miércoles, 17 de junio de 2020

8 consejos para un verano feliz


Llega el verano y con él el tiempo libre, los viajes, la piscina o los helados. Pero no llega solo, también le acompañan los cambios de rutina, muchísimas horas con nuestros hijos, el calor y, a veces, los problemas familiares.
Las vacaciones generan unas enorme expectativas que, si no las gestionamos bien, no siempre se cumplen como deseamos. No obstante, agosto es por algo el mes con mayores estadísticas de divorcios y separaciones. Estas figuras legales no valen entre padres e hijos pero dejan claro las tensiones que se pueden generar en esta época del año.

¿Empiezo a temblar entonces?
Por supuesto que no. Prepara el bañador, la toalla y los mejores planes que se te ocurran. Pero no olvides meter en la mochila algunas estrategias que te permitirán, no solo sobrevivir al verano, sino disfrutarlo como todos merecéis. Sí, decimos todos, no solo los pequeños.

8 consejos que podrías aplicar a vuestro verano
1. Nuestros hijos están de vacaciones. Trata de organizar su verano de forma que combine las actividades entretenidas con la tranquilidad. Durante el año están sometidos a mucho estrés de clases, extraescolares, deberes... así que no le busques actividades, campamentos o excursiones para cada día, especialmente en los niños de infantil y primeros años de primaria. Busca tiempo de calidad con ellos. Respirad. Permite que se aburra y use su imaginación para entretenerse.

2. Las mañanas son clave. Es el momento de la rutina, los quehaceres y el trabajo (si es necesario). Sin necesidad de grandes madrugones, dormir en exceso tampoco es positivo. Deja que la luna de la mañana despierte a tu hijo (no bajes del todo la persiana), desayunad juntos, aprovechad para diseñar el día y, una vez acabado, toca seguir nuestro plan de trabajo. Depende de la edad podemos hablar de hacer la cama, asearse, leer, trabajar las recuperaciones de septiembre o ayudar con la limpieza doméstica. Cualquier cosa. En el libro, Educar sin varita mágica, os sugeríamos seguir una Economía de Fichas, tremendamente útil para estos menesteres. Pretender que realicen estas rutinas después del parque, la playa o la piscina es ingenuo y doloroso para todos, así que organizar para luego no lamentar.

3. Las noches también lo son. Es normal acostarse un poco más tarde pero es bueno recordar que las rutinas les suelen dar tranquilidad y les hacen sentir más seguros. Estar atentos a la hora de cenar e ir a la cama es importante. Por supuesto un día es un día, así que coge una manta y en cualquier noche de lluvia de estrellas huir a un sitio oscuro y tranquilo y disfrutad de esa magia sin mirar el reloj.

4. Preparad planes especiales, no necesariamente grandes. Hacer un bizcocho, visitar a ese amigo de la familia, viajar, ver una lluvia de estrellas, ir a unas pozas, hacer una marcha nocturna... hay tantos planes posibles como días. Elegid cada vez uno, lo más consensuado posible. Todos tenemos derecho a plantear nuestra opción.

5. Socializa más, digitaliza menos. Facilita que queden con amigos, se reuna, prepare planes con gente. Pocas cosas son mejores para ellos así que pónselo fácil. Por contra, el exceso de tiempo con pantallas, consolas, tablets o móviles será una pequeña derrota para todos.

6. Naturaliza a tu hijo. Tanto si somos urbanitas como si somos de un pueblo a nuestro hijo es más que probable que no le sobre tiempo en la naturaleza. Busca excursiones, paseos, actividades que lo lleven a explorar su entorno. Dormirá mejor, es más sano, más estimulante y se sentirá más feliz. ¿Cuántas veces tras una excursión has vuelto pensando, pero por qué no vamos más con lo bien que estamos? Pues eso, ¡vamos para el monte cual cabras!

7. Usa (pero no abusa) de abuelos, amigos o compañeros. Cambiar de entorno, buscar combinaciones, organizarnos para llevarnos a varios de los amigos de nuestros hijos para que ellos disfruten a tope mientras que el resto de padres tengan tiempo para ellos. Hay miles de opciones solo hay que querer buscarlas.

8. 1+1+1. Algunos padres nos comentan que no saben como equilibrar su tiempo con el de sus hijos. Ahí va nuestra sugerencia: el 1+1+1. Consiste en tratar de repartir el tiempo de nuestros hijos es tres partes bien diferenciadas. Una de ellas serán planes organizados y estructurados. Esa parte es cuadriculada pero necesaria para sentirnos bien todos. Los pequeños están acostumbrados a horarios y rutinas y el verano puede desestabilizarlos un poco. La segunda parte será para innovar e improvisar. Hacer tonterías con nuestros hijos es una idea genial que solemos pasar por alto. Buscad planes de último momento, dejaros llevar. La tercera y última parte es más individual. Se trata de tener un tiempo para cada uno. Tanto él como nosotros necesitamos nuestro tiempo de tranquilidad, cuidado personal y hacer "nuestras cosas". Deja que piense, juego con lo primero que encuentre y disfrute de él mismo y su propia imaginación. Es un tesoro con el que no siempre dejamos que disfruten.
Por supuesto no es necesario que cada parte se reparta equitativamente y mucho menos cada día por igual, pero si que es plantea un equilibrio positivo para todos.

Sigue estos consejos, modifícalos, dadles vuestro toque personal o invéntate otros. Todo vale si es con buena intención y ganas de hacerlo bien.

¡Feliz verano a todos y todas de Educar sin varita mágica!

¿Cómo afronto las vacaciones de verano?

¿Qué ganas tengo de que se acaben las vacaciones y vuelvan a clase? 
Esto de vacaciones tiene poco
Son algunas de las frases que solemos escuchar o decir cuando las largas vacaciones estivales nos superan. No estamos acostumbrados a pasar tantas horas con ellos y su constante atención y demanda nos supera. Es quizá esta la clave. El poco tiempo que compartimos gran parte del año nos acostumbra a estar demasiado pendientes de él. Tanto para el hijo como para el padre esta relación se convierte en habitual y ni él se acostumbra a jugar solo ni nosotros sabemos ocuparnos de nuestras tareas o disfrutar de nuestro tiempo cuando estamos juntos. Aprender a compartir espacios y momentos sin que necesariamente implique que interactuemos todo el rato será la clave de la felicidad de ambos.

Parece sencillo pero, ¿cómo lo hacemos?
  1. Planifica. Hacer un calendario, plantear las actividades a realizar de forma conjunta y representarlo en una cartulina hará todo más fácil (os proponemos una actividad similar para ver como realizarlo aquí). 
  2. Genera ciertas rutinas y responsabilidades para las semanas de vacaciones. Trata de establecer junto a él una parte del día estructurada. Puede ser su media hora de lectura, de instrumento, de pintar o de repasar conceptos que nos entendimos bien en el curso. Se trata de que no olviden la generación de responsabilidades. Según se acerque el inicio de las clases trataremos de poner en marcha un plan de adaptación como éste.
  3. Organízate con amigos o familiares. Busca a gente dispuesta a compartir responsabilidades. Puedes organizar una actividad para varios niños hoy tú y la semana que viene otra persona. Ayudará a socializar, compartir, será una plan atractivo para ellos y descargará las agendas de adultos.
  4. Prepara planes diferentes y útiles para todos. Cocinar juntos lejos de ser un deporte extremo puede ser algo interesante para todos: colaboración, autonomía, asumir responsabilidades, entender lo que la preparación de comida representa, trabajo en equipo, etc. Limpiar, preparar maletas, organizar las cosas de la piscina o playa... Nuestros hijos están deseando asumir responsabilidades, eso sí, las necesitan como en los muebles de IKEA. Paso a paso, todo muy clarito y con las herramientas disponibles.
  5. Asegura que tenga materiales a mano para sus tiempos libres. Pueden ser pelotas, legos, papel y pinturas, mandalas... lo que creas oportuno siempre que le permita entretenerse, sin sobreestímulos y, a ser posible, que le permita hacer cosas que te parezcan interesantes del tipo manualidades, lectura, pintura, música, etc. Esto vale para casa, los viajes en coche y las salidas. Creemos que proveer de demasiadas cosas a la vez puede ser contraproducente. Os proponemos, por ejemplo, tener un cajón o una caja en la que cambiemos periódicamente ese tipo de elementos a modo de sorpresa.
  6. Limita sus diversiones poco positivas. Nos referimos a las horas de móvil, de TV o de juegos de ordenador o consola. Estructura unos tiempos máximos en el calendario o haz que gane ese tiempo extra con actividades que os resulten más positivas. 
  7. Trata de que descubra el aburrimiento. Nooooo.. no decimos que le aburras tú pero si que entienda un concepto que ha pasado a ser nuevo y aterrador para los niños actuales: el aburrimiento. Durante el curso es difícil que se acerquen a él así que es un buen momento para ello. El tedio, la monotonía, el no tener que hacer es parte de la vida y necesitan descubrir que debemos asumirlo como tal. Deja que sea el mismo en que piense actividades a realizar, que busque trucos, imagine. Todo ello es fantástico para él. Recuerda que tú no eres el salvador de sus aburrimientos y tampoco lo es la TV, el móvil o los videojuegos. 
  8. Durante el verano los menores frenan su aprendizaje académico lo que provoca que pierdan hasta un 40% de lo aprendido el año anterior, especialmente en lengua y mates. Trata de evitar esto. Para ello busca un plan de lectura (mira estas estrategias), aprovecha cualquier excusa para practicar las mates (las recetas que utilizamos en cocina, su deporte favorito, las cuentas cuando quiere comprarse algo), revisa juegos en los que las matemáticas sean esenciales, etc. Hacer deberes no tiene porque ser "hacer deberes". Utiliza la imaginación y ofrece opciones.
Disfrutar de las vacaciones es un derecho de todos, de padres e hijos, y necesitamos respetar en enseñar a respetar esos derechos. Así que, trata de organizar vuestra agenda y vuestra vida de forma que todos seáis felices puesto que no hay mejor forma de querer al menor que desde la felicidad propia.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Estrés, ¿aliado o enemigo?

Existe un sinfín de estudios acerca de las bondades y, sobretodo, perjuicios que genera el estrés. Tras mucho leer y mucho experimentar en carnes propias y ajenas nos atrevemos a concluir que un punto de estrés en nuestra vida es sano e incluso necesario. Es la forma de asegurarnos que no vivimos estancados y en una eterna zona de confort.

El estrés (en latín stringere, que significa apretar) implica una amenaza o una exigencia más elevada de lo normal. Es decir, puede resultar dañino o una forma de avanzar y moverse. Esa es la clave.
Sin nada de estrés, es decir, sin retos, tendemos a tumbarnos, a parar, a conformarnos. ¿No os pasa que, después de una época intensa, os ponéis malos en cuanto os relajáis?, ¿o que empiezas queriendo no tener estrés y acabas viendo mierda en la tele que acaba estresándote más al pens
ar que estás tirando decenas de horas a la basura?
Un punto de estrés es clave y lo ideal es que surja de la autoexigencia, no en espera de que algo vaya mal. Véase que mi jefe me amenace con despedirme, mi hijo empiece a salirse del tiesto o mi pareja comience a plantearse el divorcio. Exigirse dar lo mejor de sí es una receta maravillosa, porque, no solo te sientes bien contigo mismo, sino que haces sentir bien al resto y, aún mejor, evitas que aparezca el estrés malo.
El estrés bueno te exige estar despierto, atento, tratar de tomar consciencia de lo que pasa a tu alrededor. Cansa, pero es un cansancio que aporta, es positivo.
Ahora bien, qué ocurre cuando aparece el estrés malo. La amenaza. El que duele y no aporta. Pues que toca reflexionar como controlarlo, anticipar posibles situaciones y poner soluciones que lo controlen. Toca saber decir que no a ciertas cosas, sean buenas o malas. Toca ser asertivo. Toca tomar el control de nuestra vida, al menos hasta donde podamos llegar.
El estrés puede resultar un aliado en nuestro camino hacia el crecimiento personal o puede ser un enemigo que nos coma por dentro. Nos toca elegir a nosotros, ¿estrés bueno o estrés malo?

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miércoles, 6 de mayo de 2020

Rutinas. Una lucha de buenas contra malas


La palabra rutina, del francés routine, hace referencia a esa ruta que hemos caminado muchas veces. Ese camino que conocemos de memoria y hemos interiorizado. 

El término es tan amplio que es capaz de encerrar en su concepto aspectos tremendamente positivos, las rutinas favorables, y formas de actuar ineficientes e incluso dañinas, las rutinas desfavorables. Aunque el proceso de creación sea similar, tanto como las afrontamos como nuestra actitud ante ellas es muy diferente, así que veamos por separado.

A. RUTINAS POSITIVAS
Aunque no tengan muy buena publicidad, las rutinas facilitan nuestro día a día. Nos hacen eficientes. Cuando automatizamos ahorramos recursos. Lavarme los dientes al acabar de comer, ducharme antes del desayuno, leer antes de dormir... tras unas cuantas repeticiones, asimilamos el hábito que llega para quedarse. 
Ya hablamos de cómo instaurar hábitos en 66 días en una entrada anterior (ver entrada), así que no insistiremos en ello. Tampoco en la importancia enorme que tiene para niños y adolescentes asumir rutinas en su aprendizaje (cómo ya explicamos, por ejemplo, en lo que a deberes respecta). Lo que queremos es ahondar en lo beneficioso de las mismas a nivel de salud, tanto física como mental. Importantes estudios han encontrado relación entre la adquisición y uso de hábitos durante el día con un sueño más saludable y, con ello, una mayor estabilidad emocional y mejor salud mental (ver estudio completo aquí). También se ha encontrado una relación significativa entre aquellas familias que generan rutinas y una menor impulsividad, rabietas y comportamientos oposicionistas en sus hijos/as (ver estudio aquí). 
Las rutinas mejoran nuestra salud y nuestro sueño
Los menores que viven en entornos estables y con rutinas definidas muestran un menor impulsividad y menos pautas desafiantes.
Adquirir hábitos no es cool, no suena bien, nos hace sentir viejos y acomodados pero son absolutamente importantes. Saca el loco o loca improvisador que llevas dentro en momentos concretos. Sé creativo en lo que quieras serlo, pero no vivas del caos porque no te ayudará a ti ni a quienes tienes cerca. 
Quizá sea momento de instaurar tomar un té con esa amiga los martes, de levantarse 15 minutos antes para comenzar el día tranquilo o salir a correr tres días por semana. Medita, elige y ¡a por ello!

B. RUTINAS NEGATIVAS
Pero las costumbres no siempre son positivas. Existen dos casos claros en los que las rutinas nos hacen daño:
  • Cuando nos ahogan y producen sensación de monotonía y hastío.
  • Cuando hemos adquirido rutinas negativas, dañinas o que nos provocan una pérdida de control o de tiempo.

Ambos casos, más comunes de lo que quisiéramos, exigen soluciones. Romper con la rutina consta de dos fases increíblemente intuitivas de enumerar pero difíciles de llevar a cabo. 

1. RECONOCE LA RUTINA NEGATIVA
Lo primero es reconocer esa rutina negativa. Os ponemos algún ejemplo: "Quiero dejar de comer mierdas" o "No tengo tiempo para nada". Ese tipo de frases, ante estos u otros temas, aparecen en nuestra mente e incluso las verbalizamos cotidianamente pero, ¿realmente las interiorizamos?, ¿somos conscientes de que es un problema a solucionar o es una queja de algo que no estamos dispuestos a cambiar? Ser conscientes es un paso fundamental en todo y, aunque nos cueste reconocerlo, rara vez llegamos a dar el paso de reflexionar sobre la cuestión.

2. DECIDE SI QUIERES ELIMINARLA DE TU VIDA O NO. ASUME TU LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD COMO CREAS OPORTUNO
Una vez reconocida la dificultad es importante asumir que el reconducirla es un derecho. Nadie nos va a obligar a cambiarlo. Somos libres de tomar esa decisión con honestidad. ¿Realmente quiero hacer el esfuerzo de cambiar?, ¿me interesa?, ¿estoy dispuesto a poner la fuerza de voluntad que exige?

3. TRAZA UN PLAN
¡Pues, hazlo! Es un buen consejo pero a nadie le va mal un poco de ayuda. Si con esa autoinstrucción eres capaz de cambiar tus hábitos olvídate de lo siguiente. Por si acaso, recomendamos unos pasos muy sencillos y útiles aptos para terrícolas. 
Es probable que sean muchas las cuestiones a eliminar, modificar o retocar. Haz una lista y prioriza. De una en una. Por orden de importancia. Cuando la tengas concéntrate en una de ellas. Selecciona una que sea importante para ti pero, a ser posible, no demasiado difícil. Necesitamos creernos que somos capaces y, quizá, dejar de fumar no sea la mejor opción para darnos moral. 
Busca una línea de seguimiento que te ayude a ser constante y a tenerlo en mente. Puede ser una alarma en el móvil, nuestra hoja de Cómo cambiar un hábito en 66 días, exponlo a tu gente para sentir una presión positiva para el cambio o publícalo en tus RRSS. Lo que sea que te funcione y ahora sí ¡Pues, hazlo! 

Genera y cuida las rutinas positivas, especialmente en lo que concierne a los pequeños, vuélvete loco cuando realmente sea el momento de improvisar o lo necesitas y toma consciencia de tus malos hábitos y modifícalos según tus intereses. Pocos caminos harán tu vida más sencilla y relajada que estos.

RECOMENDAMOS.

miércoles, 29 de abril de 2020

Contrato Laboral, una estrategia eficaz para las normas de casa | Consejos para padres


Poner normas no es nada fácil, como ya decíamos en la entrada anterior (ver Normas para casa). Existen múltiples formas de aplicarlas aunque lo más común son las economías de fichas (ver en libro Educar sin varita mágica). En esta ocasión os vamos a proponer una variante: el contrato laboral.

Edad: de 8 a 18 años (con las conseguidas adaptaciones según edades).
Objetivo: crear una dinámica que ayude a asumir las normas en casa de una forma consensuada y práctica.

¿Cómo utilizamos el contrato laboral en casa?
Tal y como ocurre con cualquier estrategia, si queremos que sea efectiva tiene que ser consensuada, pensada y firme. Quizá os resulte útil seguir estos pasos:

  1. Antes de hablar con el menor, plantea con tu pareja (si la tienes y colabora) que objetivos os planteáis en un principio. Empezar con cosas asequibles pero que motiven al menor será clave. Puede ser cosas como: ducharte solo, recoger tus juguetes, hacer la cama, poner la mesa.... 
  2. Plantearos que recompensas estáis dispuestos a asumir. El contrato plantea recompensas en céntimos. Sabemos que no es lo ideal pero es realmente efectivo. En el caso de chicos que ya tienen paga es un motivo formidable para ganársela; para quienes no queráis que haya dinero por medio (nosotros en clase así lo hacemos), ese dinero son puntos que se canjean por premios previamente estipulados.
  3. Una vez tengamos esta base clara toca diseñar y firmar el contrato. Juntaros todos, incluido el/los menor/es. Respetar el proceso sin interrupciones ni teles de fondo. Por ejemplo, las tardes-noches de los domingos son un momento perfecto.
  4. Darle la palabra y contad con ella. Se trata de construir algo positivo para todos y es necesario que se sienta participe. Quizá sea más ambicioso que vosotros o busque objetivos y retos propios. Dejadle que construya. 
  5. Negociad con él o ellos, sin traspasar las líneas rojas que ya habíais acordado. Buscad justicia.
  6. Recoged en el contrato laboral os acuerdos establecidos. ¡Firmadlo! Es la base de todo contrato y eso le hará entender (y nos hará entender a nosotros) que un contrato es para cumplirlo.
  7. Buscad que cada uno de los puntos esté en positivo. Es decir, mejor "Hablar bien" que "No decir tacos" o mejor "Ducharse cada día" o "No ser un cerdo".
  8. Colgarlo en un lugar accesible, por ejemplo, la puerta del frigo o en la pared de su habitación.
  9. Revisarlo y rellenarlo diariamente. Por ejemplo, justo antes de cenar. Dejad que lo haga él y simplemente aseguraros de que es objetivo (para bien y para mal).
  10. A lo largo de la semana reforzad los esfuerzos y, al final de la misma, cumplir vuestra parte de recompensas. 
  11. Periódicamente, según veáis que pierde eficacia, modificar los puntos a trabajar, ampliarlos, reducirlos según os parezca más útil. Lo mismo con las recompensas. 
  12. En el momento en el que uno de los objetivos se de por consolidado, es momento de eliminarlo de los objetivos del contrato y recompensar por ello. Lo ha conseguido y eso es el motivo y misión del contrato laboral, así que es momento de darnos la enhorabuena todos y celebrarlo.
  13. Ser consecuentes con las posibles pérdidas de refuerzos.

Contrato Laboral: el documento.
- Comienza con un apartado de datos iniciales:

  • Nombre del trabajador: el pequeño o pequeños.
  • Fecha de formalización: el día que se firma. Podría ser los domingos tarde-noche.
  • Nombre responsables de empleo y sueldo: vosotros, los padres o profes.


- Las normas a perseguir se ubican en las condiciones del contrato. Diferencia entre tres categorías, aunque se pueden mezclar o eliminar según vuestras necesidades. Son las siguientes:

  1. Normas a cumplir. Se trata de nuestros objetivos reales para la/s semana/s. Esa norma que queremos empezar a implantar y que creemos que puede ser positiva para todos. Algo que no hayamos conseguido hasta ahora y creemos que es el momento. Puede ser recoger su plato al acabar de comer; leer antes de dormir o recoger sus juguetes cuando acabe de jugar. Son el objetivo principal del contrato y la única de las categorías que siempre debemos cumplimentar.
  2. Obligaciones. Normas básicas. Son líneas rojas de nuestra convivencia. Puede ser desde "Hablar en buen tono" o "Tratar bien a tus hermanos" a "Lavarse los dientes".
  3. Responsabilidades. Colaboraciones. Se trata de actividades en las que busquemos la implicación del menor sin ser cosas que creamos absolutamente necesarias. Es algo así como "cosas que hace un hijo modelo". Puede ser comprar el pan, bajar a pasear a nuestro perro o bajar la basura. Siempre dependerá de nuestros objetivos. Para algunos una actividad concreta puede ser una obligación, mientras que en otra casa sea una responsabilidad.

- La parte de Requisitos Económicos es muy útil para darle credibilidad al contrato. Permite establecer un tope de puntos, algo que resulta muy útil cuando hemos decidido una línea roja de paga, por ejemplo.

- El contrato, en su dorso, ofrece una opción de "Incentivos extraordinarios". Es una parte que nos permite más libertad, tanto a él como a nosotros. Por ejemplo, el puede sugerir que, sin ser su obligación, le apetece un día haceros el desayuno. Es su decisión y es genial. Simplemente valoraremos los puntos que tal actividad merece (Apartado de Actividades Extra Acordadas). Aún más interesante. Imaginemos que un día, sin haber hablado nada del contrato, hemos visto a nuestro hijo ayudar a un niño que se ha caído en el parque o ha decidido hacer una actividad extra en el cole. Esa conducta merece un refuerzo enorme y, si lo consideramos pertinente, esa misma noche, mientras rellenamos el contrato del día, le diremos que eso que ha hecho bien merece unos puntos extra. Los escribís, lo valoráis y le dais la enhorabuena por la iniciativa (Apartado de Actividades Extra No Acordadas).


- Firmad el contrato todas las partes. Es absolutamente importante para ellos y os ayudará a todos a entender que es algo a cumplir. ¡A todos!

Se trata de una estrategia sencilla y tremendamente eficaz. Descargad el documento en pdf y sentiros libres de usarlo, imprimirlo y compartirlo cuanto queráis. Es vuestro.



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viernes, 17 de abril de 2020

Escape Room Coronavirus I Opciones para situaciones de confinamiento IV


Estos días encerrados resultan duros. No se trata de calibrar para quien más o menos, se trata de superarlos y, si es posible aprender algo de esta terrible lección. Desde Educar sin varita mágica queremos poner otro granito de arena a los miles de ellos que ya estáis aportando tanta gente. Por eso, cada día de la semana os propondremos una opción para casa. Esperemos que alguna os sirva.

Viernes 17 de abril. Escaperoom (BreakOut EDU)
¿Un poco de diversión diferente?, ¿estamos preparados para contribuir a salvar al mundo? Parece que nuestros días en casa sin poder ayudar han llegado a su fin y un misterioso científico nos necesita para tratar de resolver todo este lío del COVID-19.

Para jugar necesitamos dos dispositivos con Internet (dos móviles, dos ordenadores, combinados, tablets...) y dos personas dispuestas a trabajar en equipo para salvar al Dr. Quiz. La propuesta está abierta: padre-hijo; dos hermanos; dos compañeros de clase a distancia... todo vale si es por este fin.

Cuando tengáis los dos jugadores tendréis que pulsar a la vez vuestro voto. Decidid quien será el Colaborador 1 y quien el 2 y... suerte! El mundo puede estar en vuestras manos.





Son varios los lugares que nos han servido como base o idea para varias de las pruebas del EscapeRoom, a todos ellos les agradecemos la iniciativa. En nuestro caso simplemente le hemos querido dar una perspectiva más aplicable a chicos de edad escolar y fomentar el trabajo en equipo.

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miércoles, 15 de abril de 2020

Donuts caseros I Opciones para situaciones de confinamiento II


Estos días encerrados resultan duros. No se trata de calibrar para quien más o menos, se trata de superarlos y, si es posible aprender algo de esta terrible lección. Desde Educar sin varita mágica queremos poner otro granito de arena a los miles de ellos que ya estáis aportando tanta gente. Por eso, cada día de la semana os propondremos una opción para casa. Esperemos que alguna os sirva.

Miércoles 15 de abril. Donuts caseros
No es la receta más sana, ni la más nutritiva, pero lo que si os aseguramos es que los chicos la van a aceptar de muy buen grado y que es bastante sencilla. Depende de la edad y el hábito necesitarán más o menos ayuda pero ¿a quién no le apetece un donut casero?

Os pasamos la ficha con la receta que incluye un video por si tenemos dudas.

Receta para hacer 16 donuts caseros:
- Descarga el pdf aquí.

Disfrutad de la preparación, dar toda la responsabilidad posible a los chicos y comeros un par de ellos (si luego hay que hacer deporte para quemar las calorías ganadas, doblemente interesante).




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