miércoles, 3 de octubre de 2018

La cultura del esfuerzo


¿Merece la pena esforzarse?, ¿el trabajo duro y el sacrificio son un camino a la felicidad o son lo contrario? Esta es una pregunta recurrente entre nuestros alumnos y de muchos de los padres con los que compartimos talleres. Aún más recurrente es cómo inculcar eso que llamamos "cultura del esfuerzo" a nuestros pequeños. Vamos a ello.

¿Es conveniente el esfuerzo para nuestros chicos?
Contestaremos con otra pregunta, ¿existe otra opción en la vida que esforzarse para conseguir cosas? Quizás Paris Hilton pueda ofrecer otra respuesta pero, para el resto de los mortales, la única opción válida es un sí. Como adultos, la vida nos ha enseñado, repetidas veces, que o luchas, eres constante, te sacrificas y trabajas, o la vida va a ser muy complicada. Incluso, a veces, aportando todo eso lo es. La vida adulta te lo va a dejar claro, así que, sin torturar ni olvidar otros aspectos como la diversión, el juego, la relación o la contemplación, cuanto antes aprenda un peque que las cosas se consiguen con esfuerzo, mejor para él y su desarrollo.

¿Cuándo empiezo a enseñarle a esforzarse?
Cuando sus capacidades lo permitan. Un niño de dos años puede recoger sus juguetes antes de sacar los siguientes; un chico de seis entiende que antes de bajar al parque tengo que hacer mis quehaceres o un adolescente de quince años, que la paga es proporcionada y sujeta a un compromiso mutuo (ver contrato laboral). Cuanto antes y más progresivo mejor.

¿Cómo podemos hacerlo en casa?
  • Ser un modelo para ellos. Ser padres que luchan y se esfuerzan.
  • Premiar los intentos, no las consecuciones. El camino y no la meta.
  • Permanecer atentos a cada esfuerzo y reforzarlos.
  • Por muy cómodo que nos resulte, cuando son vagos no debemos hacerles las cosas. Sabemos que resultan más fácil hacer esa cama que discutir y desesperarnos pero es una muy mala inversión.
  • Los premios son una herramienta muy poderosa. No los des, haz que se los gane. Primero porque la vida no regala nada; Segundo porque le dará el valor que tiene y lo disfrutará el doble. Piensa cuando tenías su edad (si eres capaz de un ejercicio de memoria tal) y piensa en cómo disfrutabas aquellos pocos regalos que te daban o esa medalla que te ganaste aunque casi te cuesta vomitar del esfuerzo.
  • Acuérdate de como gestionaban esto tus padres. Seguramente sería mejorable pero te servirá de orientación.
  • Di "no" a tu hijo. Sin miedo. Explica el motivo las veces que consideres pero enséñale a encajar un no igual que le has enseñado a encajar un sí. En caso de que no lo aprenda contigo lo va a aprender en clase o ante la policía, de una forma bastante menos delicada.
  • Utiliza ejemplos de gente que ellos admiren para que entiendan como sus ídolos han luchado y trabajado lo indecible para llegar a donde están. Larry Bird dijo "Es curioso, cuanto más entrenamos, más suerte tenemos".
  • El dinero cuesta mucho ganarlo. Como decía José Mujica "No compras con plata. Compras con el tiempo de tu vida que gastas para conseguirla". Que valoren ese esfuerzo y sean responsables en su uso es algo que deben aprender y debemos ayudarles a hacerlo.
Las responsabilidades en casa exigen pensarlas y revisarlas constantemente. ¿Funcionan?, ¿le estoy dando demasiados quehaceres?, ¿demasiado difíciles?, ¿me quedo corto?, ¿puedo aprovechar alguna dificultad para que la supere y se sienta más útil y mejor? Se trata de una tarea complicada y que nos va a exigir lo mejor como padres pero, si lo hacemos bien, mejorará su autonomía y su autoconcepto. Os proponemos, a modo de referencia muy general, las responsabilidades tipo a las diferentes edades de nuestros chicos. Son las siguientes:


¿y en clase?
Los exámenes son pruebas absolutamente objetivas que resultan muy pobres para motivar, valorar ciertos esfuerzos o reforzar. Partiendo de que, en nuestro sistema académico, su uso es prácticamente inevitable, especialmente en secundaria y bachillerato, pero sí que podemos combinar su uso con un sistema de refuerzo más subjetivo. Requiere una enorme sensibilidad y atención, dos cosas que todos tenemos, ¿no? (al menos los que leéis esta web seguro es así). Se trataría de valorar enormemente los esfuerzos positivos de los alumnos. Un 4 es un suspenso, pero un 4 que encierra mucho esfuerzo es un empujón enorme si viene acompañado de un "que cerquita estamos", "es un suspenso Mikel pero estoy muy orgulloso de tu esfuerzo y lo valoraré así"; "Muy bien trabajo Paula, la vida no siempre recompensa de forma inmediata pero seguro lo hace a la larga. Sigue luchando". Esto mismo vale igual para los ejercicios, trabajos o la atención en el aula. Se trata de hacer pedagogía. De sembrar cada día. No tenemos ninguna duda (lo vivimos cada día) de que estos pequeños gestos mejoran el ambiente del aula y a cada una de las personitas que la forman, incluidos los profesores y maestros.

Para finalizar...
Todos nosotros, los menores también, podemos aceptar algo "regalado" y aprovecharnos de ello pero, en general, preferimos conseguir las cosas por mérito propio. Las cosas valen el valor que nosotros le damos y es así donde entra la satisfacción del esfuerzo y el orgullo interno. Entre nuestros alumnos, la inmensa mayoría, rechazan un punto más si no les parece justo; reinvindican su nota en comparación con el resto, tanto si es inferior como si es superior; su autoevalúan en función de lo que han trabajado, etc. Puede que ese chico pueda aceptar ese "regalo" porque a nadie le amarga un dulce pero, a la larga, esos dulces dejarán de gustarte. Te empacharás y querrás otros más grandes y más caros. Los querrás gratis y ese círculo te hará infeliz. Ayuda a que valore y se gane ese "regalo" porque solo así lo disfrutará como merece. Si le ponemos retos entenderá que confiamos en que puede superarlos y luchará por ello. Si se lo damos hecho entenderá que se lo dan porque o no puede o no debe ganárselo.

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