martes, 20 de noviembre de 2018

La curva del olvido | ¿Puedo controlar el tiempo que retengo la información?

Olvidar es no querer recordar el error
Enzo Gamboa

Olvidar es una acción involuntaria que consiste en dejar de recordar, es decir, algo que estaba en la memoria. No desaparece, simplemente, no encontramos dónde está, no sabemos llegar a la información buscada. Es como cuando no encuentras ese objeto en tu casa aunque estás convencido de que está por algún lado.
Como decimos arriba, es una acción involuntaria y esto es crucial. ¡Deja de luchar con tu hijo para que recuerde ese párrafo y vamos a enseñarle a estudiarlo de forma que sepa exactamente el lugar exacto de su cerebro en el que lo ubica y pueda encontrarlo cuando lo necesite!
En otras entradas hemos hablado de la memoria (ver cómo aprender a memorizar, cómo trabajar la memoria o algunos consejos generales), en esta entrada veremos porque olvidamos y como funciona nuestra memoria para tratar de evitarlo.

La memoria es un recurso limitado. No podemos almacenar todo lo que queramos ni saber donde lo dejamos. Por ejemplo, en memoria a corto plazo, está demostrado que de media somos capaces de recordar unos 7 elementos en 30" si no repasamos pero la potencialidad de nuestra memoria es inmensa si la trabajamos debidamente. Carl Sagan afirma que somos capaces de almacenar el equivalente a 10 billones de páginas de enciclopedia. Pensarás, ¿y que a mi no se me quede el nombre del presidente de Portugal? Nos pasa a todos.

¿Por qué olvidamos?
La explicación la encontró Hermann Ebbinghaus ya en 1885 y los estudiantes del mundo aún no lo tenemos interiorizado. El psicólogo alemán, trató de encontrar las variables que afectaban al olvidó y concluyó que lo que recordamos, la retentiva, depende de dos factores fundamentales.


El primero de ellos es el tiempo transcurrido y a él dedicaremos la presente entrada (dejaremos para la semana que viene el otro factor, la intensidad del recuerdo). Cuando tratamos de memorizar algo, llega a nuestra memoria y se desvanece de forma muy rápida. Desde que me lo estudio pueden pasar minutos hasta que la información estudiada se desvanezca en el olvido, de forma que, según los estudios realizados, pasado un día no recordaré más que la mitad de lo estudiado y tras dos días tan solo encontraré un 30% y a la semana solo retendré un 3%. 



¿Triste, verdad?, ¿cómo puede afrontar un examen con este panorama desolador? Pues controlando los tiempos de repaso. Si soy capaz de encontrar ese punto en el que mi retentiva está disminuyendo sin que haya desaparecido la información, podré repasar y volverlo a traer al primer plano de mi memoria. La gran noticia es que según Ebbinghaus y estudios posteriores, tras este primer repaso, la información se conserva de forma mucho más eficaz y duradera.

Ahora la información durará más tiempo pero seguirá tendiendo a desaparecer. Me toca hacer otro repaso, quizá pasados 2-3 días para volver a refrescar la información. Me daré cuenta que ahora la tenía más presente y que cada repaso es más sencillo y rápido.

¿Cuántas veces repito el proceso?, ¿cuándo sé que la información está consolidada? Pues dependerá de tú entrenamiento y tu capacidad de memoria. A los alumnos siempre les decimos algo que, si bien no es exacto es muy claro, la memoria es como un músculo. Hay gente que tiene mayor predisposición genética a tener "bola", le cuesta menos tener sus músculos a tope pero todos, absolutamente todos, podemos tener músculos. Se trata de entrenar de forma constante. El cerebro sigue esas mismas normas. Las primeras "flexiones" de la memoria son durísimas, y me dejan "dolor de cabeza" pero, poco a poco, veré como mi memoria cada vez está más en forma.

Es importante entender que, igual que para hacer músculos no vale solo con ir a la cafetería del gimnasio, para entrenar la memoria no vale tener el libro delante y leer, necesitamos "sudar". Lo contrario es una perdida de tiempo.

Si te interesa analizar el otro factor que afecta al olvido, además del tiempo transcurrido, es decir, la intensidad del recuerdo, visita la siguiente entrada.


Conclusiones
  • La memoria es limitada, entrenable y controlable.
  • A más repasos, más y mejor permanecerá en nuestra memoria la información estudiada.
  • Olvidamos porque nuestro cerebro busca liberar la memoria. Es normal e involuntario. No sirve de nada enfadarnos por eso. Gasta esa energía en planificar y repasar.

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miércoles, 14 de noviembre de 2018

Consejos generales de memoria | Parte III


Consejos generales de memoria
  • Ningún padre o docente va a conseguir que un menor memorice algo si este no pone de su parte. Sabemos que es algo obvio pero es una fuente de frustración y decepciones inmensa. Debemos enseñar a memorizar activamente, es decir, el menor debe entender que si no quiere y pone energía en memorizar algo no lo va a conseguir. Nadie puede. 
  • Memorizar exige una enorme concentración y agota. Pretender poner a un chico delante de un libro memorizando una hora de primeras es ridículo. No lo va a hacer. No puede. Es mejor dosificar y alternar tareas. Con el tiempo su capacidad de aguante irá aumentando de forma progresiva.
  • Muchos chicos pasan horas de los libros con un rendimiento muy bajo. Desde Educar sin varita mágica recomendamos estar en la silla solo en momentos de aprovechamiento. Acostumbrar a los jóvenes a estar en la silla sin concentrarse y perder el tiempo es doblemente negativo. Es mejor combinar el ocio y la diversión con momentos de aprovechamiento real. Será más feliz y su rendimiento será superior.  
  • Intentar adaptar los métodos al menor. Las normas mnemotécnicas más eficientes son las que creamos por nosotros mismos.
  • Cuando vemos a un menor frente a un libro, un folio o un esquema leyéndolo simplemente, en torno a un 90% de los casos, estará realizando una labor poco efectiva o, directamente inútil. El motivo es que ni está activo, ni atento ni implicado. En cambio, cuando el menor repasa mentalmente lo estudiado, lo escribe o gira el folio para comprobar si lo ha retenido, está utilizando un método eficaz. Así que, un buen consejo podría ser indicárselo. Si asegura que está estudiando anímale a cambiar de actividad. Cantar, recoger, hacer algo que implique lápiz, ayudar a hacer la cena o simplemente conversar con él provocarán que, cuando retorne al estudio, tenga una actitud diferente, quizá más activa. Se trata de una simplificación pero creemos que en un porcentaje altísimo de los casos es asumible como real (#EducarLAB).
  • Repasar es fundamental para asentar el conocimiento a largo plazo. Aunque hay muchas técnicas os proponemos la que a nosotros y nuestros alumnos les resulta más eficiente. Tras memorizar de forma efectiva repaso al día siguiente, después a los 2 días, 4 días, 8 días, 16 días, 32 días, etc. Vamos duplicando el periodo hasta que quede completamente retenido en nuestro sistema neuronal (Distribución espaciada).

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martes, 6 de noviembre de 2018

¿Cómo puedo conseguir retener esa información en el tiempo? | Parte II

Puede que te interese entender cómo funciona nuestra memoria y la de los menores antes de leer este artículo. Si es así, pincha aquí.
La memoria funciona de forma muy similar a un músculo. Es difícil esperar ser muy fuertes si antes no entrenamos y es difícil tener buena memoria si antes no practicamos. A más entrenamiento más capacidad. No imparte desde donde partamos, esa norma se cumple en todos los casos.
Existen personas con una enorme capacidad de memoria innata, con memoria eidética, con dificultades de almacenamiento pero, exceptuando las patologías que afectan a la memoria como el Alzheimer, todos nos basamos en un mismo proceso de retención de memoria. Así que dejémonos de excusas y a entrenarla. Como si de deportistas se tratase, no todos podemos llegar a la élite ni necesitamos las mismas horas de entrenamiento para alcanzar ciertos objetivos pero, a nuestro nivel, todos podemos alcanzar importantes metas con el consiguiente esfuerzo. ¡Vamos allá!
Memorizar una información nos va a exigir activar nuestro cerebro, prestar la máxima atención y querer implicarnos en que esa información se quede en nuestras neuronas, es decir, lo que llamábamos la Santísima Trinidad de la Memoria. Además, para que esa información permanezca mucho tiempo necesitaremos recordarla periódicamente. La curva del olvido nos dice que, en pocos días, olvidaremos más de la mitad de lo aprendido si no lo repasamos. Recordemos igualmente que factores como el sueño o el estrés también afectan al proceso.

¿Que debemos hacer para memorizar?
Cada persona y cada información puede requerir un proceso específico que sea especialmente eficaz. Los hay más verbales y otros más visuales. Vamos a proponer un buen número de consejos útiles y prácticos de manera que cada uno pueda utilizar los que le resulten óptimos a su caso. Os aconsejamos probar los diferentes métodos para encontrar vuestra fórmula.
- Utiliza normas mnemotécnicas. Se trata de "trucos" que nos ayudan a retener conceptos más complejos. Ejemplos de normas mnemotécnicas son el uso de los nudillos para recordar la duración de los meses del año; o recordar el orden de los Planetas mediante la frase "Mi vieja tía marta jamás supo untar nada en el pan" (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y el "planeta" enano Plutón).
- Las personas con mayor memoria visual pueden recurrir al uso de colores a la hora de subrayar, elaborar esquemas o crear representaciones. Además, en ocasiones, es muy interesante convertir palabras en imágenes que nos faciliten su recuerdo. Por ejemplo, para recordar un experimento imaginar que lo estas llevando a cabo en un lugar concreto, paso a paso, puede resultar de gran ayuda.
- Uso de acrónimos. Utilizando las primeras letras de un conjunto de palabras podemos formas una palabra nueva que nos facilite la memorización. Por ejemplo, podemos recordar la Ley de Ohm acordándonos de nuestra prima Virginia y es que VIR es la Ley de Ohm V = I x R. Una variante utilizaría palabras enteras o partes de las mismas para formar frases con el mismo fin.
- Crea historias o teatrillos que te acompañen en el proceso. Si, por ejemplo, quieres recordar varios elementos puedes imaginártelos en las diferentes partes de tu casa en lugares precisos. Una variante concreta de este método es el método de los lugares o loci usado desde la antigua Grecia. En él simplemente eliges un camino bien conocido, por ejemplo el camino al cole o al trabajo, y en diferentes puntos del mismo ubicas las diferentes cosas a memorizar. Es crucial imaginarlo de la forma mas realista posible y recordarlo varias veces.
- Utiliza relaciones sencillas. Un par de ejemplos. Los Anticiclones corresponden a centros de Altas presiones mientras que las Borrascas a Bajas presiones. Las primeras letras se corresponden A con A y B con B. Para recordar el nombre científico del Laurel, Laurus nobilis, recuerdo que mi prima Laura fuma Nobel.
- La repetición puede ser un método muy eficaz de retención pero, contrariamente a lo que se suele pensar, no es suficiente con una repetición tipo papagayo. Requiere concentración y repetición en tiempos salteados a modo de repaso.

Lamentablemente no solo podemos vivir de los trucos en el proceso de memorización. Son muy útiles y nos van a ayudar muchísimo pero si me toca aprenderme los números en inglés no tengo mucha opción de vivir solo de trucos. Memorizar listados de palabras, temas completos, esquemas, etc. requiere nuevamente de nuestra Santísima Trinidad. Veamos:
  1. Activar. En primer lugar necesitamos simplificar y ser lo más efectivos posibles. Si nuestra capacidad de memoria es limitada evitemos gastar energías innecesariamente. Por ello es importante que eliminemos contenido irrelevante y demos un formato visualmente atractivo de forma que aprovechemos nuestra memoria visual además de la verbal. Es por eso que somos tan pesados con la realización de resúmenes y esquemas en los que se destaquen los aspectos claves y se elimine lo superfluo. 
  2. El resultado de esa ordenación y simplificación debe ser lo más coherente e intuitivo posible para el estudiante. Si no lo entiendo el esfuerzo va a ser infinitamente mayor. ¿Has probado a memorizar una palabra en árabe o chino?
  3. Atención. Cualquier intento de memorizar a "medio gas" va a resultar un fracaso. Es necesario acostumbrar a los menores y a su cerebro a que cuando van a memorizar debe ser con un esfuerzo importante. Si no están con ganas o capacidad es mejor que se dediquen a descansar, hacer ejercicios, esquemas o resúmenes que les obliguen a activarse sin tanto esfuerzo.
  4. Implicarse. Necesitamos que sea el propio estudiante el que ponga de su parte y no siempre es así. Padres o profesores que ponen toda su energía en "controlar" que estudie o memorice es probable que, pese a su buena intención, estén condenados al fracaso. Creemos que es mejor motivar, ayudar a establecer un plan eficaz o enseñar a memorizar que pelearse por mantenerlo en la silla. Establecer metas pequeñas, programar objetivos realistas, reforzar sus logros son estrategias inmensamente más eficaces.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Aprendiendo a memorizar | Parte I

Con unos 100.000 millones de neuronas, ¿cómo es posible que mi hijo no sea capaz de memorizar el verbo to be?, Se pasa horas en la habitación, ¿por qué luego suspende? La memoria es una de las funciones más complejas del cuerpo humano, aún a día de hoy es en gran parte un misterio para los humanos. Memoria a corto o largo plazo, memoria sensorial, memoria emocional... En este artículo no pretendemos descifrar estos misterios sino comprender su funcionamiento y forma de trabajarla en los menores (y porque no, en los mayores).
No pretendemos teorizar mucho sobre el proceso mental en sí pero resulta necesario asumir que, para que algo sea memorizado necesita tres requisitos indispensables, lo que llamamos la Santísima Trinidad de la Memoria:
  1. Activar el sistema.
  2. Atender.
  3. Implicarse personalmente en la memorización.
Pero, ¿qué significa eso?, ¿por qué son tan importantes esos pasos?, ¿son necesarios para que mi hijo memorice los ríos de la península? Evidentemente hay personas con más o menos capacidad para memorizar pero, esa diferencia, no justifica el fracaso o el éxito de la mayoría de casos. Todos hemos vivido fracasos en la preparación de un examen, hemos sufrido un "blancazo" o hemos sentido que perdíamos el tiempo estudiando. Por ejemplo, ¿cuantas veces hemos estado frente a un libro leyendo infinitas veces un párrafo que no hemos sido capaces de memorizar?. O, ¿cuantas veces hemos pedido a nuestro hijo que estudiase ese tema y, tras muchísimo tiempo dice "no se me queda"? 
Memorizar no es introducir información al cerebro como si se tratase de las cajas de una mudanza. Retener algo en nuestra memoria requiere querer hacerlo (Activar), mantener la concentración absoluta durante todo el proceso (Atención) y poner toda nuestra actitud en buscar la mejor forma de fijarlo en nuestro cerebro (Implicarse). 
Imaginemos que estamos hablando con nuestro hijo y no nos está haciendo caso. En ese momento le decimos "No me escuchas. Ni siquieras sabes de que te estoy hablando". En muchas ocasiones el menor es capaz de repetir la última frase que le hemos dicho dando a entender que si nos prestaba atención aunque las dos partes sabemos que en realidad no es cierto. Otro ejemplo puede ser el de memorizar un número de teléfono. Con apenas esfuerzo somos capaces de repetir un número de teléfono que nos dictan pero esa retención a penas dura escasos segundos en nuestro cerebro, después se desvanece, se evapora. Esto es lo que separa la memoria a corto plazo (unos 10 segundos), puntual, efímera, de la memoria a largo plazo, consistente y más estable. Nuestros hijos necesitan memorizar en esta segunda esfera de la memoria y eso va a requerir la santísima trilogía de la memoria: activar, atender e implicarse.

Memoria de hielo
Utilizaremos la analogía con la que intentamos explicar a los menores el proceso de memorizar en Educar sin varita mágica (#EducarLAB). Imaginemos un día caluroso en el que estamos sedientos. Alguien deposita un hielo en nuestra mano. Necesitamos que se derrita para poder beber el agua y a penas tenemos unos segundos para retener ese agua antes de que se deslice entre los dedos. Tenemos muchas formas de mantener ese agua para poder beberla una vez derretida pero necesitamos hacerlo pronto y pensar en un plan para retenerla. Si lo hacemos de una forma eficaz después podremos usarla para paliar nuestra sed. Entendemos que la memoria sufre un proceso parecido. El objetivo es retener esos conocimientos en nuestra memoria a largo plazo. Me llega la información, sea porque me la dictan, la leo o la escucho. Tengo unos segundos para almacenarla antes de que se derrita. Puedo repetirla mil veces, puedo escribirla y probar que la recuerdo, puedo utilizar relaciones, acrónimos, normas mnemotécnicas... cada ocasión y persona puede requerir un método diferente pero, sin duda, necesitamos un plan para que no se escape entre nuestros dedos, entre nuestras neuronas. Solo si somos capaces de guardarla bien podremos beberla cuando lo necesitemos.

La memoria es un proceso básico en el aprendizaje y en la supervivencia. No se trata de memorizar como si de un disco duro se tratase sino de retener datos útiles y consistentes que formen unas redes neuronales fiables de forma que nos permitan alcanzar las metas esperadas. 

miércoles, 24 de octubre de 2018

Contrato Laboral, una estrategia eficaz para las normas de casa | Consejos para padres


Poner normas no es nada fácil, como ya decíamos en la entrada anterior (ver Normas para casa). Existen múltiples formas de aplicarlas aunque lo más común son las economías de fichas (ver en libro Educar sin varita mágica). En esta ocasión os vamos a proponer una variante: el contrato laboral.

Edad: de 8 a 18 años (con las conseguidas adaptaciones según edades).
Objetivo: crear una dinámica que ayude a asumir las normas en casa de una forma consensuada y práctica.

¿Cómo utilizamos el contrato laboral en casa?
Tal y como ocurre con cualquier estrategia, si queremos que sea efectiva tiene que ser consensuada, pensada y firme. Quizá os resulte útil seguir estos pasos:

  1. Antes de hablar con el menor, plantea con tu pareja (si la tienes y colabora) que objetivos os planteáis en un principio. Empezar con cosas asequibles pero que motiven al menor será clave. Puede ser cosas como: ducharte solo, recoger tus juguetes, hacer la cama, poner la mesa.... 
  2. Plantearos que recompensas estáis dispuestos a asumir. El contrato plantea recompensas en céntimos. Sabemos que no es lo ideal pero es realmente efectivo. En el caso de chicos que ya tienen paga es un motivo formidable para ganársela; para quienes no queráis que haya dinero por medio (nosotros en clase así lo hacemos), ese dinero son puntos que se canjean por premios previamente estipulados.
  3. Una vez tengamos esta base clara toca diseñar y firmar el contrato. Juntaros todos, incluido el/los menor/es. Respetar el proceso sin interrupciones ni teles de fondo. Por ejemplo, las tardes-noches de los domingos son un momento perfecto.
  4. Darle la palabra y contad con ella. Se trata de construir algo positivo para todos y es necesario que se sienta participe. Quizá sea más ambicioso que vosotros o busque objetivos y retos propios. Dejadle que construya. 
  5. Negociad con él o ellos, sin traspasar las líneas rojas que ya habíais acordado. Buscad justicia.
  6. Recoged en el contrato laboral os acuerdos establecidos. ¡Firmadlo! Es la base de todo contrato y eso le hará entender (y nos hará entender a nosotros) que un contrato es para cumplirlo.
  7. Buscad que cada uno de los puntos esté en positivo. Es decir, mejor "Hablar bien" que "No decir tacos" o mejor "Ducharse cada día" o "No ser un cerdo".
  8. Colgarlo en un lugar accesible, por ejemplo, la puerta del frigo o en la pared de su habitación.
  9. Revisarlo y rellenarlo diariamente. Por ejemplo, justo antes de cenar. Dejad que lo haga él y simplemente aseguraros de que es objetivo (para bien y para mal).
  10. A lo largo de la semana reforzad los esfuerzos y, al final de la misma, cumplir vuestra parte de recompensas. 
  11. Periódicamente, según veáis que pierde eficacia, modificar los puntos a trabajar, ampliarlos, reducirlos según os parezca más útil. Lo mismo con las recompensas. 
  12. En el momento en el que uno de los objetivos se de por consolidado, es momento de eliminarlo de los objetivos del contrato y recompensar por ello. Lo ha conseguido y eso es el motivo y misión del contrato laboral, así que es momento de darnos la enhorabuena todos y celebrarlo.
  13. Ser consecuentes con las posibles pérdidas de refuerzos.

Contrato Laboral: el documento.
- Comienza con un apartado de datos iniciales:

  • Nombre del trabajador: el pequeño o pequeños.
  • Fecha de formalización: el día que se firma. Podría ser los domingos tarde-noche.
  • Nombre responsables de empleo y sueldo: vosotros, los padres o profes.


- Las normas a perseguir se ubican en las condiciones del contrato. Diferencia entre tres categorías, aunque se pueden mezclar o eliminar según vuestras necesidades. Son las siguientes:

  1. Normas a cumplir. Se trata de nuestros objetivos reales para la/s semana/s. Esa norma que queremos empezar a implantar y que creemos que puede ser positiva para todos. Algo que no hayamos conseguido hasta ahora y creemos que es el momento. Puede ser recoger su plato al acabar de comer; leer antes de dormir o recoger sus juguetes cuando acabe de jugar. Son el objetivo principal del contrato y la única de las categorías que siempre debemos cumplimentar.
  2. Obligaciones. Normas básicas. Son líneas rojas de nuestra convivencia. Puede ser desde "Hablar en buen tono" o "Tratar bien a tus hermanos" a "Lavarse los dientes".
  3. Responsabilidades. Colaboraciones. Se trata de actividades en las que busquemos la implicación del menor sin ser cosas que creamos absolutamente necesarias. Es algo así como "cosas que hace un hijo modelo". Puede ser comprar el pan, bajar a pasear a nuestro perro o bajar la basura. Siempre dependerá de nuestros objetivos. Para algunos una actividad concreta puede ser una obligación, mientras que en otra casa sea una responsabilidad.

- La parte de Requisitos Económicos es muy útil para darle credibilidad al contrato. Permite establecer un tope de puntos, algo que resulta muy útil cuando hemos decidido una línea roja de paga, por ejemplo.

- El contrato, en su dorso, ofrece una opción de "Incentivos extraordinarios". Es una parte que nos permite más libertad, tanto a él como a nosotros. Por ejemplo, el puede sugerir que, sin ser su obligación, le apetece un día haceros el desayuno. Es su decisión y es genial. Simplemente valoraremos los puntos que tal actividad merece (Apartado de Actividades Extra Acordadas). Aún más interesante. Imaginemos que un día, sin haber hablado nada del contrato, hemos visto a nuestro hijo ayudar a un niño que se ha caído en el parque o ha decidido hacer una actividad extra en el cole. Esa conducta merece un refuerzo enorme y, si lo consideramos pertinente, esa misma noche, mientras rellenamos el contrato del día, le diremos que eso que ha hecho bien merece unos puntos extra. Los escribís, lo valoráis y le dais la enhorabuena por la iniciativa (Apartado de Actividades Extra No Acordadas).


- Firmad el contrato todas las partes. Es absolutamente importante para ellos y os ayudará a todos a entender que es algo a cumplir. ¡A todos!

Se trata de una estrategia sencilla y tremendamente eficaz. Descargad el documento en pdf y sentiros libres de usarlo, imprimirlo y compartirlo cuanto queráis. Es vuestro.



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miércoles, 17 de octubre de 2018

Normas para casa | Consejos para padres

Conseguir que las normas en casa funcionen es una tarea que nos da infinidad de dolores de cabeza. Lo que es peor, acabamos tan cansados y desesperados, que nos damos por vencidos y aparece el caos en nuestra vida.
Poner normas en casa en algo necesario y muy positivo. Todos tenemos normas en nuestra vida y enseñar a los más pequeños que ellos también las tienen, les va a ayudar a asumir esas normas en un entorno protegido y evitar de esta forma aprenderlas fuera, sin control ni nuestro amparo.

Hay varios puntos importantes que son muy aconsejables para establecer normas:
  1. Sé claro. Cuanto más mejor. Si puedes especificar el tiempo extra en el parque con minutos, será mucho mejor y menos polémico que "nos quedaremos más rato". 
  2. Sé consecuente. Piensa las normas, los premios y consecuencias, bien antes de ponerlas. Piénsalas en equipo (ver la importancia del equipo). Una vez puestas vamos a respetarlas.
  3. Sé justo. Tanto en lo bueno como en lo malo. Cumple con lo dicho si quieres que él o ella haga lo mismo.
  4. Sé proporcionado. No permitas que tu impulsividad te haga equivocarte. Reflexiona antes de hablar. Recurre a los mississipis si hace falta. Si te has equivocado, recula y pide perdón.
  5. Sé detallista. Refuerza sus avances, sus esfuerzos y, cuando de verdad lo merezca, sácate premios de la manga.


A los chicos les da mucha seguridad sentir que esas normas están claras. Les hace sentir bien saber que se cumplen y respetan. Saber que las cosas están claras y está en su mano conseguir cosas. Uno de nuestros alumnos nos decía que su padre no le quiere porque no le pone normas. Exagerado o no, nos para paradigmático de lo que sienten. Su vida es un pequeño caos de inseguridad e incertidumbre. Las normas claras son algo así como unas gafas para su miopía.

Existe un sinfín de formas de objetivar este proceso y ayudarles a asumirlo. La semana que viene os ofrecemos una que es absolutamente recomendable por su claridad y eficacia: el contrato laboral. Pero, cualquier método vale y el mejor de todos es el que a vosotros os funcione en casa. Una vez que lo elijáis os recomendamos que sigáis los siguientes pasos de elaboración:
  1. Habla con tu pareja (si la tienes y colabora) sobre los objetivos que os parecen prioritarios, las recompensas que estáis dispuestos a ofrecer y el momento a comenzar.
  2. Juntaros todos, incluido el/los menor/es. Respetar el proceso sin interrupciones ni teles de fondo.
  3. Darle la palabra y contad con ella. Se trata de construir algo positivo para todos y es necesario que se sienta participe.
  4. Negociad con él o ellos, sin traspasar las líneas rojas que ya habíais acordado. Buscad justicia.
  5. Elaborar un documento en el que se formalice, de forma clara, los acuerdos establecidos.
  6. Colgarlo en un lugar visible.
  7. Revisarlo diariamente. Por ejemplo, justo antes de cenar. Dejad que lo haga él y simplemente aseguraros de que es objetivo (para bien y para mal).
  8. Periódicamente, según veáis que pierde eficacia, modificar los puntos a trabajar o las recompensas a obtener.
  9. Reforzar sus esfuerzos y ser consecuentes con las posibles pérdidas de refuerzos.


Escribidnos vuestras ideas, cómo lo habéis hecho, si ha sido eficaz... a por ello!

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miércoles, 10 de octubre de 2018

Tengo un dragón en la tripa de Beatriz Berrocal Pérez


- Título: Tengo un dragón en la tripa.
- Autor: Beatriz Berrocal Pérez e ilustrado por Lucía Serrano.
- Edad recomendada: De 6 en adelante. Especialmente interesante entre los 6 y 10 años.
- Puedes encontrarlo en: Santos Ochoa | Everest.
- Precio orientativo: 7,75€.
- ¿Por qué quiero que mi hijo lo lea?: Representa de una manera muy gráfica y sencilla la ansiedad. Enseña a afrontar la vergüenza y el miedo a hablar en público.
- ¿Por qué querrá leerlo tu hijo?: Es una historia divertida, escrita en verso, lo que le encantará. La autora consigue la complicidad de los chicos y su empatía.
Se está preparando una función de teatro en el colegio y nuestro pequeño protagonista tiene miedo a hablar en público. Piensa que tiene un dragón en la tripa que le va dando bocados, y le roba la memoria, por eso no se acuerda de la frase que tiene que decir cuando le pregunten: “Dime, estrella fulgurante, ¿sabes dónde está la luna?, ¿cómo conseguirá vencer a tan terrible dragón?

Así nos resumen Beatriz Berrocal el argumento de Tengo un dragón en la tripa. La historia usa como excusa el miedo escénico para ayudar a retratar los miedos y la ansiedad en los más peques. Todos tenemos miedos, tanto los niños como los adultos, solo que se trata de miedos muy diferentes y eso, a veces, nos hace perder la empatía con ellos en su inseguridad, falta de confianza o ansiedad que esos miedos les producen. Claro que sabemos que no hay un monstruo pero ellos lo sienten así y podemos ayudarles utilizando para ello la imaginación.

Para nuestros chicos el libro aporta una útil herramienta para afrontar la ansiedad y el miedo que les produce hablar en público. Rápidamente asocian lo que describe el protagonista con lo que ellos mismos sienten. Aprovechamos algunos momentos para preguntarles en que momentos sienten ellos a su propio dragón y que soluciones plantearían para quitarle la fuerza y hacerle dormir para siempre.

Normalizar el miedo es una de esas cosas que solemos olvidar los mayores por esa falta de empatía que comentábamos antes, por eso, libros como éste, ayudan a ese proceso. Los niños asumen que esos miedos son parte de ellos y simplemente deben tratar de controlarlos para que no sean más fuertes que ellos.

¿Cómo trabajar el libro?
Tras hablar de su miedo a hablar en público, los chicos estuvieron hablando sobre sus propios miedos y compartieron soluciones. Todos compartían ese miedo a hablar en público así que, Cristián sugirió que exitía una opción de intentarlo... ¡Nooooo! Ninguno quiso pero entendieron que era muy importante para todos. Así que, para mayo tienen prevista una pequeña obra de teatro. Ahora falta elegir la obra, vestuario, guión, personajes... pero, sobretodo, cargar la mochila de estrategias para poder dormir al dragón que todos llevamos dentro.


Si quieres ver más reseñas realizadas por Educar sin varita mágica pincha aquí.