miércoles, 15 de junio de 2016

El Efecto Pigmalión en los menores


El Efecto Pigmalión es un fenómeno debido al cual las expectativas generadas sobre alguien pueden afectar al resultado, es decir, la creencia de un padre (o un profesor) sobre el rendimiento del menor puede acercarlo o alejarlo de esa meta o comportamiento. Es por ello que también se le conoce como de la Profecía Autocumplida. Esta teoría funciona en múltiples ámbitos: social, laboral o familiar pero, en esta ocasión nos vamos a centrar en el educativo, tanto de padres a hijos como en el entorno escolar.

Esta teoría muestra una doble vertiente. En ciertas ocasiones puede venir determinado por expectativas favorables, es el Efecto Pigmalión Positivo. Veamos sendos ejemplos de esta opción:
  • Imaginemos el caso de un chico que va a aprender a andar en bici. Su padre/madre, confiado en la gran capacidad de su hijo para otros aspectos a lo largo de su vida, trata de enseñarle, motiva a su hijo en la expectativa de que aprenda con la destreza con que hace todo. Quizá el menor no es especialmente hábil en el manejo de la bici pero, la confianza, el entusiasmo del progenitor van a transmitirle que "es capaz" y, con ello, probablemente aprenda a andar en bici de una forma mucho más rápida que lo que sus habilidades indicaban.
  • Veámos ahora sus efectos en el ámbito educativo. Un profesor recibe la noticia de la llegada del hijo de un gran investigador a su aula. Asume, por supuesto sin ninguna premeditación, que el chico, como su padre, debe tener un potencial inmenso. A partir de su expectativa creada, da el beneficio de la duda a sus errores, le ofrece más tiempo de contestación o ante respuestas vagas interpreta posibles significados correctos. Todo eso transmite a sus alumnos esa misma confianza en el menor, que a su vez revierte directamente en él. Se siente más seguro, confiado en sus posibilidades, mejora su autoconcepto y, con ello, se siente más motivado a trabajar y esforzarse generando un círculo positivo.
Por el contrario, cuando la idea preconcebida es hacia el fracaso, cuando no transmitimos confianza en la superación por parte del menor, estaremos hablando del Efecto Pigmalión Negativo.
  • Mi hijo, que intenta andar en bici, es consciente de que no confío mucho en su habilidades motoras. Sabe que su torpeza y fallos anteriores van a suponer que no le vayamos a ayudar mucho y que, si no lo consigue pronto, su padre se va a desesperar y no le va a ayudar más. Se apoderará de él la incertidumbre, la presión, perderá confianza y, todo ello, le "condenará" al fracaso.
  • El profesor ha oído que, el hijo del investigador es un trasto y que la genética ha jugado una mala pasada a esa familia porque no hay ni rastro de la capacidad paterna en el menor. Desde el principio trata de ponerle límites demasiado estrictos a su comportamiento para evitar que "se le vaya de las manos", entiende sus respuestas como llamadas de atención o tonterías sin sentido. El resto de la clase observa ese comportamiento y tratan con igual actitud al menor. Eso mina su autoestima y elimina esa "posibilidad de empezar con buen pie en este otro centro", se frustra y deja de intentarlo.
Las expectativas que generamos en nuestros menores son enormemente importantes en su evolución, de hecho son muchos los estudios que afirman que las expectativas del profesor son uno de los factores más determinantes en el rendimiento del alumno. A continuación os proponemos una serie de pautas para optimizar el Efecto positivo y minimizar el negativo:
  • Trabaja tu propia confianza y actitud. Solo cuando nosotros actuemos de forma correcta seremos capaces de transmitir ese mismo optimismo. ¿No os ha ocurrido que aplicamos el Efecto Pigmalión a nuestra propia persona? En ocasiones dejamos de confiar en nuestras posibilidades, nos desanimamos, reducimos nuestro esfuerzo y, con ello, fracasamos. Por supuesto también de forma positiva.
  • Evita el efecto de tú primera impresión o de la información recibida previamente. No se trata de renunciar a nuestras sensaciones o información previa sino evitar que eso condicione la situación de forma irreversible. Si nuestro hijo es torpe anímalo y transmítele que es cuestión de ser un poco más paciente. Si un alumno viene con la etiqueta de trasto trátalo en igualdad de condiciones y si la etiqueta se refrenda transmítele que aquí confíamos en él y que las normas son iguales para todos.
  • Es importante revisar nuestra conducta y expectativas periódicamente respecto a nuestros menores.
  • Evita etiquetar a las personas. Sea por sexo, etnia, procedencia, situación económica... Nadie merece tener más o menos oportunidades por ninguna de estas causas así que busca ser objetivo y confiar en todos por igual.
  • Evita gestos, expresiones o actos que manifiesten al menor nuestra falta de confianza o aprecio. Si el menor intenta algo y observa un pequeño gesto escéptico en el adulto es probable que eso le genere menos ilusión, mayor precaución, inseguridad, etc. Deja que lo intente sin prejuzgar. Solo intentándolo aprendemos nuestros propios límites.
  • Busca tratar al resto con empatía. No sobreprotejas ni limites su aprendizaje.

Origen del Efecto Pigmalión.
Ovidio, en su obra Metamorfosis, cuanta la historia de Pigmalión, un escultor que realizó una escultura de una mujer, Galatea, de la que quedó absolutamente prendado y a la que trataba como si tuviera vida. Fue tal su amor que, poco después, la Diosa Venus, decidió dar realidad a su amor convirtiendo a la estatua en mujer de carne y hueso.

Mucho después, el escritor irlandés y Premio Nobel, George Bernard Shaw, reinterpretó el mito en una obra de teatro en la que un profesor apostaba por convertir a una simple florista en una dama en el plazo de seis meses. Para ello se limitaba a tratarla como la dama que veía en ella generando esa expectativa en la florista.

Finalmente fue Rosenthal el que reinventa el mito con una visión psicológica y educativa. Parte de un experimento en un colegio en California. Básicamente informaron a los profesores de los alumnos de que las capacidades intelectuales de los alumnos que se incorporaban al colegio por primera vez. Les hablaban de aquellos alumnos que ofrecían resultados brillantes y, por otro lado, de aquellos menores cuyos test mostraban claras limitaciones en el aprendizaje. Solo que esos datos eran absolutamente falsos y simplemente decidieron dichas supuestas capacidades de los alumnos al azar. Al finalizar el curso se observó la evolución académica de dichos estudiantes y se observó como aquellos que pertenecían al grupo de "muy buenos" aumentaron sus resultados de forma muy superior a quienes no pertenecían a esa categoría, es decir, las expectativas "inconscientes" del profesorado y su consecuente comportamiento, provocaron dicha mejora en los alumnos.

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