miércoles, 22 de enero de 2020

Deja de buscar la felicidad.. ¡Fabrícala!



Los antiguos griegos hablaban de un concepto, la eudemonía, como el fin último del ser humano. Algo así como alcanzar nuestra plenitud. Ser feliz. Había quién buscaba la eudemonía en la riqueza, los honores, la fama o el mero placer. Aristóteles les corregía y les indicaba que la única forma de alcanzar la plenitud era a través de una vida basada en la razón y en la búsqueda de la verdad.
Aquí surge un segundo concepto griego que parece pertinente, la idiotez. Para ellos ser idiota significaba que estabas centrado en ti mismo, que eras egoísta. Un idiota solo pensaba en lo propio y se olvidaba del conjunto, de la democracia, de los demás.
Ahora bien, ¿no os parece que no hay peor forma de alcanzar le eudemonía que ser un idiota, ambos en su sentido griego? Son muchos los trabajos y experiencias que han demostrado que cuanto menos idiotas somos, es decir, más empáticos, más felices nos sentimos. Trata bien a esa persona, haz algo agradable por tu amigo, ayuda a quien lo necesita y te sentirás mejor.
Es más sencillo de lo que parece. ¡Deja la idotez a un lado, busca ayudar al resto, sonríe y se feliz!

miércoles, 15 de enero de 2020

¿Por qué se porta así de mal?


Nuestro cerebro trata de simplificar, por eso reducimos las cosas a blanco o negro, a buenos o malos, por eso decimos que un chico se porta mal. Porque sí. Y punto. Cerebro en modo ahorro.

Es muy poco común que las conductas, por muy perjudiciales o incoherentes que parezcan, tengan una explicación coherente. Son pocas las ocasiones en las que nos encontramos con conductas simplemente desadaptadas, es decir, a través de las cuales la persona que las realiza no consiga algo que necesita o pretende. La inmensa mayoría de lo que hacemos, de lo que cualquier persona hace, tiene un objetivo que le resulta beneficioso (da igual que a nosotros nos lo parezca o no). La mayoría de esas ventajas son de tipo:

1. Atención. Es quizá el mayor reforzador del ser humano y tendemos a infravalorarlo. Por conseguir atención se puede llegar a repetir curso, pegar, hacer infeliz a quien quiero, etc. Lo normal, lo bueno, es que la gente tenga su cuota de atención de forma positiva. Si no lo consigue por las buenas, buscará esa atención de otras formas menos adaptativas. Pensemos en un chico que en clase suele estar callado, no hace gracias ridículas, ni fuma. Todas ellas conductas que atraen la atención (aunque las entendamos como negativas desde nuestra perspectiva adulta), cabe la posibilidad de que, si su autoconcepto no está bien construido, busque su cuota de atención chillando en clase o protestando airadamente a un profe. 

2. Cosas concretas, tangibles. Molesto hasta que la otra persona no pueda más y me de lo que quiero, sea comprarme una cosa, el móvil o la consola. Es lo que más fácil vemos.

3. Para escapar o evitar algo. Por ejemplo, me da mucho miedo ir a una excursión porque no conozco a nadie o pienso que se van a reír de mí y, antes de ir, la preparo gordísima para no poder ir o que mis padres "teman llevarme" y no lo hagan. Muy relacionada con la ansiedad.

Si queremos que alguien deje de realizar esa conducta negativa o molesta tendremos que facilitarle que obtenga lo que necesita de una forma adaptativa (ver conceptos previos del Educar sin varita mágica, por ejemplo Economía de Fichas). Es decir, es altamente improbable que alguien deje de hacer algo que le proporciona un beneficio porque sí y, a menudo, explicárselo no es suficiente. Necesitan poder alcanzar el beneficio que persiguen (aunque sea por un camino más largo y adaptativo) o un sustituto positivo.

Lamentablemente no siempre disponemos del tiempo o la atención necesaria que entender este proceso requiere, nos descuidamos y simplificamos viendo solo esa conducta desagradable original. Por eso, si queremos ayudar de verdad a alguien (menor o adulto) que suela meterse en problemas o realice conductas que le perjudiquen a él o a su entorno, necesitaremos estar muy atentos a lo que hace, pero sobretodo al porque lo hace. Tenderle puentes, facilitarle caminos que aunque más largos y sufridos, le permitan llegar a donde quiere llegar. La satisfacción de alcanzar sus metas por si mismo y sintiéndose orgulloso del camino seguido, harán el resto.



    Entonces, ¿qué hago?.
    Profundiza en cada comportamiento. No te quedes en la superficie de su conducta sino que plantéate preguntas como ¿por qué lo hace?, ¿qué quiere?, ¿cómo lo soluciono ahora y, más importante, cómo lo prevengo en el futuro?

    Se trata de ser detectives, de utilizar toda la empatía que llevamos dentro, y aún más.


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    miércoles, 8 de enero de 2020

    Cambia un hábito en 66 días


    Dejar de fumar, tomar el café sin azúcar o no tomarlo, doblar la ropa y evitar hacer pirámides hasta el viernes, no morderte las uñas, hacer la cama por las mañanas, no echarte la siesta, dejar de beber Coca-Cola... Algunos de nuestros hábitos son negativos, perjudiciales o, simplemente, no nos hacen sentir bien. O todo a la vez.

    No queremos profundizar mucho en su componente científica pero, básicamente, consiste en dejar de usar un camino (el hábito que queremos desechar y que no es más que un trayecto neuronal que hemos consolidado al usarlo durante mucho tiempo) y comenzar a trabajar sobre otro nuevo (el nuevo hábito que queremos crear y que deshace el anterior).

    En 2009, la psicóloga Jane Wardle encontró que, de media, nos cuesta unos 66 días modificar completamente esas rutas (artículo). Es evidente que esos algo más de dos meses pueden hacerse largos pero solo toca ser persistentes y creer en la buena de Jane. Así que manos a la obra.

    ¿Cómo lo hacemos?
    Van a ser más de dos meses así que lo primero es buscar un objetivo en el que creamos y entendamos que merezca la pena. Sea por salud, por dieta, por evitar molestias o por sentirnos mejor. ¡Solo uno! En dos meses buscamos el segundo.

    Consejos prácticos
    Una vez definido busca que todo vaya en su favor. Algunos consejos:
    - Informa a la gente. El escrutinio popular y la vergüenza por fallar jugarán a nuestro favor.
    - Elimina o evita fuentes de contaminación. Por ejemplo, no compres ese producto jamás si no quieres comerlo, cambia la costumbre que te lleva al viejo hábito, busca sustitutos o distracciones...
    - No pongas excusas. Ninguna.
    - Date premios por tus logros.
    - Siéntete orgullosa por cada vez que lo consigues.
    - Define un premio final para el día que cumplas los 66 días.
    - Cree en lo que haces y en ti misma.

    ¡En dos meses nos cuentas! ¡Confiamos en ti!

    Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.

    Santiago Ramón y Cajal.

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    miércoles, 18 de diciembre de 2019

    Comida de Navidad | Planifica y aprende

    Esta semana, en clase, vamos a trabajar varios aspectos importantísimos a través de un divertido ejercicio. Planificación, organización, atención, razonamiento matemático, empatía, diferencias sociales, valoración de lo que tenemos y la reflexión personal serán algunos de los temas fundamentales.

    Desarrollaremos la actividad tanto en Educación Primaria como en la ESO. Así que no hay excusa de edad, ¡anímate hacerlo tu también, con tus alumnos o tus hijos!

    Material necesario.
    Revistas o folletos de propaganda. Papel, bolígrafo, tijeras y pegamento.

    Descripción de la actividad.

    Vamos a ponerles un reto diferente. Uno de esos que por edad no les suelen tocar. Se trata de una actividad que, normalmente, realizan los abuelos y que, de forma natural vamos heredando la siguiente generación. Se trata de pedirles que planifiquen la comida de navidad. Su cometido no va a ser cocinarla (aunque os animamos a que participen en la medida de sus posibilidades), ni siquiera tendrán que acudir a comprar los ingredientes. Su misión se quedará en la planificación, que no es poco. Tendrán que ponerse en nuestro pellejo: planificar, organizar y cuadrar cuentas. 

    Lo primero será ofrecerles los datos básicos de la comida. Les escribiremos en un papel el número de invitados, detallando adultos y niños. Recordarles que vendrá el primo vegetariano, la alergia de su hermano o la persona que siempre protesta con todo (si es su caso aún mejor). En segundo lugar les indicaremos el presupuesto con el que contamos este año (en el caso de ser varios alumnos o hijos, intenta dar cantidades muy diferentes para posteriormente razonar acerca de las diferencias).

    Recuérdale que para hacer esta compra tiene un tiempo concreto, ya que no todos gozamos de un tiempo infinito. Hay más cosas que hacer. Cuantos más folletos compruebe mejor puede ser su compra, pero para ello deberá estar atento porque el tiempo vuela. Decide el tiempo según la edad, si ves que te has quedado corto, regálale tiempo con escusas como que el repartidor le llevará gratis la compra. O quítale tiempo aludiendo que se le ha estropeado el coche y deberá ir a todos lados andando.

    Para poder hacer una buena planificación le indicaremos que vaya organizando los alimentos con sus precios. Posteriormente los organizará y descartará lo que no necesite. Los alimentos han de convertirse en platos que se puedan comer: entremeses, primer plato, segundo y postre. Todo teniendo en cuenta su valor, el dinero que poseen y todas las peculiaridades de los comensales.

    Cuando ya tenga o tengan todos creados sus menús deberán presentároslos, explicar el esfuerzo que ha requerido la preparación y su complejidad. Le vamos a pedir que reflexione cómo se sentiría en esa comida como anfitrión o como comensal. Hablaremos sobre las diferentes comidas, empatizaremos no solo con el esfuerzo sino con la frustración, la ilusión, la tristeza, el deseo… intentaremos que valoren lo que cada uno tiene y la fortuna del compañero de al lado, no por el manjar sino por lo que esta comida conlleva. 

    Las familias sin demasiados apuros económicos pueden establecer un bonito ejercicio dando un presupuesto muy reducido, de esta forma conseguiremos que valore lo que tiene y empatice con quienes no. Además pondrá a prueba su originalidad culinaria.

    Nota. Esperemos que algún valiente se atreva a oficializar dicho menú. ¿No sería increíble?

    miércoles, 11 de diciembre de 2019

    ¿Cómo hago en Navidad para..? | Consejos para padres


    ¿Sabrá mi hijo quienes son los Reyes Magos?, ¿cómo hago para que no se entere?, ¿cuál es la edad normal para qué lo sepan?, ¿tendría que contárselo yo antes de que me tome por mentiroso?, ¿cómo sé si mi hijo lo sabe ya?, ¿cómo se siente mi hijo ahora que lo sabe?, ¿por qué se pone tan nervioso cuando llega Papá Noel si sabe que es la tía Ana o no duerme en toda la noche si asegura que no cree?

    Estábamos en el recreo cuando Paula se acercó a mi amiga Marina y a mí y nos confesó el secreto. Si chicas, me he enterado, los reyes son xxx xxxxxx. Recuerdo esas cinco palabras como cinco espadas clavadas en mi corazón. En ese momento aparecieron en mi cabeza muchos pensamientos. "Es imposible, ellos nunca me comprarían tantas cosas". "No puede ser verdad, no se han podido gastar tantísimo dinero". "Es algo tan maravilloso que no puede ser mentira". "Yo les he visto, incluso les he tocado y hablado con ellos". "Mi prima me dijo una vez que vio a Baltasar dejando un regalo, a partir de aquel día no fue capaz de dormir cada noche de Reyes".

    Una vez asumida la noticia por mi mente pasaron ideas diferentes: "Mis padres no pueden enterarse de que pienso esto, sino se pondrán muy tristes". "Si yo les cuento que lo sé, se terminará mi ilusión, no podré sonreír ni desear que vengan los Reyes". "Yo quiero otra Navidad igual, si cuento algo todo cambiará...". Y así en completo silencio pasaron dos años, hasta que mi hermano pequeño lo confesó.

    Esta es nuestra historia. Seguro que la tuya es diferente, ¿o no tanto? De igual forma nuestras dudas como padres no son tan distintas. Vamos a intentar resolver algunas de las preguntas que más nos han hecho acerca de este tema a lo largo de los años. Esperamos os sirvan:


    1. ¿Sabrá mi hijo quienes son los Reyes Magos? 
    Sea como sea, ilusiónate junto a él. Permítele que sonría, que sueñe, que se divierta, que siga creyendo en las historias y en los cuentos. Todos necesitamos soñar. Incluso muchos adultos estos días fingimos ser sordos, ciegos e inocentes. Nos ponemos nerviosos cuando llegan los Reyes en la cabalgata, nos emocionamos dejándoles antes de dormir un poquito de comer o la zapatilla justo al lado del sofá dónde dejarán mis regalos. No importa tanto la edad sino la ilusión, el dejarse llevar. Y los niños como nosotros, lo necesitan. Introdúcete en la Navidad cómo te pida el cuerpo, es posible que tu hijo te siga, sino, déjale crear su camino, su propio misterio. Tal vez se enfade porque le hablas de los Reyes y el ya no cree, no le discutas, trasmítele que cada uno vive estos días como prefiere. Puede que se muestre triste porque le encantaría creer pero ya no puede. Enséñale las luces, inclúyele en tus tareas o rituales navideños, quizá necesite ver esta Navidad desde otro prisma.

    2. ¿Cómo hago para que no se entere? 
    No hagas nada, la naturaleza manda y le tocará el momento. Totalmente comprensible tu miedo a que sea ya y el deseo porque sea lo más tarde posible. Haz algo mucho más inteligente que preocuparte, ocúpate en que sea mágico, que haya ilusión, en divertiros muchísimo, en compartir escapadas, exposiciones y eventos. Disfruta y seguro que sigue soñando mucho tiempo.

    3. ¿Cuál es la edad normal para que lo sepan? 
    No hay edad ni momento oportuno. Las estadísticas apuntan que es alrededor de tercero de primaria, por su desarrollo madurativo, pero cada niño, cada cabeza y cada circunstancia cambia. Lo que está claro es que si no hubiera aparecido mi amiga Paula, otro o yo misma hubiera descubierto la verdad.

    4. ¿Tendría que contárselo yo antes de que me tome por mentiroso? 
    No conocemos ningún padre en la cárcel por fingir ser Rey Mago, ni siquiera nunca he conocido un niño que acuse de mentiroso a su padre por dicha sentencia. Eso sí, es posible que en el momento que tu hijo se enteré, se enfade, te lo reproche, te haga sentir cruel y despiadado. Pero no te engañes, está frustrado y con razón. Hasta hoy había magia y acaba de desaparecer. Aceptar que la magia puede seguir, pero de otra manera, surgirá poco a poco.

    5. ¿Cómo sé si mi hijo lo sabe? 
    Hay niños que espían, otros que se enfadan, algunos preguntan mucho o se hacen los despistados. De la forma que sea siempre actúan y por su corta edad lo suelen hacer con bastante torpeza. Interpretan papeles para que no les descubras hasta el punto de creérselo.

    6. ¿Cómo se siente mi hijo ahora que lo sabe? 

    Posiblemente sienta tristeza, enfado, rabia, se muestre frustrado, insultado por el mundo, desconfiado, deseoso por continuar ilusionándose pero serán emociones que duren poco. Duran horas o pocos días. La mayoría de los niños lo procesan con gran velocidad. Cuando lo descubren suelen tener la edad suficiente para que su cerebro se encuentre en una encrucijada. Por una parte quieren creer pero hace tiempo que saben que la magia no existe y claro, esto es magia. Así que de forma natural, su cerebro reestructurará sus pensamientos y no les permitirá sentirse defraudados durante mucho tiempo.


    7. ¿Por qué se pone tan nervioso cuando llega Papá Noel si sabe que es la tía Ana o no duerme en toda la noche si asegura que no cree? 
    Por la ilusión. Es mucho más poderosa que cualquier verdad. Todo es más fácil y posible. La ilusión despierta al que siempre quiere dormir, al que llora porque ha perdido, a quien está sufriendo y al que de nuevo ha vuelto a fracasar. Da igual lo que creas, lo que te hayan contado o incluso eso que durante el curso creías que se trataba de un cuento de pequeños. Llegan las luces, los villancicos, las sonrisas, muchos más abrazos y besos y con todo ello rebosante de ilusión. Además, quien quiere subirse al carro sabe que tiene diversión asegurada.

    miércoles, 27 de noviembre de 2019

    A ti maestro y maestra

    Sabemos lo que lucháis, lo que creéis en lo que hacéis, lo duro de vuestro empeño. Somos muy conscientes de que estáis enfrascados en una batalla en la que pocos llegan al final pero todos ganan. Sois un ejemplo que fuerza, ilusión, perseverancia y amor a lo que hacéis.

    Quedan algunas mañanas, muchas otras ya han pasado. Cada día toca levantarse, trabajar, soñar, temer y sonreír. Más temas, dudas, cafés, resúmenes, simulacros, cansancio, subidas y bajadas, más bibliotecas y flexo, más irte el primero y levantarte antes, más soledad, más apoyos de quienes te quieren bien, más cerca de hacer lo que realmente quieres hacer.

    Hemos puesto lo mejor de nuestras vidas en vuestras manos mientras que vosotros ponéis la vuestra propia en nuestro futuro, en nuestros hijos o nietos. No podemos pedir más pero queremos transmitiros nuestra fuerza, el orgullo más gigante y la confianza de quien sabe que en vuestras manos está nuestro futuro y el de quienes más queremos.

    Así que luchad, un poco más, creed. Ante vosotros tenéis la meta más hermosa. El más grande de los destinos y no temáis puesto que tras cada revés habrá una mano que os levante y os anime a buscar la siguiente meta.

    No tenemos cara, ni nombre. Nos llamamos sociedad pero también nos llamamos compañeros, padres o alumnos. Somos todos y somos nadie y simplemente queremos daros las gracias.

    miércoles, 20 de noviembre de 2019

    ¿Cómo dejo de repetirle todo tantas veces?

    Repito a mi hijo 2000 veces las cosas y termino siempre chillando. ¿Qué hago?

    Explicación: ¿Imagina que alguien te exige infinitas veces que hagas algo que no quieres hacer? ¿Qué emoción aparecería en ti? Muy probablemente te enfadarías, un poquito más cada vez que te lo volviesen a decir. Cada vez más terco, más ira y menos respetuoso. No solo no realizarías lo que te están pidiendo sino que responderías de mala forma.

    Al igual que ocurriría con nosotros mismos, los adultos, repetir a los menores las indicaciones varias veces no va a conseguir que lo haga, ni nos va a respetar más ni va a ser más obediente, probablemente justo obtengamos lo contrario. Desde la primera vez ellos escuchan lo que decimos y saben responder adecuadamente, el problema es que no siempre quieren hacerlo, no les apetece o lo quieren posponer porque lo que hacen en ese momento es más interesante para ellos.

    En algunas ocasiones cuando trasmitimos ordenes o damos pautas, los menores están tan ensimismados con lo que hacen que no nos escuchan. En esos momentos podemos acercarnos y directamente mirándoles a los ojos les damos las instrucciones que pretendíamos dar. Ellos te entienden, te escuchan y saben lo que tienen que hacer.

    Pero, ¿qué ocurre si deciden no hacerlo? Cuando insistimos y repetimos todo mil veces, se cansan, se aburren, se irritan. Esto genera ansiedad e ira, emociones que van a dar lugar a consecuencias contraproducentes. Si repito cuatro veces cada orden, el niño se acostumbran a responder a la cuarta orden, si repito 2000 veces una indicación, hasta que llegue la vez 2000 no responderá.

    Los menores aprenden por asociación, prueban y estiran todas sus posibilidades y cuando las conocen responden con forme a sus alternativas. Es una simple relación directa, peligrosa y de la que tenemos que estar muy atentos para no confundirnos.

    Objetivo: Conseguir que mi hijo responda a mis indicaciones sin dar lugar a enfadarnos.

    Estrategia:
    1. Analizo como me afecta a mí como padre que me repitan las ordenes. ¿Qué emoción sentirías?, ¿qué pensamientos aparecerían en mí?, ¿cómo reaccionaría si me ocurriese? Escribe la reflexión en un papel.
    2. Decido cuentas veces como máximo voy a repetir cada indicación. Recomendamos no superar las 3 veces.
    3. Pienso cuál o cuáles serán las consecuencias si no responde a la tercera orden. Recuerda que ha de ser una actividad que pierde como; bajamos 10 minutos más tarde al parque o una actividad extra no agradable como fregar la terraza.
    4. Hablo con mi hijo. Le hablo de la reflexión de forma que le transmita mi nueva forma de proceder desde esa misma conversación.

    ALGUNAS PAUTAS
    • Le trasmito mis sentimientos. Le explico que estoy cansado de repetir mil veces cada instrucción. Le reconozco que soy un pesado, que es normal que se canse y que incluso es lógico que no me haga caso si sabe perfectamente que lo repetiré 2000 veces.
    • Empatizo. Le trasmito que entiendo perfectamente que se ponga nervioso y enfadado cuando no paro de repetir. Acepto que, a veces, está haciendo actividades mucho más interesantes que las instrucciones que le pido, le pongo ejemplos de situaciones en las que ocurre. “Se que cuando te llamo a cenar y estás jugando o whatsappeando te fastidia dejarlo y venir pero la cena se enfría. Yo me he esforzado para hacerla y todos te estamos esperando, no es justo para nosotros. ¿Lo entiendes verdad?”.
    • Alcanzo un acuerdo. Como padre te vas a responsabilizar de no repetir más de tres veces cada instrucción y vas a trasmitir a tu hijo que si a la tercera no responde directamente deberá respetar su consecuencia. Para que lo entienda le puedes poner ejemplos. “Hijo cuando te mande a lavar los dientes lo haré tres veces, si no respondes a la tercera, ya no repetiré una cuarta para no aburrirte y enfadarte pero deberás cumplir con la consecuencia que te diga en ese momento”.
    • Refuerzo. Puedes premiar que responda a la primera, todos sabemos que es un reto, pero es posible. Cada vez que cumpla la orden a la primera se la contamos. Juntos podéis establecer que cuando consiga x número de veces seguidas será premiado. Ejemplo: "Cuando consigas responder a la primera 5 veces tendrás 10 minutos de cosquillas o 15 minutos más para tu tiempo de ocio".