miércoles, 14 de febrero de 2018

Estrategias para padres | Define sus límites


Despierto en un mundo sin límites. No hay nada que marque hasta dónde puedo llegar, no sé que es positivo o negativo, que es respetado y valorado y que será juzgado. Caminaré durante el día sobre un camino sin normas en mi cabeza, pero ese camino discurre por una realidad sujeta a peligros, críticas y necesidad de esfuerzo.
Pensamientos en un mundo sin límites | Educar sin varita mágica

Definir unos límites en el comportamiento de un menor es básico para convivir en armonía así como para ayudarle en su desarrollo personal y social. Todos necesitamos límites.
El ritmo de vida actual nos lleva a funcionar de forma permisiva y poco paciente. Los límites son obligaciones para todos. Tendemos a confundir límite con distancia emocional, es decir, si paso poco tiempo con mi hijo siento la necesidad de permitirle todo para asegurar que mi hijo me quiera. Esto es un error. Al no poner límites transmito a mi hijo inestabilidad e irrealidad y, posiblemente, que no le quiero lo suficiente para esforzarme por él. Marcar límites define el camino correcto de educar y querer a tu hijo.

¿Qué entendemos por límites en la educación de un menor?
Se trata de la estrecha línea que separa lo correcto de lo no admitido. Los menores, como parte de su proceso madurativo y de su adaptación al mundo, van a explorar los límites a su alrededor. De pequeños andamos, corremos o nos subimos a artilugios hasta que comprobamos, normalmente a base de golpes, que no podemos hacer eso, que si intentamos correr a esa velocidad nos caeremos, que hacer ese tipo de equilibrios nos supone, probablemente, un doloroso golpe, etc. Es decir, buscamos los límites para saber qué y en qué condiciones podemos hacer las cosas, de esta forma encontramos unos límites que nos proporcionan seguridad y nos ayudan a sentir cómodos y adaptados al entorno.
Exactamente igual que ocurre con los límites físicos ocurre con los conductuales. Buscamos ir más allá y necesitamos encontrar un final, un tope, una norma que nos permita sentirnos seguros. La advertencia de lo aconsejado, la meta de llegada, la cuerda que sujeta, el fuego que quema, la goma de saltar de nuestra infancia, la línea que separa las baldosas, la delgada línea roja…

Empatiza con tus hijos:
¿Quién no ha soñado con saltar los límites alguna vez? O simplemente ha deseado lo prohibido… ¡Ponte en su lugar!. Eres joven, sientes la necesidad de probar cosas, de llamar la atención o de mostrarte ante los demás. ¿Eres capaz de empatizar con tu hijo? De no ser así, prueba con la siguiente idea:
Haz una lista mental de cuatro límites que desearías eliminar en tu vida. ¿Qué emoción te produce la simple idea de poderlos saltar? Ahora bien… ¿Qué consecuencias podrían provocar?
Esa es la idea que necesitamos transmitir a nuestros hijos. ¡Existe una razón más grande y fuerte que todas las demás. Los límites están y sirven para evitar consecuencias negativas! Esa es la parte que cuesta más, entender las consecuencias y la necesidad de interpretar bien los límites.

Explícaselo así:
“Hijo, a mi me encantaría hacer siempre lo que yo quiero, desearía que no hubiera normas y poder saltar cada límite, TE ENTIENDO,  pero no se trata de una OPCIÓN, sino de una orden que he de dar a mi mente para no generar consecuencias negativas”.
A veces nos cuesta creerlo pero los menores entienden el concepto de límite y de consecuencia. Simplemente están en fase de aprendizaje y, como nosotros, son tozudos. Están aprendiendo a vivir y solo necesitan tu ayuda.
Dos ejemplos muy diferentes de lo que ellos entienden por límite en función de lo que sus padres les transmiten:
. María (8 años) “Son instrucciones para saber que tengo que hacer. Lo utilizan mis padres para enseñarme a hacerlo bien”.
. Marcos (14 años) “Creo que mi madre no me quiere, no me pone ningún límite, supongo que o no sabe o le da igual que lo haga mal”.

Empatizo conmigo como padre:
Conocer este tipo de conceptos me ayuda a educar a mi hijo pero no me asegura la perfección. Aprender cómo he de hacerlo me acerca a crear las pautas adecuadas y de la mejor forma posible.  El secreto esté en saber que es lo correcto e INTENTARLO con  esfuerzo y perseverancia. 

Lamentablemente las situaciones de la vida no siempre son las ideales y, cumplir con los puntos anteriores se torna en una tarea más compleja.  Os proponemos reflexionar sobre circunstancias que vivimos en nuestro día a día y que influyen directamente en las pautas ideales. Son las siguientes:
     . Mantengo con mi jefe una conversación muy tensa.
          Si en ese instante me habla mi hijo, ¿puedo hablar a mi hijo calmado con voz suave?
     . Observo como hijo intenta hacer daño a otro niño.
          ¿Puedo trasmitirle comprensión en todo momento?
     . Mi compañero desmonta mi trabajo sin razón alguna.
          ¿Puedo  explicarle el por qué de las injusticias y enseñarle a aceptar?
     . Estoy en mitad de un supermercado.
          ¿Puedo ignorar cada llamada de atención negativa?
     . Tengo mil cosas que hacer y llego tarde a todo.
          ¿Puedo reforzar cada conducta positiva en su justa medida?
     . Termino de trabajar a las 20.00, veo a mis hijos dos horas al día.
          ¿Puedo plantearle las consecuencias totalmente coherentes a sus hechos?
     . Estoy muy irascible porque mi madre está enferma.
          ¿Puedo evaluar su estado de ánimo y regularlo junto a él?
     . Tengo que ir a comprar, al médico, extra escolares…
          ¿Puedo jugar cada día con él?
     . El día está lleno de normas y mi hijo ya ha incumplido seis antes de desayunar.
          ¿Puedo enseñarle a respetar y cumplir cada norma?
     . Discuto con mi pareja porque le ha dado a nuestro hijo algo que le habíamos prohibido.
          ¿Puedo ser un modelo correcto?

¡No te machaques, esfuérzate! No se trata de cumplir cada instrucción a la perfección, nuestros días crean diferentes circunstancias, manejar cada una y obligarnos a cumplir todo a raja tabla supondrá en nosotros una tensión tan elevada que se convertirá en algo contra producente.  El simple hecho de conocer que he de hacer e intentarlo asegura un mejor funcionamiento y una educación adecuada.

¿Cómo aplico los límites?
1.    Objetividad. Define unas normas claras y concretas. Un límite bien especificado, con frases cortas y órdenes precisas, suele ser más sencillo para un niño.
Incorrecto: Siempre estás gritando
Correcto: Hay que hablar bajito en la biblioteca.
2.   Existen obligaciones. Marcamos claramente cuál es el límite, no se lo preguntamos ni planteamos como opción, esto solo le puede llevar a confusión.
Incorrecto: ¿No crees que deberías no insultar a tu hermana?
Correcto: Tienes que hablar adecuadamente a tu hermana, los insultos están prohibidos.
3.   Firmeza y seguridad. No titubees, permítete equivocarte. Dar muchas vueltas a los límites en presencia de tus hijos solo les aportará dudas sobre la importancia o seguridad que tú trasmites.
Incorrecto: Si no te duchas no se qué voy hacer, pero no te va a gustar
Correcto: Después de entrenar te tienes que duchar, si pospones la ducha  perderás tu tiempo de música.
4.   Refuerza lo positivo. De poco sirve enfadarse antes de tiempo. Anticipar que no lo va hacer solo me ayuda a desconfiar, a irritarme y hablar incorrectamente. Confía en la posibilidad aunque tu experiencia te recuerde que es muy pequeña. Exprésale los límites con esperanza.
Incorrecto: A ver si hoy recoges tu cuarto por fin.
Correcto: Cuando estés terminando de recoger tu cuarto me avisas para que te ayude a colgar esa ropa que el cajón está muy alto.
5.   Explicar el porqué. Los límites se explican la primera vez que aparece y, de ser necesario, nuevamente si de verdad creemos que lo ha olvidado. En las siguientes ocasiones, recondúcele con pistas sin necesidad de explicación.
Incorrecto: Tienes que hacer los deberes antes de jugar porque sí.
Correcto: Los deberes se hacen antes de jugar para que nuestro cerebro esté fresco y con mucha fuerza (Además será un aliciente para él terminarlos pronto y poder jugar sin responsabilidades pendientes).
6.   Sugiere una alternativa. Cuando apliques un límite al comportamiento de un niño, intenta indicar una alternativa aceptable. La alternativa ha de ser una alternativa positiva.
Incorrecto: No puedes jugar con los palos.
Correcto: No puedes jugar con los palos, puedes coger tus juguetes que tanto te divierten.
7.   Rutinas. Cuando acostumbras a cumplir un mismo limite todos los días, deja de ser una norma para convertirse en una rutina.
Incorrecto: Hoy tienes que ducharte después de cenar.
Correcto: Hoy toca lo de todos los días, cena y ducha.
8.   Desapruebo la conducta, no al niño. Al hablar no somos consientes del daño implícito de nuestro mensaje. No es igual decir que torpe soy a se me ha caído la taza. Los mensajes que recibimos terminan definiendo el concepto de nosotros mismos.
Incorrecto: No puedes ser agresivo con tu hermana.
Correcto: Tienes que tratar bien a tu hermana, no vamos a permitirte que le pegues o insultes.
9.   Controla las emociones. Posiblemente sea el punto más difícil de ejecutar. Gestionar nuestras emociones resulta complicado cuando vamos muy rápido y  las circunstancias no son favorables. Aún así podemos hacer un esfuerzo. Si creamos previamente los límites, no erraremos en su intensidad o consecuencias. Cuando sabemos cuáles son las normas es más sencillo no dejarnos manipular por mi emoción actual. 
Incorrecto: (Estoy cabreado) Vas a estar un año sin jugar.
Correcto: (Estoy cabreado) Ya conoces tú consecuencia por esto.

Definir los límites para nuestro hijo es una tarea que no es bueno improvisar. Para evitarlo te proponemos la siguiente estrategia:

Estrategia propuesta: Mis límites.
Crea una lista en papel con los límites que consideras necesarios y ve apuntando otra lista en sucio con aquellos que consideres secundarios. Al lado de cada norma o límite que consideres que ha de cumplir tu hijo, coloca una posible consecuencia para regular correctamente su gravedad. Con forme automatice e introduzca cada limite en su rutina ve aportando a tu lista de prioritarias los límites secundarios.

Ejemplo.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Soluciones ante bloqueos | Puentes

 ¿Qué son los bloqueos?
El bloqueo cerebral es mucho más corriente de lo que imaginamos. De hecho, cuando se trata de casos esporádicos, debemos asumir que es algo absolutamente normal que no requiere de ninguna atención excepcional, excepto cuando podruce una sensación de malestar muy importante o demasiado frecuente para poder desarrollar nuestra vida con normalidad.
Un bloqueo aparece cuando un cerebro sano se encuentra ante una situación que provoca un  intenso choque entre sus capacidades reales y exigencias del medio. Los bloqueos pueden ser ocasionados por pensamientos (por ejemplo miedo al fracaso) o por emociones (cuando nos encontramos al chico o chica que tanto nos gusta). "Siento que mi mente está bloqueada", "No me salen las palabras", "Me he quedado en blanco"... algo así como cuando un ordenador se bloquea. Sabemos que está encendido pero no responde. Nuestro cerebro trata de protegernos de una amenaza que cree puede hacernos daño pero lo hace mal, escondiéndose en lugar de afrontando la situación u ofreciéndole soluciones.
Realmente se trata de la falta de comunicación entre los dos hemisferios. El desajuste aparece por la pobreza de la función visual que bloquea totalmente el ojo derecho, que debería ser su ojo dominante. Imagínate un “sistema nervioso” en el que el oído que nos dirige es el derecho mientras que el ojo dominante el izquierdo. La información de ambos lados de nuestro cerebro queda aislada y lo que nos dice un oído no encuentra a la información que percibe el ojo. De esta forma nuestro cerebro está confuso y no es capaz de mandar mensajes claros a nuestras manos.

Afectan los bloqueos a mi hijo
Puede parecer que los bloqueos mentales son algo poco frecuente que no sucede a mi hijo. Pues no es así. Todos sufrimos bloqueos mentales, más veces o menos, o de mayor o menor grado. ¿Cuándo podemos encontrar esos bloqueos en nuestro hijo?
  • En momentos de tensión
  • Al preguntarle la lección
  • En exámenes  
  • Hablando en público
  • Por falta de control en una situación
  • En situaciones nuevas
  • Ante un exceso de información
  • En situaciones que le generan vergüenza 
  • Sin razón aparente
Básicamente en los momentos de bloqueo nos encontramos como ese perro al que le lanzan el palo al río y merodea la orilla sin atreverse a dar el paso a lanzarse al agua. Necesita su tiempo, ánimos, que yo me lance con él. Lo mismo ocurre cuando nosotros estamos a punto de cruzar un río. Necesitamos tiempo para asuir que podemos, o valor para mojarnos o que alguien nos apoye o coloque una piedra para avanzar y poder vadearlo.

¿Qué hago cuando siento o veo que mi hijo o alumno se bloquea?
Cuando el menor sufre un bloqueo, se desajusta la unión que le permite acceder a la siguiente información dentro de su cabeza. Se encuentra atorado, perdido. Necesita un camino, unas cuerdas de las que agarrarse o un empujón para conseguir avanzar. Si le proporcionamos esa pequeña ayuda podrá proseguir y ofrecer la información que realmente posee pero no está encontrando. Para ello es importante crear puentes que le permitan dar un paso para cruzar ese río que hasta el momento parece insalvable. Facilitarles las pistas necesarias que le permitan continuar con su camino. 

Para ayudarles en el desbloqueo puedo:
  • Continuar parte de la frase que han dejado a medias.
  • Realizar preguntas cortas.
  • Ayudarle a respirar.
  • Darle tiempo.
  • Gestionarle con pistas concretas.
  • Ofrecerle opciones.
  • Animarle sin prisa.
  • Ofrecerle confianza, quitando importancia.
  • Darle palabras que le ayuden a seguir
Podemos entender que el menor debe lidiar para enfrentarse al bloqueo puesto que si no aprende no será capaz de resolverlos por si mismo en el futuro. Esa afirmación encierra cierta realidad y es que debemos evitar sobreproteger al menor y necesita exponerse a situaciones poco cómodas para él en la vida. Igualmente puede ser positivo dejar que se enfrente al bloqueo pero, en ciertos momentos, el abandonarlo ante él lo único que hará es incrementar sus miedos, su anisedad y su sensación de vulnerabilidad. Encontrar ese equilibrio no es sencillo pero solo si concoemos que se siente en la orilla y dentro del agua seremos capaces de ofrecerle puentes cuando realmente los necesita.

¿Problema u oportunidad?
Aunque evidentemente todos enfocaremos un bloqueo como un problema podemos entenderlo igualemnte como una señal de que algo no funciona. Si noto una cierta molestia en la garganta podré entender dicho incomodidad como una señal para cuidarla, tomar miel o limón, no gritar, etc. Es decir, pese a lo incómodo del dolor de gargante podrá ser algo positivo si lo interpreto correctamente y evito una afonía o unas anginas posteriores. Si en cambio hago caso omiso no solo será incómodo primero sino que se tornará en una dificultad después. En el caso de los bloqueos sería positivo entenderlo de igual forma. Ante el primer bloqueo debemos buscar, o ayudar a buscar al menor, soluciones para evitar que cada día tengamos más miedo a los bloqueos, aumente nuestra ansiedad y baje exponencialmente nuestra autoestima. Cada caso y persona requerirá de unas pautas concretas. Por ejemplo, los conocidos bloqueos en los examenes nos están avisando de una mala preparación, un exceso de responsabilidad o un escaso control de la ansiedad. Si comenzamos a trabajarlos conseguiros mejoras claras. De no hacerlo nos encontraremos con "blancazos en los examenes", "ansiedad", baja autoestima o miedos patológicos a los examenes.

miércoles, 31 de enero de 2018

¿Cómo consigo que se sienta bien consigo mismo? | Consejos para padres


Explicación
¿Qué es la autoestima?
Juan, de diez años, considera que la autoestima es quererse, no hacerse el chulo ni aprovecharse de los demás. Cree que consiste en cuidarse no solo con una alimentación sana y durmiendo las horas necesarias sino hablándose bien, dándose ánimos y mensajes de confianza. Explica que hay que proteger la mente pensando antes de hablar, porque sin querer solemos equivocarnos y meternos en líos. Piensa que decir cosas bonitas y escucharlas hace el corazón más fuerte. Y que sonreír te hace tener super poderes de diversión.

Los niños necesitan ser felices, no ser los mejores. Sentirse bien con ellos mismos. Valorar sus esfuerzos y disfrutar de los resultados que van consiguiendo. Nosotros, los adultos, somos claves en su aprendizaje, ellos actúan como esponjas que absorben toda la información que les proporcionamos. Nuestro diálogo posiblemente no moldee su desarrollo emocional pero si perfile la forma de cuidarse y de quererse que vayan adoptando.

¿Qué le aporta al menor aprender a cuidarse a si mismo?
Valentía, seguridad, capacidad de encontrar soluciones a los problemas y dificultades a los que se enfrente, calma, confianza... felicidad.

¿Qué provoca en el menor la baja autoestima?
Los niños con baja autoestima sufren miedo, inseguridad, desconfianza, frustración, irritación, tristeza...

Objetivo
Que mi hijo aumente su autocuidado físico y emocional, su autoestima. Para ello le proporcionaremos y explicaremos las siguientes pautas.

Estrategias positivas (a fomentar)
  • Presta atención en las actividades que le gustan y le hacen disfrutar.
  • Anímale con fuerza y seguridad cuando se equivoque.
  • Explícale que no todo se consigue pero si se intenta algún día llegará.
  • Cuéntale que existen límites y que habrá actividades que no podrá realizar.
  • Permítele que se equivoque aunque para ti suponga algo evidente y muy sencillo.
  • Conviértete en su fan, anímale y celebra sus éxitos por muy pequeños que sean.
  • Escúchale, a veces ellos necesitan explicarnos cómo podemos ayudarles.
  • Enséñale a animar a su hermano y a sus compañeros. Entrenarlo juntos y terminará animándose a sí mismo y sientiéndose mejor.
  • Corrígele con calma y buen tono. No se trata de conseguirlo ya, sino de mejorar si él lo desea.
  • Concédele espacios, tiempos de cambio. Si no es el momento, ya aparecerá.
  • Ofrécele responsabilidades. Nadie es más poderoso que un niño comprando el pan solo.
  • Valora su esfuerzo, los intentos y la actitud positiva. Es clave en su felicidad.
  • Pregúntale cómo se siente.
  • Hablar de eso que a él le gusta hacer.
  • Recuérdale que tu le querrás independientemente de los resultados que obtenga, sobretodo si da lo máximo que tiene.
  • Enséñale que cada uno es diferente y que eso nos hace maravillosos a los seres humanos.

Estrategias peligrosas (a evitar)
  • Decirle que todo lo hace perfecto aunque lo realice incorrectamente.
  • Comparar con los que si consiguen hacerlo o los que lo hacen mejor.
  • Animarle a dejarlo porque no es lo suyo y le cuesta mucho.
  • Corregir con prisa, gritando, porque te cansa, aburre o no tenéis tiempo.
  • Utilizar etiquetas como "torpe" "tonto". Ese tipo de palabras ponen nombre a sus dudas.
  • Centrarte en el resultado te hará desesperar.
  • Cuidado con sobreproteger, es complicado aceptar que tu hijo sufre si tu puedes subsanarlo, pero es necesario.
  • Presionar genera ansiedad descontrolada.
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miércoles, 24 de enero de 2018

¿Mis miedos o sus miedos?


Un día, una muy buena amiga, nos dijo:
- ¡Mira, eso es lo que os decía!
Sutilmente nos señaló una madre y un hijo. Estaban cruzando un paso de cebra sin semáforo al cual los coches llegaban con gran velocidad. El niño parecía llegar risueño pero al empezar a cruzar cambiaba su rostro y aparecía la tensión. Lo que realmente nos señalaba Elena, nuestra amiga, era la mano entrelazaba de madre e hijo. Claramente se veía como la madre sonreía con cierta tensión y agarraba con enorme firmeza la mano de su hijo.
- Eso es lo que me pasaba a mí de pequeña. Recuerdo cruzar semáforos y calles agarrada a mi madre y notar como ella me apretaba. Creo que de ahí surge mi miedo a los coches.
Esa anécdota nos vale para comenzar esta entrada y es que Elena llevaba toda la razón. En muchas ocasiones los padres transmiten sus miedos a sus hijos y, en ocasiones, estos se contagian. La madre que nos señalaba Elena tenía toda la buena intención del mundo. Proteger a su hijo y disimular el miedo que ella tenía pero, como solemos decir, ellos son muy listos y perciben ese miedo.

Usemos otro ejemplo. Un niño de poco más de un año da unos pasos y se cae. Sus padres se levantan como un resorte a levantarlo con cara de preocupación. Es probable que nuestra visión pueda ser "Vaya padres más responsables y atentos" o, puede ser que pensemos "Un poco exagerados y sobreprotectores". Sea cual sea la opción en este caso nos vamos a centrar en la visión del menor. Cuando el padre se levanta corriendo él aprecia un miedo real en su cara y su reflexión, probablemente pase por pensar que existe un peligro real, que quizá si vuelva a caerse pueda lastimarse seriamente o que existan consecuencias a ese acto que no prevé. Esta visión es muy cotidiana. Un niño se cae. Si los padres se acercan rápido llorará porque entenderá que había un peligro e incluso que, si sus padres están tan preocupados, es que ha pasado algo, aunque aún no lo sienta. Si los padres se levantan tranquilos con un "Venga levanta, que eres un campeón" o simplemente esperan a que lo intente, él no llorará. Si nos levantamos intentando simular tranquilidad pero esta no es del todo real, es probable que llore, son muy listos y nos conocen muy bien. El lenguaje gestual es muy importante.

Finalmente os proponemos un último ejemplo. Se trata de un ejemplo científico en el que se estudia este fenómeno de la confianza paterna sobre los menores.


No se trata de culpar a nadie. Los miedos pueden tener un origen biológico, ambiental o, lo más común, una mezcla de ambos. Se trata de dejar que el menor afronte sus miedos, sea valiente sin llegar a inconsciente y permitirle explorar su alrededor con confianza. Inténtalo, es lo máximo que puedes hacer para permitir a tu pequeño crecer seguro y confiado de sí mismo.

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miércoles, 17 de enero de 2018

Pautas y estrategias para mejorar la atención | Consejos para padres


EL BAÚL DE LA ATENCIÓN

Objetivo: Crear una gran caja de trucos para acordarme de todas esas cosas que olvido, cometer menos errores, mejorar en clase y también con mis amigos.

Si te atreves a abrir el baúl descubrirás muchas ideas y estrategias para poder utilizar en casa, en el deporte, con tus amigos y en clase. Y dejar de ser el que siempre lo olvida todo, el despistado o el que no se entera de nada.

El baúl de la atención te propone...
  • Detecto en mi cabeza los pensamientos basura, esos pensamientos que no sirven para nada. Son mensajes negativos como soy tonto o no lo conseguiré. Cuando esos pensamientos aparecen en mi cabeza he de imaginar que los entierro en la arena. No los dejaré escapar ni dominar mi cerebro. Se quedarán siempre bajo tierra.
  • Paro pensamientos super divertidos pero que aparecen cuando no deberían estar. Por ejemplo, pensar en lo que voy hacer esta tarde mientras estoy en clase de mate. Para guardar estos pensamientos necesito un lugar. Son ideas divertidas y que será genial pensar en ellas cuando llegue su momento. Puedo buscar una cajita y dejarla en algún lugar de casa o en la parrilla de clase. Cada vez que aparezca un pensamiento de este tipo deberé de imaginar como lo meto en mi cajita e imagino cómo se queda bien guardado hasta que pueda pensar en él.   
  • Repito en mi cabeza lo que dice el profesor, solo durante unos minutos, los necesarios para concentrarme de nuevo y poder seguir el hilo de la conversación. Sin que nadie me oiga voy repitiendo en mi cabeza las frases e imaginando lo que el profesor me esta contando. 
  • Copio los deberes en la agenda como si de una gynkana se tratase. Me pongo retos. Escribo los ejercicios y planifico el tiempo que me van a constar. Si lo consigo gano punto sino no. Con la suma de puntos se pueden canjear en minutos de tiempo de juego. Más rápido hago los deberes, más tiempo de diversión, siempre y cuando los haga bien claro. 
  • Me convierto en el detective de mi atención. Utilizo una hoja de mi agenda o cuaderno escolar. Apunto rápidamente una rallita cada vez que me doy cuenta de que estoy despistado. Mi objetivo es conseguir que cada día tenga menos rallitas. Y sobre todo darme cuenta muy rápido de los despistes para continuar aprendiendo. 
  • Utilizo tiempos entre los deberes con laberintos, sopas de letras o sudoku. Estas actividades facilitan la concentración y memoria.  
  • Hago juegos para hacer más fuerte mi cerebro. Juego leyendo, salto letras, leo hacía atrás, leo como si fuera un corre caminos o un caracol... Divertirme con la lectura favorece nuestra capacidad de atención, comprensión y planificación mental. Y por supuesto agiliza la lectura y escritura. 
  • Hacer ejercicio mejora el funcionamiento del riego sanguíneo. Puedes hacer un entrenamiento, tu deporte semanal o crear una tabla de ejercicios. Asegurarás que tu mente sea capaz de concentrarse más y durante más tiempo. 
  • Utiliza el azúcar como pócima mágica. Entre las tareas y el estudio por la mañana y por la tarde. Azúcar en forma de fruta, yogurt, leche con ColaCao... Recupera esa energía que pierdes con tanto esfuerzo aprendiendo. 
  • Es muy importante el descanso. Dormir entre 8 y 9 horas es el ideal para los pequeños y no tan pequeños. Nos permite que cada función cerebral trabaje a su máxima potencia. 
  • Crea un tablón en tu habitación lleno de mensajes positivos, forra una carpeta con imágenes de motivación o pon por la casa frases de ánimo. Estimular el cerebro hablando positivamente asegura energía, confianza, motivación y actitud positiva. 
  • Aprende a respirar, respiraciones profundas o diafragmáticas. Ambas respiraciones generan en tu cuerpo tranquilidad y la estabilidad necesaria para estructurar tu mente en la tarea. 
  • La relajación elimina todos los nervios y los pensamientos sobrantes.
* Muchas de las instrucciones de nuestro Baúl de la atención las hemos ido explicando en talleres y charlas a mucha gente. Si nunca has trabajado con nosotros es normal que encuentres algunos conceptos difícil de entender o aplicar con el menor. No te preocupes, iremos aprendiendo poco a poco a través de Educar sin varita mágica en que consiste eso de respiración diafragmática, relajación, juegos de atención o tablas de ejercicios divertidos. El libro recoge la mayor parte de ellos y muchas otras cosas.

miércoles, 10 de enero de 2018

Mis objetivos para ser feliz en clase


El inicio de año, o de curso, es una época muy especial. Miedos, motivaciones, ilusión, expectativas... Como docentes es recomendable tratar de canalizar toda esa energía de una forma que proporcionemos a los alumnos la seguridad que necesitan pero también un horizonte al que llegar que puedan definir ellos mismos. Por eso, en nuestras primeras clases realizamos una actividad muy especial. La llamamos "Mis objetivos para ser feliz en clase" y su nombre no permite mucho margen a la imaginación. En él, cada alumno, de forma personal, escribe los objetivos, los pasos que pretende realizar tanto a corto como a largo plazo para alcanzar ese horizonte de felicidad que visualiza.

Instrucciones para crear el cartel de objetivos para ser feliz:
  • Pide a tus alumnos que reflexionen. Que piensen en conductas concretas que han realizado otros años y les han aportado sensación de bienestar.  
  • Sobre un papel, el alumno ha de escribir mínimo 5 objetivos que le acercarán durante todo el curso a sentirse más feliz. 
  • Puedes poner ejemplos, pero pocos y cómo medida de orientación. Ejemplo: "Controlar mis nervios" o "Estudiar día a día".
  • El alumno puede decorar o utilizar la informática para personalizar su cartel. 
  • Una vez finalizado ha de colocar cerca de su mesa o en su defecto pegado en la agenda.
  • Posteriormente todos los miembros de la clase han de crear un cartel grupal. En él se reflejarán las mejores, más interesantes o prácticas ideas de la clase. Anímales a que debatan sobre cuales son las que merecen estar en ese cartel. Una buena idea es que cada alumno sugiera uno de sus cinco objetivos y planteárselo a sus compañeros para decidir.
  • Juntos crean un gran cartel que el profesor puede colocar próximo a la pared o pizarra.  
* En ocasiones puede ser interesante, en lugar de hacer un único cartel de toda la clase, hacer grupos más pequeños, de cinco-diez alumnos. Cada grupo debatirá sus propias ideas y elaborará un cartel con las cinco-diez mejores. Al final obtendremos tantos carteles de objetivos como grupos hayamos formado.

 Finalidad de la actividad con el alumno:
  • Conocer que puede hacer para sentirse bien consigo mismo. 
  • Aceptar que tiene en su mano la fórmula para ser feliz.
  • Visualizar que el esfuerzo puede merecer la pena.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Comida de Navidad | Planifica y aprende

Esta semana, en clase, vamos a trabajar varios aspectos importantísimos a través de un divertido ejercicio. Planificación, organización, atención, razonamiento matemático, empatía, diferencias sociales, valoración de lo que tenemos y la reflexión personal serán algunos de los temas fundamentales.

Desarrollaremos la actividad tanto en Educación Primaria como en la ESO. Así que no hay excusa de edad, ¡anímate hacerlo tu también, con tus alumnos o tus hijos!

Material necesario.
Revistas o folletos de propaganda. Papel, bolígrafo, tijeras y pegamento.

Descripción de la actividad.

Vamos a ponerles un reto diferente. Uno de esos que por edad no les suelen tocar. Se trata de una actividad que, normalmente, realizan los abuelos y que, de forma natural vamos heredando la siguiente generación. Se trata de pedirles que planifiquen la comida de navidad. Su cometido no va a ser cocinarla (aunque os animamos a que participen en la medida de sus posibilidades), ni siquiera tendrán que acudir a comprar los ingredientes. Su misión se quedará en la planificación, que no es poco. Tendrán que ponerse en nuestro pellejo: planificar, organizar y cuadrar cuentas. 

Lo primero será ofrecerles los datos básicos de la comida. Les escribiremos en un papel el número de invitados, detallando adultos y niños. Recordarles que vendrá el primo vegetariano, la alergia de su hermano o la persona que siempre protesta con todo (si es su caso aún mejor). En segundo lugar les indicaremos el presupuesto con el que contamos este año (en el caso de ser varios alumnos o hijos, intenta dar cantidades muy diferentes para posteriormente razonar acerca de las diferencias).

Recuérdale que para hacer esta compra tiene un tiempo concreto, ya que no todos gozamos de un tiempo infinito. Hay más cosas que hacer. Cuantos más folletos compruebe mejor puede ser su compra, pero para ello deberá estar atento porque el tiempo vuela. Decide el tiempo según la edad, si ves que te has quedado corto, regálale tiempo con escusas como que el repartidor le llevará gratis la compra. O quítale tiempo aludiendo que se le ha estropeado el coche y deberá ir a todos lados andando.

Para poder hacer una buena planificación le indicaremos que vaya organizando los alimentos con sus precios. Posteriormente los organizará y descartará lo que no necesite. Los alimentos han de convertirse en platos que se puedan comer: entremeses, primer plato, segundo y postre. Todo teniendo en cuenta su valor, el dinero que poseen y todas las peculiaridades de los comensales.

Cuando ya tenga o tengan todos creados sus menús deberán presentároslos, explicar el esfuerzo que ha requerido la preparación y su complejidad. Le vamos a pedir que reflexione cómo se sentiría en esa comida como anfitrión o como comensal. Hablaremos sobre las diferentes comidas, empatizaremos no solo con el esfuerzo sino con la frustración, la ilusión, la tristeza, el deseo… intentaremos que valoren lo que cada uno tiene y la fortuna del compañero de al lado, no por el manjar sino por lo que esta comida conlleva. 

Las familias sin demasiados apuros económicos pueden establecer un bonito ejercicio dando un presupuesto muy reducido, de esta forma conseguiremos que valore lo que tiene y empatice con quienes no. Además pondrá a prueba su originalidad culinaria.

Nota. Esperemos que algún valiente se atreva a oficializar dicho menú. No sería increíble.