miércoles, 12 de junio de 2019

Aprender a escuchar


La educación es la habilidad de escuchar casi cualquier cosa sin perder tu calma o tu autoestima.
Robert Frost
Como educadores estamos muy centrados en que nuestros chicos aprendan a leer, a escribir o a memorizar. Llega incluso a obsesionarnos estos puntos. No cabe duda de la importancia de estas y otras muchas destrezas pero olvidamos una que es incluso más importante. Es aquella que nos permite socializarnos con éxito, ser querido, sentirnos parte de un grupo, nos hace más efectivos, facilita la búsqueda y mantenimiento de empleo y que, cuando lo hacemos de forma correcta, nos proporciona un notable bienestar tanto a uno mismo como a quienes nos rodean. Esta destreza es saber ESCUCHAR.

Escuchar es casi un arte. Requiere saber cuando hablar, saber que escuchar y que oír, necesita que escuchemos a los demás pero también lo que nosotros mismos nos decimos. Algunas estadísticas afirman que solo escuchamos, de media, un 25%, de lo que el resto nos dice. Las estadísticas de cuanto nos escuchamos a nosotros mismos no existen pero seguro que asustarían igualmente.

Existen una serie de dificultades por las que nos cuesta escuchar:
  • Tenemos prejuicios. Creemos saber lo que la gente va a decir antes de que hable y perdemos el interés.
  • Nos puede la egolatría y no queremos más que oír lo que nosotros tenemos que decir.
  • En ocasiones carecemos de empatía para oír realmente lo que alguien quiere decirnos.
  • Falta la concentración necesaria. Sea por ruido, por estar pensando en otras cosas o por hacer dos cosas a la vez (por ejemplo estar con el móvil o ver la TV mientras conversamos).

¿Cómo podemos mejorar nuestras habilidades como oyente?
  • El primer paso es cambiar egoísmo por empatía. A todos nos gusta que nos escuchen pero pocos escuchan. Necesitamos ser justos. Escuchar con la misma atención e interés con el que queremos que nos escuchen a nosotros.
  • Cuando hables deja el móvil, apaga la TV o la radio, pospón otros pensamientos que ocupen tu mente. En definitiva, céntrate en esa persona y esa conversación. Es lo justo.
  • Se asertivo. Deberemos respetar y hacer respetar nuestro espacio a la vez que respetamos y hacemos respetar el de los demás. Es decir, tengo el mismo derecho a expresarme que tiene el resto.
  • No vale con estar atento, debemos demostrarlo. Cuantas veces nos han dicho que nos escuchaban pero al no parecerlo nos han desesperado. Mira a los ojos, asiente, sonríe, cuida tu lenguaje corporal... 
  • Haz sentir bien a la persona que está en frente. No significa ser sumisos o dar la razón aunque estemos en desacuerdo. Comparte tu opinión, tus sentimientos, ofrece un punto de vista sincero y respetuoso, no interrumpas, sé lo agradable que puedas, etc.
  • No temas el silencio. Sabemos que puede resultar incómodo en ocasiones pero, como bien dijo Borges, "No hables a menos que puedas mejorar el silencio". Practica esos silencios y no les temas porque pueden llegar a ser un gran aliado.

RECURSO EXTERNO.

miércoles, 5 de junio de 2019

Las aventuras de Ulises de Rosemary Sutcliff

Foto de Begosainzm

Título: Las aventuras de Ulises - La historia de la Odisea.
- Autores: Rosemary Sutcliff.
- Edad recomendadaDe 11 años en adelante.
- Puedes encontrarlo en: Santos Ochoa.
- Precio orientativo15.80€.
- ¿Por qué quiero que mi hijo lo lea?: Porque valoro que conozcan a los clásicos (a su nivel) pero, a la vez, busco una lectura que no le haga sufrir sino disfrutar con el rato de lectura.
- ¿Por qué querrá leerlo tu hijo?: Porque sus aventuras, su historia fantástica o sus personajes le van a apasionar. Porque es un libro sencillo de leer, con unas ilustraciones realistas y preciosas y porque es un libro que les permite volar mientras recorren sus páginas.

Finalizada la épica guerra de Troya, Ulises, uno de los caudillos griegos más afamados, emprende con su flota de naves negras el regreso a su añorado reino de Ítaca. En su accidentada y larga travesía, el héroe recorre multitud de escenarios y se enfrenta a numerosos peligros, que ponen a prueba su temple. Pero para vencer al cíclope Polifemo o superar los escollos de Escila y Caribdis, para resistirse al canto embriagador de las sirenas o aniquilar a la turba de pretendientes que cortejan a su fiel esposa Penélope, el solitario héroe ha de reunir una serie de cualidades excepcionales que hacen de él un verdadero modelo para la humanidad: Ulises es inteligente, astuto, hábil, calculador, ingenioso y embaucador, pero también generoso, leal, sufrido, perseverante, diestro artesano o experto narrador. Sólo un hombre tan versátil puede sobrevivir a los terribles peligros de un viaje que se constituye en un simbólico aprendizaje de vida.
Pocas formas de adentrase en los clásicos como la presente adaptación de La Odisea de Homero. Comienza el relato con las aventuras de Ulises tras la caída de Troya. Los Tracios, la hechicera Circe, los feacios, el Dios Eolo o la ninfa Calipso van apareciendo en un relato apasionante, hasta su regreso a Ítaca. Todo ello maravillosamente ilustrado por Alan Lee.

Las aventuras de Ulises es una historia fantástica, apasionante, que logra enganchar desde sus primeras páginas. Se trata de un libro sencillo y que, hasta el momento, siempre ha respondido a las expectativas de nuestros alumnos que lo catalogan, como media, de muy recomendable con nuestras 4 estrellas.


¿Cómo trabajar el libro?
Contrariamente a lo que suele parecer, la historia, los clásicos o la mitología fascinan a los jóvenes si se les transmite de una forma intuitiva para ellos. Aprovechar para relatarles otras historias mitológicas, mostrarles las metáforas que encierra, reinvindicar las enseñanzas que leyendas como la de Sísifo o Pegaso proponen es un forma de aprender jugando.
Además, podemos aprovechar para saltar a otras culturas en los que la mitología ha resultado tan esencial como fascinante como la vikinga, la romana, egipcia o china.

Si quieres ver más reseñas realizadas por Educar sin varita mágica pincha aquí.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Papás... ¿y ahora qué hacemos?


Anticipar mi día consiste simplemente en decidir que haré a lo largo de la jornada. Lo hacemos constantemente, puede que a penas sin darnos cuenta cuando estamos en la ducha organizando los recados, puede que sea con tu pareja en el desayuno mientras planificáis horas y actividades. Algunos lo hacen de forma casi inconsciente mientras que otros utilizan una agenda en la que detallan cada momento. Sea como fuere, los adultos necesitamos tener mínimamente controlada nuestra vida, cualquier persona incluso la más flexible y desestructurada requiere al menos de dos ocasiones a lo largo del día para pensar en lo que hará poco después o al día siguiente.

Pues bien, los niños tienen la misma necesidad. La diferencia estriba en que, además de requerir de ese relativo orden, ellos dependen de que una segunda persona sea quien ordene su día a día. Aunque a veces no queramos verlo, la libertad absoluta no nos gusta, ni a nosotros ni a ellos. Los seres humanos necesitamos, todos, seguridad, confianza y armonía, aspectos poco compatibles con la incertidumbre. Plantéate que sería de un día cualquiera en el que no sepas que tienes que hacer, dónde vas a ir o con quién vas a estar. ¿Notas los nervios? A los más pequeños les pasa lo mismo.

Por eso, a veces nos aburren con preguntas como ¿ahora a dónde vamos?, ¿qué hacemos ahora? ¿y después que vamos hacer?. Son dudas completamente lógicas, solo buscan ese control que todos demandamos y tratan de encontrar respuestas de una forma más insistente y torpe que los adultos. El no saber, el desconocimiento, genera miedo, nervios o frustración que pueden ser origen de discusiones, provocar dolores, les lleva a evitar situaciones, rechazar a los demás, etc.

Grandes maestras, las profesoras de infantil, definen la estructura de sus días en la asamblea de Buenos días. En dicha asamblea recuerdan lo que ocurrió el día anterior, evalúan como los alumnos se sienten en ese momento, planifican el día (programación de actividades generales, sin concretar, crean una estructura) y realizan una asamblea final (comprueban si queda algo pendiente de resolver o algo importante que decir). Saben que esa dinámica proporciona seguridad a esas cabecitas inseguras pero ávidas de aprender y descubrir, o lo que es lo mismo, les ofrecen la tranquilidad y estructura que necesitan para que puedan sentirse cómodos y funcionar mejor.

Hasta los cinco años, la mayoría de niños funcionan así de lunes a viernes. La cosa parece ir bien. Pero, de repente, una mañana, sin que nadie te avise, llega primero de primaria. ¡Vaya! Mesas grandes, hojas y a escribir. Ya no existen asambleas, ni mi profesora me dirá que haremos a lo largo del día pero, ¡Tranquilo, porque aparece en mi vida el horario!!! En él tengo, una tras otra, las horas de la mañana y qué trabajaremos en cada una de ellas. ¡Bien! Algo de control, ya puedo respirar.

¿Os habéis preguntado cuantas veces miran el horario al día los niños en clase?. Posiblemente no menos de 6. Unas veces porque desean simplemente que termine la mañana, otras porque quieren que llegue su asignatura favorita pero, en la mayoría de ocasiones, simplemente porque es su línea de seguridad, su flotador mental. 

Entonces, si es tan importante por la mañana ¿qué ocurre con la tarde? ¿y con los fines de semana?
Pues efectivamente no hay mucha diferencia, continúan teniendo las mismas preguntas y las mismas necesidades de respuesta y control. Esto no significa que tu hijo necesite conocer al milímetro lo que haréis a lo largo del día, simplemente necesita una orientación mínima. Si es posible lo prefieren por escrito (les proporciona más seguridad verlo y poder repasarlo) pero, de no ser posible, siempre será mejor verbalizarlo que dejarlo pasar por alto.

No he hecho esto nunca, ¿cómo puedo ofrecerle esa seguridad?
Es normal que, al menos al principio, nos veamos torpes o ridículos a pesar de la buena intención. Por eso, os proponemos alguna estrategia para que ayudéis a crear seguridad a vuestros hijos, favorecerles una mejor gestión emocional y, a la vez, conseguiremos para nosotros mismos un mejor funcionamiento, sin tantas discusiones, castigos, mentiras y descontrol.  

¿Cómo podemos preparar un día cualquiera?, ¿un fin de semana?, en la práctica ¿qué puedo hacer para que se sienta más seguro?

- Asamblea de Buenos días (Duración: 10 minutos).
Sería genial poder sentarnos un poco a hablar tranquilamente juntos pero, entendemos que esto no siempre es posible. Basta entonces con hablar con él en el desayuno o mientras se viste. Le recuerdo eso positivo que ocurrió ayer, la actividad tan divertida que tendrá esta tarde (por muy pequeña que parezca) o le apoyo con auto instrucciones como Hoy va ser un día genial, me apetece muchísimo pasarlo juntos. Recuerda que la actitud lo es todo y que, el mero hecho de verte sonreír, que le dediques unos minutos o que empatizas con él ya es un punto de partida perfecto para un nuevo día.

- Planificación (Duración: 10 minutos).
Utilizo la pizarra de su habitación o la que tengo en la cocina para apuntar la compra. Un trozo de cartulina o incluso un papel podría ser suficiente.
¿Qué es lo que tengo que escribir? Lo que vosotros ya tenéis previsto hacer. No se trata de planificar más de lo necesario, cambiar rutinas o agobiarse con planes. Tampoco importa demasiado que aparezcan tiempos muertos o cambios de planes a lo largo de la jornada. El objetivo no es preparar a nuestro hijo una agenda ajustada e infalible sino informarle. Simplemente cuéntale, más o menos, lo que toca hoy. Explícale cada actividad y anticípale los posibles cambios, dudas o explicaciones acerca de nuestro día.

Os mostramos un posible ejemplo:
  • Desayunamos y nos arreglamos.
  • Paseo por el monte.
  • Iremos un rato al parque.
  • Comida en casa de Luis.
  • Recados, si nos dan tiempo.
  • Café con María y Pedro. Intentaremos ir a una cafetería con zona niños pero no sabemos si habrá en la zona.

- Asamblea final (Duración: 10 minutos).
Llega la hora de dormir. Se asea y acuesta solito.
Me arrimo a su lado y, antes del cuento de buenas noches, le pregunto:
  • ¿Cómo te has sentido hoy?
  • ¿Qué crees que podrías o podríamos mejorar del día?
  • ¿Qué es lo mejor que te ha pasado hoy?
  • Del 0 al 10 (siendo 0 horrible y 10 hiper feliz), ¿con qué número definirías tu sentimiento del día? (ver termómetro emocional en la página 56 del libro).
  • Le cuento que ha sido lo más especial de mi día.

Leemos el cuento y a dormir...