o dibujado (no olvidéis incluir los momentos de seguridad). Desayunamos churros y chocolate, nos vestimos, cogemos el coche, nos apoderamos de un abrazo mágico, entramos en el hospital, hablamos juntos con los médicos, hacemos las pruebas, un rato de juego en el parque, vamos a la  farmacia, visita a la Tía Ana, etc.


Los días especiales, tanto por miedos, por alegría desmedida o incertidumbre, es importante hacer una asamblea acorde, una asamblea especial, más intensa y algo diferente. Consiste en centrarse en lo positivo y reforzarle (recordarle que es un campeón, que ha podido y de lo que es capaz). El resultado de este día ayudará a generar seguridad para la próxima situación complicada.


Anticipo una época diferente o complicada.
A lo largo de la infancia surgen situaciones que requieren de una especial sensibilidad y empatía con nuestro hijo. Puede tratarse de una mudanza, una separación o el inicio de la época escolar. Durante esas épocas nuestro hijo se sentirá especialmente vulnerable y necesitará que le ofrezcamos seguridad (no confundir con sobreprotección). Para ello utilizo una cartulina o varias hojas de papel unido. Vamos a crear un calendario en el que haremos tantos cuadros como días deseemos introducir en él.

Juntos escribimos los números y vamos, uno a uno, comentando lo que haremos, con quien estaremos y cómo podremos sentirnos. Se trata de anticipar situaciones y emociones para que comprendamos que, pese a lo difícil o diferente de la nueva situación, no hay nada que no podamos afrontar juntos.

Pediréis a vuestro hijo que dibuje o escriba en cada día lo más positivo o lo que más le guste de lo que tenéis previsto hacer.

Para finalizar lo colocaremos en un lugar a la vista de todos y se convertirá en nuestro indicador diario. Será una especie de recordatorio de que la situación está controlada y que, como ya habéis hablado, puede afrontarla.

Recordad que estos días que consideramos diferentes será muy positivo realizar la asamblea al principio y final del día.

Solemos olvidar que, al igual que nuestros hijos necesitan límites, también necesitan de una cierta estructura. Nosotros mismos sufrimos enormemente la incertidumbre, el miedo a no controlar situaciones. Imaginad lo que debe sentir una personita que no solo no domina la situación sino que apenas tiene recursos para afrontarla. Anticipar situaciones  y ofrecer cierto orden y planificación a nuestros hijos es, quizá, uno de los factores más olvidados en la educación doméstica, así que, ya sabes, pon remedio. 


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miércoles, 24 de enero de 2018

¿Mis miedos o sus miedos?


Un día, una muy buena amiga, nos dijo:
- ¡Mira, eso es lo que os decía!
Sutilmente nos señaló una madre y un hijo. Estaban cruzando un paso de cebra sin semáforo al cual los coches llegaban con gran velocidad. El niño parecía llegar risueño pero al empezar a cruzar cambiaba su rostro y aparecía la tensión. Lo que realmente nos señalaba Elena, nuestra amiga, era la mano entrelazaba de madre e hijo. Claramente se veía como la madre sonreía con cierta tensión y agarraba con enorme firmeza la mano de su hijo.
- Eso es lo que me pasaba a mí de pequeña. Recuerdo cruzar semáforos y calles agarrada a mi madre y notar como ella me apretaba. Creo que de ahí surge mi miedo a los coches.
Esa anécdota nos vale para comenzar esta entrada y es que Elena llevaba toda la razón. En muchas ocasiones los padres transmiten sus miedos a sus hijos y, en ocasiones, estos se contagian. La madre que nos señalaba Elena tenía toda la buena intención del mundo. Proteger a su hijo y disimular el miedo que ella tenía pero, como solemos decir, ellos son muy listos y perciben ese miedo.

Usemos otro ejemplo. Un niño de poco más de un año da unos pasos y se cae. Sus padres se levantan como un resorte a levantarlo con cara de preocupación. Es probable que nuestra visión pueda ser "Vaya padres más responsables y atentos" o, puede ser que pensemos "Un poco exagerados y sobreprotectores". Sea cual sea la opción en este caso nos vamos a centrar en la visión del menor. Cuando el padre se levanta corriendo él aprecia un miedo real en su cara y su reflexión, probablemente pase por pensar que existe un peligro real, que quizá si vuelva a caerse pueda lastimarse seriamente o que existan consecuencias a ese acto que no prevé. Esta visión es muy cotidiana. Un niño se cae. Si los padres se acercan rápido llorará porque entenderá que había un peligro e incluso que, si sus padres están tan preocupados, es que ha pasado algo, aunque aún no lo sienta. Si los padres se levantan tranquilos con un "Venga levanta, que eres un campeón" o simplemente esperan a que lo intente, él no llorará. Si nos levantamos intentando simular tranquilidad pero esta no es del todo real, es probable que llore, son muy listos y nos conocen muy bien. El lenguaje gestual es muy importante.

Finalmente os proponemos un último ejemplo. Se trata de un ejemplo científico en el que se estudia este fenómeno de la confianza paterna sobre los menores.


No se trata de culpar a nadie. Los miedos pueden tener un origen biológico, ambiental o, lo más común, una mezcla de ambos. Se trata de dejar que el menor afronte sus miedos, sea valiente sin llegar a inconsciente y permitirle explorar su alrededor con confianza. Inténtalo, es lo máximo que puedes hacer para permitir a tu pequeño crecer seguro y confiado de sí mismo.

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