miércoles, 16 de mayo de 2018

¿Cómo enseñar cuando no quieren aprender?


Explicación
Los niños nacen motivados para el aprendizaje. Es un instinto natural. Explorar el entorno, experimentar con lo que tienen a su alcance y afianzar conocimientos. Está ampliamente demostrado que descubrir y conocer produce en ellos un sentimiento de placer.

Igualmente es cierto que existen diferentes aspectos que entorpecen el deseo de continuar con ese anhelo de ampliar fronteras: la falta de cariño, la inseguridad, distorsiones en las recompensas, falta de normas, desatención, el tiempo, las limitaciones, etc. Todos ellos son factores que actúan como piedras dañinas en el camino del aprendizaje.

Objetivo 
Conseguir que aprendan a pesar de las posibles dificultades personales o circustanciales.

Estrategia 
Existen áreas, nosotros las llamamos "cajitas", que son indispensables en nuestra vida. En el proceso de aprender, con una alta probabilidad, alguna de estas cajitas puede estropearse. A veces esa cajitas resultan indispensables y sin reconstruirla no podemos aprender, otras veces podemos resistir con una cajita estropeada, pero será un riesgo para cuando se nos estropee otra. El truco será intentar descubrir cuales son esas cajitas, como de cuidadas las tengo, saber si debo trabajar por mejorarlas y con que intensidad. Y si dudas de sí está o no estropeada, ¡Tranquilo! No conocemos ninguna caja que no esté encantada de que la cuides un poco, son muy agradecidas.
  • Cajita de autoestima. La autoestima ha podido ser dañada cuando el niño se ha sentido incapaz o cuando ha fallado varias veces. En ocasiones el propio proceso de apredizaje ha sido complicado, ha sufrido o no ha se ha sentido lo sufientemente animado o reforzado para el esfuerzo realizado. Otras veces es su propia mente la que es capaz de hundir su amor propio a través de mensajes negativos. ¿Cómo podemos arreglar esa cajita? Conviertete en su entrenador personal, crea junto a él un cartel con auto instruciones positivas, valora con tu atención y cariño sus logros. Una opción concreta podría ser meter papelitos juntos en una bolsa. En cada papel escribirá recuerdos de cosas que consiguió, momentos en los que ha sido feliz, objetivos pequeñitos que cree que puede conseguir y cada progreso que vaya apreciando en su aprendizaje. Al día puede coger hasta tres papelitos y durante unos minutos recordar o pensar en ellos. Servirán como refuerzo para aquellos momentos en los que se sienta un poco más desanimado (ver más sobre autoestima en menores).
  • Cajita de motivación. La motivación se ve afectada cuando no conseguimos lo que nos proponemos, cuando no logramos lo que deseamos y nos sentimos frustrados ante los intentos o el esfuerzo no recompensado. ¿Cómo podemos mejorar la cajita de la motivación? Define cada pasito en su camino, intenta crear junto a él objetivos reales, pequeños, muy pequeños, lo más factibles posibles. Al principio busca objetivos que sen muy posibles de conseguir. Dibújalos o escríbelos en grande y colócalos en un sitio visible. Define junto a él tres estrategias para conseguir esos objetivos y una recompensa negociada para cuando lo consiga (ver más sobre motivación en menores).
  • Cajita de seguridad. La seguridad se daña tras cometer errores, cuando uno no se valora o se cree incapaz de alcanzar metas. A veces la estropeamos por no saber cómo actuar o por exigirnos la perfeccióna nosotros mismos. ¿Cómo podemos arreglar la cajita de la seguridad? Crea un esquema en el que pueda apoyarse. Sin hacer o decirle que hacer, actúa como puente, acompáñale en el aprendizaje pero deja que sea él quien luche. Organiza cada actividad como un reto, crea pautas y trucos junto a él, plantéale preguntas para descubrir cómo conseguirlo. Házle protagonista de su camino yendo a su lado.
  • Cajita del éxito. Carecemos de sentimiento de éxito cuando creemos que no hemos conseguido nada, nos exigimos retos demasiado grandes, al no valorarnos adecuadamente, etc. ¿Cómo podemos arreglar esa cajita? Enséñale a medir los éxitos de forma coherente a sus capacidades. Podemos crear juntos un metro (que marque desde un metro hasta los diez metros), que mida la longitud-valor de cada reto que se proponga. Plantea cuantos metros ha de conseguir superar para lograr lo que desea. Ejemplo, hacer dos problemas de matemáticas correctamente, es posible que en este momento sea un objetivo muy complicado y para ello requiera superar 8 metros. Si lo consigue ha de sentirse super exitoso, pero en el caso de conseguir un problema correcto lograré 6 metros, de lo cual también se sentirá muy feliz por lo logrado. El metro actuará de representación lógica y más visible para él y podrá apreciar de forma realista sus avances.

miércoles, 9 de mayo de 2018

¿Me está escuchando?


¿Cuántas veces repetimos las mismas instrucciones? "¿Es qué no me has oído?", "¿Pero es qué no me escuchas?" o "¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?". Vamos a hacer un spoiler de la entrada contestando esta última pregunta: Una sola vez
Imaginad que os piden que os deis un doloroso pellizco en el mulso. Sabéis que no lo queréis hacer y que va a doler. Ahora imaginad que vuestros padres os permiten estar viendo la TV hasta el momento del pellizco. En un momento determinado os llaman vuestros padres:
- Héctor, deja de ver la TV y ven a darte ese pellizco.
¿Qué hará mi hijo? 
De primeras está claro. Evitamos el pellizco y encima nos quedamos viendo los dibujos. Doble premio. Nos vuelven a avisar. Reaccionamos igual. Cuantas veces. Hasta que nos dan un chillo o un castigo que nos hace suponer que el ver la tele y evitar el pellizco ya no va a salir a cuenta.
Consecuencia de esta forma de proceder. Cenas frías, más horas de televisión o consola, deberes sin hacer, llegar tarde... pero, sobretodo, cabreos y mal genio por todas partes y una espiral que conlleva más repeticiones, menos caso, más rebeldía, menos armonía. En definitiva, un panorama cada vez más desagradable.

¿Cómo evito o corto con esta espiral? 
Necesitamos sentarnos, plantearnos nuestra forma de proceder en esos casos y, sobretodo, ser muy constantes. En un primer momento sentaremos una serie de bases sobre las que construir todo.
  1. No voy a chillar ni insultar. Necesito hacerlo bien para poder pedirle lo mismo a él.
  2. Las cosas solo se dicen una vez (excepto en casos muy puntuales o especiales). Al principio puedo comenzar permitiendo dos avisos. En poco tiempo pasaré a uno solo.
  3. Rápidamente al tercer aviso en un principio seré consecuencte, sin dudar ni dar más oportunidades. Las escusas jugarán en tu contra.
  4. Cuando se de la instrucción trataremos de ser firmes, tranquilos, procurar mirarle a los ojos y, si es posible, a su misma altura visual.
  5. Haré caso al menor para que no tenga que llamar la atención de forma negativa.
  6. Reforzaré y/o premiaré cada vez que haga caso a la primera. "Qué gusto que vengas tan pronto", "Así da gusto". No es justo que acudir al primer aviso suponga agravios como ver menos tiempo la TV. Por eso, premia su buen comportamiento con algo de tiempo libre o compartiendo el tuyo propio con él de la forma más constructiva que se te ocurra.
  7. Como solo voy a dar las instrucciones una sola vez, verbalízala en el momento óptimo. Si me adelanto sin motivo estaré enviándole un mensaje negativo ante la puntualidad.
Todas estas pautas son muy importantes al principio. Con el tiempo la dinámica se irá integrando en su conducta y todo será más sencillo e intuitivo. En esta entrada anterior ofrecíamos algo más de información a este respecto.

Genial, ¿y si todo esto no funciona y no me hace caso?
Lo primero que debemos recordar es las pautas anteriores. No son negociables si queremos que funcione. Ahora bien, le hemos dado una instrucción y no hace caso. Igual que cuando reacciona de forma correcta le damos una consecuencia positiva (más tiempo libre, más juegos, más momentos compartidos, etc.), cuando no hace caso necesita una consecuencia negativa que le haga entender de qué forma es mejor que haga las cosas y de cual no. Si  los menores no saben cuando deben hacer o no algo se sentirán perdidos, desorientados e inseguros. Los menores, como los adultos, necesitamos saber en que márgenes nos movemos para sentirnos protegidos.

¿Cómo lo hago?, ¿cómo actúo?
  1. Informo a mi hijo de que vamos a empezar a actuar de una forma diferente. Quizá al principio le cueste porque le hemos acostumbrado mal y es error nuestro. Estamos convencidos de que el cambio es a mejor y vamos a cumplirlo.
  2. Explicamos que, desde este mismo momento, las cosas solo se dicen una vez. No valen los chillos ni las discusiones. Si valen las preguntas, los debates y los errores bien intencionados.
  3. Cuando se pida una cosa y se haga caso a la primera se obtendrá un premio. Necesitáis definir claramente ese premio. Por ejemplo, cinco minutos más de juego en el parque el día siguiente.
  4. Cuando se haga caso a la primera aunque se demore un poco, por ejemplo hasta un minuto, en cumplirlo no habrá consecuencias ni positivas ni negativas.
  5. Cuando no se haga caso a la primera o se demore más de un minuto su cumplimiento tendrá cinco minutos menos de parque, siguiendo el mismo ejemplo de antes, y si, pasado un buen rato, sigue sin hacer caso, se eliminará la diversión (apagar la TV, recoger la consola o requisar el móvil o la tablet), por un tiempo proporcional al incumplimiento de la orden.
Podemos ser más benévolos o estrictos pero, lo uno o lo otro, se fija a la hora de establecer las nuevas condiciones sobre nuestra forma de actuar, nunca en el momento o a la hora de establecer consecuencias. Frases como "Pobrecito", "Es que me da penita que se vaya antes" hay que planteárselas a la hora de establecer esas consecuencias y no en el momento de establecerlas o cumplirlas. De hacerlo así le confundiremos más e incrementaremos sus ganas de encontrar esos límites que le estamos haciendo difusos.

¿Mi pareja/Mis padres/Mis suegros.. no funcionan de la misma forma y eso lo complica todo?
Es una verdad absoluta. Eso hace que sea mucho más difícil enseñar a nuestro hijo como comportarse para que su vida sea mejor. Solo nos quedan dos opciones. Tratar de mostrar ese camino más armónico a quien no lo sigue y, si esto no funciona, solo nos queda seguir con nuestro propósito y no desesperar. Nos costará más tiempo pero, os aseguramos que, en un tiempo veréis al menor respetando vuestras normas a la primera (al menos casi siempre) mientras que no lo hacen con esas otras personas. Son muy listos y saben que cada persona y ambiente exige un comportamiento y van a aprender a que con Pepito se hace caso a la primera y con Manolito a la décima o hasta que llegue el chillo.

UNA CURIOSIDAD
La memoria auditiva es capaz de retener la información que llega a nuestros oídos desde los 2 hasta los 20 segundos (tal y como ha descubierto Neisser). Tenemos ese tiempo para decidir si lo que nos ha entrado por el oído se recoge y procesa y, por el contrario, dejamos que se evapore. Así que cuando tu pareja está viendo el fútbol, tu alumno en la luna de Valencia o tu hijo juega a la consola sin hacerte ni caso y tú le dices ”¡Ni siquiera me estás escuchando!” él va a ser capaz de repetir lo último que le has dicho aunque no sepa ni de que habla. A ti se te quedará cara de tonto y no podrás quejarte de que te hayan callado la boca o porque esta vez si que te estaban escuchando, es su maldita memoria a corto plazo ecoica que te ha jugado una mala pasada. La próxima vez recuérdalo y espera 20 segundos a preguntarle si te estaba escuchando.

miércoles, 2 de mayo de 2018

¿Dicen adiós los niños? | Consejos para padres


Explicación
El dolor por la pérdida de un ser querido se siente a cualquier edad, también en la infancia. Resulta complicado ayudar a los niños/as y jóvenes a afrontar la muerte cuando llega cerca y, a veces equivocadamente, padres y adultos tienden a evitar mostrar sus sentimientos ante ellos. Para los adultos es complicado aceptar y gestionar que alguien con quien vivían dejará de existir. En el caso de los niños es muy parecido.
Las diferencias en la comprensión del concepto "muerte" existen. Hacia los cuatro o cinco años comienzan a usar términos como: vida, vivir, estar vivo, muerte o morir. Hacia los ocho o nueve años suelen pensar que juguetes, dibujos o piedras, tienen “vida” y que la muerte es algo pasajero. El concepto de tiempo también tiene una medida distinta; mañana, pasado mañana o para siempre, se mezclan entre realidad y fantasía antes de llegar a adultos.
La clave para entender su visión de este proceso es la imaginación. Ellos son capaces de crear y comprender todo, incluso mejor que los adultos. A partir de los 8 años comprenden el término pero eso no significa que continue resultando igual de complicado aceptar la muerte, de la misma forma que nos ocurre a los adultos.
A cualquier edad entender lo que sucede y vivirlo va a ser muy diferente en función de la persona o personita concreta. En función de nuestra etapa vital, la relación con el difunto o nuestra personalidad lo afrontaremos desde un prisma único, el nuestro. Aún con todo hay algo que nunca cambia y es que nuestro hijo debe sentirse participe del proceso. No es tonto y sabe lo que ocurre, por eso necesita que el resto lo consideren así. Y, además, debemos gestionarlo de forma natural, aceptando la tristeza y ofreciendo una visión con cariño.

Objetivo
Ayudar al menor a aceptar y gestionar correctamente la pérdida de un ser querido (incluídos animales).

Pautas
  • Tratemos de ser lo más sinceros posibles con ellos. Sin ahondar en detalles, pero no dar falsas esperanzas ni verdades a medias. Cómo los adultos los niños necesitan tiempo para la gestión emocional.
  • Es importante que vivan el proceso, desde la forma más positiva posible. Realizar visitas al hospital para leer o jugar un rato, para darle un beso o un abrazo a esa persona son algunas posibles opciones que normalicen la situación.
  • Oriéntale en función al estado de la enfermedad. Utiliza cuentos o historias bonitas (al final de la presente entrada os proponemos algunas opciones).
  • La información debe llegar al menor siempre por la persona que él sienta más cercana.
  • Evitar que participen en el duelo familiar es apartarles de una situación adaptativa en su vida no solo para el momento actual, también para el futuro.
  • Los mayores deben reconocer que ellos también sufren la pérdida. No se lo ocultes, ¡es imposible evitarles el dolor que sienten!.
  • No hay que olvidar, para no angustiarse, que el niño/a o adolescente, igual que los adultos, tardará cierto tiempo en procesar su duelo durante el que irá enfrentándose paso a paso con su dolor.
  • Hablar sobre la muerte con los niños acerca al menor a gestionar el proceso.
  • Hay que contestar a sus preguntas. Si se desconocen ciertas respuestas, trata de resolverlas junto a él o simplemente reconoce tu desconocimiento.
  • Puede ayudar darles protagonismo, hablar de su relación y encontrar el vínculo especial con la persona. Recordar un recuerdo especial del menor con la persona o de la relación entre el menor y el difunto. Cuidado de no sobreproteger generando un falso rol en el menor.
  • Utilizar siempre un lenguaje adaptado a los niños, tanto en vocabulario cómo en el tono o trato. 
  • Hablar de la persona difunta con el menor, contarle como era y cómo vivía. 
Existen aspectos que nos pueden llevar a errar cuando hablamos de la muerte con un menor. Es positivo tener en cuenta al informar: 
  • La muerte es universal. Deben comprender que todos nos vamos a morir, pero que es excepcional en personas jóvenes. Es importante que el niño o el adolescente acepte la realidad pero que no conviva con el miedo constante.
  • La muerte es irreversible. La metáfora del viaje puede hacer que se queden esperando, utilizar la imaginación para crear un lugar puede dar seguridad en el menor pero siempre explicando parte de realidad.
  • El siempre te querrá. Que el menor se quede con sensación una sensación positiva ayuda a gestionar el proceso.
  • Los sentimientos no se esconden. Pueden  manifestar su tristeza en forma de rabia o enfados, por eso es muy importante hablar con ellos, escucharles y explicarles lo que tu sientes. 
Estrategia
El cofre del abuelo y Juan.
  • Buscad una caja de cartón.
  • Coged papeles, cartulinas, pinturas, pegatinas y cualquier material reciclado para decorar y crear el cofre. Es muy importante que créeis el cofre juntos.
  • Introducid los siguientes objetos (si disponéis de ellos): una foto, algo que te recuerde a él y algo que le desees regalar. 
  • Meted un peluche o muñeco que poder abrazar, besar o hablar. Cada abrazo que le de será un abrazo directo para la persona.
  • Introducid un cuaderno y escribid una carta de despedida. En ella le explicaré al menor que a partir de ese momento podrá escribir cada vez que necesite contarle algo o explicarle lo que le echa de menos.
El cofre se convertirá en un lugar al que acudir cuando el menor se acuerde de la persona difunta. Servirá para poder abrazar cuando lo necesite y para poder seguir llenando el cofre de cartas cada vez que desee volver hablar. Será una forma de recordar y de canalizar sus emociones ante esa muerte.


Material complementario
  • Cuentos para trabajar el duelo con los más pequeños.
  • Libros para trabajar el duelo con adolescentes y mayores.

Ver más sobre los miedos de los menores en el Capítulo 20 de Educar sin varita mágica y en el siguiente enlace.

miércoles, 25 de abril de 2018

Garrapiñe



Garrapiñar - Bañar golosinas en el almíbar que forma grumos. Endulzar.
Garrapiñar es endulzar, es saborear cosas bonitas, es disfrutar de placeres pequeños y naturales. Eso es precisamente lo que os proponemos hoy. Se trata de una sencillísima dinámica que utilizamos en clase, en los talleres, en alguna charla y, por supuesto, en nuestra casa.

Lamentablemente ni nosotros ni los más pequeños estamos acostumbrados a decir cosas bonitas y sinceras a quienes tenemos cerca. Tampoco a oírlas. Sin embargo, los defectos y las críticas fluyen de forma constante. Nuestro objetivo es reequilibrar y educarnos en el halago y en la crítica positiva.

¿Cómo lo hacemos?
Sea en clase o en casa, garrapiñar consiste en establecer un determinado orden o sentido, por ejemplo, sería muy sencillo en el sentido horario de un círculo o estableciendo un orden por filas y columnas en el aula.
Una vez definido esto, la primera persona dirá algo positivo al siguiente compañero. Éste segundo al tercero. El tercero a el cuarto y así sucesivamente hasta completar los participantes.

Normas básicas (pocas pero muy importantes).
  1. Cada persona solo dice un aspecto positivo a la persona siguiente.
  2. Lo que diga tiene que ser siempre POSITIVO, HONESTO y PROPORCIONADO
  3. Valen aspectos físicos, pero a ser posible serán personales, sociales o acerca de sus talentos.
  4. Tanto el que garrapiña como el garrapiñado miran a los ojos de la otra persona.
  5. Una vez recibido el garrapiñe, la persona garrapiñada da las gracias.
  6. Cualquier persona que no valore lo importante de su garrapiñe, simplemente no recibe el suyo y pierde la oportunidad de garrapiñar en la siguiente ronda. Nada más. Se pasa a la siguiente persona. 

Algunos consejos
- Haz doble ronda, simplemente cambiando el sentido o las posiciones.
- Las primeras veces cuesta, especialmente entre adultos. Se paciente, es muy importante educar en el ofrecimiento pero también en la recepción de halagos.
- Prueba a hacerlo en casa o con tus amigos. Es sorprendente como reaccionamos y lo bien que te sientes después de los nervios iniciales. Además, es muy posible que redescubras cosas que pensabas olvidadas o aspectos increíbles de quienes tienes cerca.

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miércoles, 18 de abril de 2018

Un proyecto educativo a compartir en Paraguay | Escuela Unipar de Capiatá

 Desde Educar sin varita mágica no solemos dar difusión a proyectos de los que no hemos sido participes pero, esta ocasión, bien lo merece. Rodri y Alex son esa clara excepción. Solo queremos deciros que sus ojos de ilusión en su regreso nos hacen tener claro que este proyecto enriquece a quien acude y devuelve más felicidad de la invertida. El resto es lo cuentan ellos mismos a continuación:

Hola, somos Alexandra y Rodrigo, dos maestros de primaria de Logroño. Este año quisimos devolver a la vida, de alguna pequeña manera, todo lo bueno que nos está dando y decidimos experimentar un voluntariado. Después de una larga búsqueda valorando varias opciones nos decantamos por la “Escuela Unipar de Capiatá”, en Paraguay. El idioma y el proyecto educativo fueron los dos pilares sobre los que más nos apoyamos para tomar la decisión.

Después de algunos preparativos volamos hacia allí. Al principio, íbamos con ciertas reservas porque no sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Debemos decir que vimos en el pueblo paraguayo a un pueblo tremendamente hospitalario y entregado a los demás. Puede que no sea el país más organizado y seguro del mundo, pero sus gentes siempre eran amables y atentas con nosotros y no tuvimos ninguna mala experiencia. Además, las coordinadoras del proyecto, María Estela, Elaine y Carol, estuvieron pendientes de nosotros durante todo el viaje.

Vivimos en casas de familias paraguayas que nos hicieron sentir como en la nuestra y en las remesas nos enseñaban cómo funcionaba todo por allí. Sin duda, mucho mejor que un frío hotel, nos hicieron sentir paraguayos y nos encantó. Por cierto, los fines de semana hacen unos asados espectaculares que no queremos comparar con los de aquí porque quizá saldríamos perdiendo.

El proyecto en sí se trataba de ayudar en una escuela de un barrio en crecimiento de Capiatá, el precioso barrio de San Miguel. Durante los días que estuvimos allí hicimos desde juegos para los chicos/as hasta dar clases en sus aulas. Las maestras fueron muy amables y nos explicaron las dificultades de ser docente en una realidad como ésa y los pocos recursos de los que disponen. Por ejemplo, no tienen fotocopiadora ni internet, sólo disponen de especialista de educación física una vez por semana y muchos niños/as no reciben la atención que merecen en sus hogares. Compartimos impresiones sobre la educación y conocimos a unos alumnos necesitados de cariño; todavía nos emocionamos al recordar esos abrazos y esas sonrisas.
El proyecto tenía un parón de una semana por las vacaciones invernales escolares (si, allí en julio es “invierno”, un invierno de veinte grados de media pero que, en dos horas, puede bajar la temperatura quince grados), por lo que nos ofrecieron otro proyecto. En este caso era en una Fazenda, una casa para personas que están tratando de dejar las drogas. Esta casa estaba en Concepción y aquí descubrimos una realidad muy distinta a la de la escuela. Chicas maravillosas que habían tropezado pero que se querían levantar. Verdaderas supervivientes que nos dieron una lección de vida. Compartimos con ellas comidas, juegos, trabajo, risas, algunos lloros de emoción e incluso un partidito de fútbol. Sólo podemos darles las GRACIAS a todas ellas por abrirnos sus puertas y por tratarnos tan bien.

Debemos ponernos la medalla de ser los primeros, pero esto no debe quedar aquí, nos gustaría que más gente se animase a conocer y compartir momentos en este proyecto tan ilusionante y enriquecedor. Por ello, si eres maestro/a apasionado/a, te gusta viajar de otra manera y conocer gente maravillosa, éste puede ser tu proyecto también. Ponte en contacto con nosotros y te daremos toda la información que necesites.

PARA SABER MÁS...
  • No dudes en contactar con Rodrigo y Alex que seguro que te ofrecerán el punto de ilusión y realismo que necesitas para animarte. El proyecto necesita continuidad pero, sobretodo, necesita gente con ganas de aprender y compartir. Sus correos electrónicos son rodrigo.victoriano@hotmail.es y sandriussvarea@gmail.com.